La Policía Local advierte de que tras las pintadas contra el turismo hay «algún movimiento organizado»

Proliferan en el Albaicín, donde también han sido increpados algunos guías turísticos mientras trabajaban

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Pintada contra el turismo junto al Arco de las Pesas | Fotos y vídeo: Joshua Jones
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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El movimiento no es nuevo. En 2006, del balcón de una casa okupada muy cercana al parque Güell de Barcelona, colgaba una pancarta bien visible con el siguiente enunciado: «¿Por qué la llaman temporada de turistas si no podemos cazarlos?»

Llaman a eso turismofobia, un neologismo válido en nuestro idioma, que por tanto no debe escribirse ni en cursiva ni entre comillas. Y ha llegado a Granada. En febrero de 2018, en un artículo publicado en GranadaDigital, la Federación Provincial de Empresas de Hostelería y Turismo aseguró que ya se estaban detectando casos, que coincidían, por lo demás, con la proliferación de apartamentos turísticos no regularizados.

Donde más se está manifestando es en el Albaicín, algo que no es casualidad porque es el barrio más visitado por quienes vienen de fuera. La turismofobia, allí, se traduce en forma de pintadas, en inglés y en españo. Una, en el idioma de Shakespeare, advierte de que «Granada no es una postal».  También, en molestas injerencias y reproches de ciertas personas a los guías que dan explicaciones a los grupos de turistas.

Traducida, la pintada advierte a los turistas de que Granada no es una postal

Estas dos circunstancias, unidas, llevan a la Policía Local a pensar que «alguien está dirigiendo ese movimiento, porque no parece algo aislado sino más bien organizado». El portavoz del cuerpo policial señala también que, al menos de momento, no constan insultos personales a los visitantes que pasean por su cuenta por la zona.

En el Albaicín hay pintadas desde hace muchísimo tiempo, pero al portavoz de la Policía Local le causa extrañeza que ahora tengan ese tinte. «Lo habitual era que el contenido aludiera a cosas como el desalojo de alguna cueva o alguna casa, además de mensajes más privados».

Tanto proliferaron las pintadas y tantas quejas provocaron que a principios del año pasado se instalaron cámaras de videovigilancia para detectar a quienes las hacían. Las hay, por ejemplo, en el Arco de las Pesas, en el exterior del Palacio de Dar Al Horra y en la Puerta de Elvira, blancos frecuentes de los amigos de las pintadas. Que por cierto, puede que no sean muchos. Con las pintadas ocurre que son muy llamativas y crean mucha alarma, pero no es menos cierto que sólo se necesita a una persona para hacerla.

Esta otra, en cambio, está en español

Este sistema ha permitido identificar a algunos autores de actos vandálicos y abrir diligencias judiciales contra ellos. En el caso de las que protestan contra el turismo, el mismo portavoz dice que están investigando concretamente una, muy reciente, pero admite también que es difícil dar con el causante «porque iba con pasamontañas, se ve que sabía lo que hacía, que no era nuevo en esto».

Mientras tanto, con pintadas o sin ellas, es cierto que hay vecinos que se quejan de tanto turista. Pero también de las pintadas. «Somos los primeros en contra de este modelo de barrio, pero no podemos luchar contra ellos destrozándolo», resaltan desde la Asociación Bajo Albayzín, un colectivo que añade que «hay formas para reivindicar un barrio más habitable pero que sean a su vez más respetuosas con nuestro patrimonio. Somos los vecinos los que sufrimos este vandalismo».

Operarios quitan una pintada cerca del mirador de San Nicolás



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