La joya arqueológica de la que bebían los animales de una cuadra

El vaso de Apofis, expuesto en Almuñécar, es el documento escrito comprensible de mayor antigüedad encontrado en la Península Ibérica

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Turistas observan el vaso de Apofis en el Museo Arqueológico del municipio, ubicado en la Cueva de los Siete Palacios | Foto: Gabinete
Jose Luis MorenoJose Luis Moreno
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Se trata del documento escrito más antiguo encontrado en la Península Ibérica. Una joya arqueológica de gran valor por la que hasta se interesó el Museo Metropolitano de Arte de New York para una de sus exposiciones temporales. Un interés que deja claro el peso histórico que esta pieza expuesta en Almuñécar, en concreto en el Museo Arqueológico del municipio, ubicado en la Cueva de los Siete Palacios.

Según coinciden la mayoría de historiadores, el vaso de Apofis viajaría hasta la península entre los siglos VIII-VI a.c. procedente de Egipto. No se sabe cómo llegó hasta Almuñécar, pero las teorías son dos: mediante expolio de las necrópolis egipcias o de manera lícita a través de una actividad comercial.

Estas obras eran encargadas por personas importantes de la sociedad de la época, ya que eran urnas funerarias de lujo. En las costas de Andalucía han aparecido otros vasos canopos, pero ninguno igual ni tan antiguo como el de Apofis. Un recipiente que llegó a albergar las vísceras del quinto faraón de la XV dinastía egipcia de los Hicsos, que reinó durante 40 años, en el siglo XVI a.c.

Inscripción del vaso de Apofis

Una ‘tumba’ móvil que se estima que ha viajado durante siglos por el mediterráneo y que acabó en un cortijo en Almuñécar, en la zona entre Cotobro y el Cerro de San Cristóbal, según cuentan algunos expertos. La joya arqueológica que ahora se expone en Almuñécar estaba siendo empleado en una especia de cuadra, como bebedero de animales. No es hasta los años setenta, cuando el profesor Antonio Ruiz Fernández descubre el vaso en la casa del propietario y lo pone en conocimiento del prestigioso egiptólogo francés Jean Leclant, quien estudió las inscripciones jeroglíficas.

Según los estudiosos, hay teorías que apuntan a que lo más probable sea que el vaso llegara durante el periodo de apogeo de la colonia fenicia de Sexi, entre los siglos VIII-VI a.c., o incluso en el IX a.c. (Molina y Padró, 1983, 44-45; Pellicer,1963,1985). Una joya que, a pesar de las vueltas que dar, se expone ahora para disfrute de toda la ciudadanía tras ser restaurado por el Instituto Nacional de Restauración en 1983. Una historia llena de enigmas, magia y casualidades que hace apreciar mucho más esta pieza.

Vaso de Apofis antes de su reconstrucción

Fabricación y valor

El vaso de Apofis llama la atención por su limpieza y precisión con la que está esculpido. Aquí se introducían las vísceras del difunto, las que se extraían antes del proceso de momificación.

Según publica Roberto Rodríguez Violat en la revista Clases de Historia, una vez introducidas las vísceras y sellados los recipientes, estos recipientes se solían colocar orientados hacia cada uno de los puntos cardinales, cerca de la tumba del fallecido: el hígado al sur, los pulmones al norte, los intestinos al oeste y el estómago al este.

En definitiva, una pieza llena de valor histórico para la comunidad de arqueólogos y con gran atractivo turístico, ya que deja clara la importancia que tuvo Almuñécar, por donde pasaron argáricos, fenicios, romanos, musulmanes y cristianos.



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