La ‘fiesta’ del Ayuntamiento, ¡que no decaiga!

EN CAMPAÑA CON PACO CUENCA PSOE Dani B
Francisco Cuenca, exalcalde de Granada, en su despacho | Foto de archivo: Daniel Bayona
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Tenemos desde esta semana otro elemento de distorsión que añadir al actual y amorfo Ayuntamiento de Granada: el primer representante de la oposición, en la antesala de un juicio por prevaricación. Francisco Cuenca, ex alcalde, el candidato más votado el pasado mes de mayo, podría haber incurrido en delitos de usurpación de funciones públicas, prevaricación, negociaciones y actividades prohibidas a funcionarios públicos, fraude en la contratación administrativa y falsedad en la contratación, supuestamente ilícita, según el auto de un juzgado de Sevilla, de los servicios de seguimiento y control de cursos de formación profesional durante su etapa como delegado provincial de la Consejería de Innovación.

Los displicentes tiempos que se toman los jueces para tomar resoluciones emergen ahora, en este octubre, tres años después, ¡tres años!, desde que su señoría tomó declaración a Cuenca y a la distancia de siete años de la denuncia del Sindicato Andaluz de Funcionarios y ocho desde que se habrían producido los hechos. Un buen amigo mío, corresponsal cuando el entonces alcalde compareció en el juzgado sevillano, preguntó a Cuenca, en rueda de prensa y en aquellos días finales de 2016, qué pasaría si después de su declaración el juez dictaba auto manteniendo la imputación. Una pregunta que fue calificada de «futurible» que «no viene a qué» por algún compañero mientras Cuenca balbuceaba algo así como «…entonces, si eso fuera así… habría que ver…» Y ahí se quedó.

Creo que nadie podía imaginar, aun cuando todos conocemos los relojes de 48 horas y las semanas de catorce días y los 24 meses que tienen los años y los años de 700 días con que los jueces se toman el calendario, que la causa se iba a empantanar tres años para emerger en este ahora en que el portavoz socialista ya no es alcalde. Sí se puede uno imaginar qué hubiera pasado si este auto que pone al ex alcalde a las puertas del juicio hubiera salido durante el anterior mandato, con Cuenca alcalde, o que en el convulso resultado y por fruto de la desconfiante singladura de los socios del actual gobierno local, el candidato socialista hubiese renovado su presencia en la planta noble del caserón de la Plaza del Carmen. En los dos casos hipotéticos, el clima se habría hecho asfixiante para Francisco Cuenca, a quien, según los hábitos de la política, estarían pidiendo la dimisión tanto los concejales de la oposición como aquellos grupos políticos que lo hubiesen aupado a la alcaldía, apoyo que estarían retirando en caso de no hacerlo.

Vaya por delante que esta recóndita columna no prejuzga responsabilidades judiciales que solo el juicio y la sentencia dirimirán. Pero en este juego, las responsabilidades políticas sí se hacen presentes tan pronto como un auto judicial imputa a un representante político por una actuación como tal. Dice Cuenca en su defensa que, en todo caso, se habría tratado de una irregularidad administrativa. Que no hubo corrupción, que no se perdió un euro… y aparentemente es así. Con la fórmula empleada por el Gobierno andaluz de aquellos días, se otorgaron funciones públicas solo previstas para funcionarios a dos empresas que, sin estar habilitadas, presentaban modelos de actas e informes oficiales ante la Administración. En la adjudicación, «arbitraria» según el juez, ni siquiera consta a qué cursos debían destinarse los servicios contratados. La fórmula venía dictada desde la Consejería a las delegaciones provinciales. Un elemento más que sumar a la inutilidad -opinión personalísima de este recóndito columnista- de las delegaciones y los delegados provinciales, el cargo político más prescindible dentro del muy inflado organigrama autonómico en el maremágnum de cargos designados de esta España autonómica que tan buena salud goza.

Dado que este auto judicial borra como ‘futurible’ el caso y lo convierte en presente de indicativo, tampoco es el tiempo de hipotizar las hipótesis de hipotéticas reacciones en el caso hipotético en que Cuenca hubiese continuado como alcalde. Casi todos los partidos con representación municipal han pedido su renuncia, aunque el PSOE cierra filas. Como los socialistas cierran filas en torno a su candidato, el más votado -repito- en mayo pasado, ya tenemos una nueva cantinela para añadir a la canción de la ‘alternancia que sí-que no’, el baile del ‘2+2’ y la cantinela del ‘amago pero no doy’ de la imposible moción de censura. Cada vez que Cuenca abra la boca en el Pleno no faltará el portavoz de la bancada de enfrente a recordarle su procesamiento, dificultando y tratando de invalidar, por descalificado para ejercerla, la labor del primer grupo de oposición. Y así pasarán más de mil días, muchos más…

Esta es la historia de un mandato que es pero no fue ni posiblemente será. Y como tal me temo que pasará a las galerías del tiempo y la memoria cuando Salvador, Cuenca, Pérez… sean historia. Y no la mejor de este Ayuntamiento.



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