La incierta campaña y el difícil pronóstico

Presentacion de la candidatura del Sebastian Perez a la alcaldia de Granada Foto Antonio L Juárez-41
Sebastián Pérez, candidato del PP a la Alcaldía de Granada en las elecciones del 26 de mayo | Autor: Antonio L. Juárez
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Lo que va de ayer a hoy. O mejor dicho, de 40 años atrás a este 2019, diez elecciones municipales por medio ocho alcaldes y… las espadas en alto hasta que las urnas del domingo 26 de mayo hablen. Que hablarán, pero que a día de hoy, con un incierto pronóstico en torno a la alcaldía que no disiparán los resultados individuales sino la suma de quienes componen los bloques que dibujan en estos últimos tiempos la política española.

Cuarenta años atrás, en la luminosa mañana de abril del 79 en que el socialista Antonio Camacho fue investido alcalde, dieciséis concejales de izquierdas (PSA, PSOE, PCE e independiente) frustraron a la lista más votada, UCD. Unión de Centro Democrático, de Adolfo Suárez, que reunía en su seno a democristianos, liberales, socialdemócratas y algún representante reciclado del tardofranquismo, a la que en Granada le dejó todo el campo de la derecha la renuncia de Alianza Popular (hoy, el PP), depauperada por la severa derrota en las generales de un mes antes, que rehusó presentar candidatura.

En este 2019 el panorama por la derecha es el contrario: al genuino Partido Popular que desde 1983 aglutinó todo el voto conservador le han salido competidores por los laterales, con Vox y Cs a cada lado. Un bloque que, en la traslación de los resultados del 28 de abril, sumaría para ostentar la alcaldía, presumiblemente en manos de Sebastián Pérez, pues los resultados de las generales mantienen todavía a los populares por encima y a distancia de los naranjas de Luis Salvador, más el avance de la derecha dura que encabeza Onofre Miralles. Otra cosa es que se pongan de acuerdo, toda vez que la negociación se sustanciará muy lejos de Granada, incluirá además muchos otros ayuntamientos y gobiernos regionales y dependerá de la estrategia general que imponga el líder ‘naranja’, Albert Rivera, si el escrutinio del 26-M le ratifica en su objetivo de ‘sorpasso’ al PP.

Al PSOE la reciente jornada electoral de abril le ha insuflado viento en las velas y ánimo en los corazones. Una victoria socialista en una ciudad tan conservadora como Granada es digno de celebrarse entre la familia del puño y la rosa. Es el momento de capitalizar los tres años en la alcaldía y la fase creciente de la ola electoral podría favorecer la cosecha de votos si se mantiene o aumenta la participación. Han gobernado un ayuntamiento en minoría, pero en este tiempo no ha podido aflorar el mínimo entendimiento, encontrar terrenos de cooperación con el resto de grupos políticos. Una culpa compartida por todos, que tras la convulsa jornada de la ‘operación nazarí, desde el día siguiente de investir a Francisco Cuenca como alcalde adoptaron el ‘modo campaña’ y toda actuación por parte de los grupos municipales estuvo pensada y enfocada a esta cita que ahora tiene fecha, el 26-M.

Por su izquierda, aparece la coalición de Podemos e IU, candidato renovado, Antonio Cambril, que aportará al Ayuntamiento garantías de honradez intelectual muy por encima de la media, más la eficiencia y laboriosidad de Francisco Puentedura. Que Cuenca conserve la alcaldía dependerá de una ‘entente’ entre este bloque de izquierdas que no parece difícil si los resultados lo permiten.

De estos y de lo que consigan sumar -o más bien restar- el resto de las dieciocho candidaturas que compiten en el domingo electoral saldrá el color político para los cuatro próximos años. Unas elecciones que en el panorama político nacional se presentan como una segunda vuelta tras la jornada del 28 de abril. Tengo para mí que esa lectura nacional podrá ser mejor apreciada en el escrutinio de las europeas, papeleta que tiene su sobre este 26-M. En las municipales entran en juego otras variables que siempre difuminan el pronóstico. Más, en el variante mapa político actual.



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