La bondad tiene poder para hacernos felices

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En general, la bondad se resume en dar a los demás sin esperar nada a cambio. Para ser buen profesional, es básico y fundamental ser buena persona. Y es que nada ocurre sin dejar huella. Y la bondad deja huella. La bondad nos hace más felices. 8 de cada 10 ciudadanos/as cree que la gente más bondadosa es más feliz. Incluso practicar la bondad, se dice que puede modificar la expresión genética. Preocuparnos por los demás y reducir nuestra visión únicamente en nosotros, hace que dejemos de lado nuestro ego, para observar la realidad de forma más coherente y por tanto, aumentar nuestra felicidad. Y es que los actos bondadosos son la clave para una felicidad duradera, siendo bueno para los demás y muy bueno para uno mismo.

La bondad es un valor universal que se encuentra presente en todas las sociedades. Desde lo filosófico, la bondad es una cualidad esencial de los seres humanos que se perfecciona con la práctica de acciones y desde la literatura la bondad es un valor propio de la humanidad. También está el punto de vista ético donde es considerada como el obrar acorde a un justo medio entre los excesos y los defectos.

El acto de donar, la disposición de ser bondadosos, es más EMOCIONAL que RACIONAL. Existe un círculo virtuoso que conecta la bondad con la felicidad: cuánto más feliz se es, más se es bondadoso y eso hace a las personas más bondadosas y por tanto, más felices.

El 93% de la ciudadanía dice que cada vez que hace un acto de bondad se siente mejor consigo mismo. El 86% cree que Bondad es DAR sin mirar a quien, pero sólo el 38% lo practica diariamente. Sin embargo, 7 de cada 10 ciudadanos considera que la bondad es un valor en extinción. El 60% está de acuerdo con que la velocidad del día a día nos hace olvidarnos de la bondad y el 90% cree que los actos de bondad sacan lo mejor de uno mismo.

La bondad se relaciona con valores como la Solidaridad, la Generosidad, el Amor, la Unión y la Felicidad, mientras que los Valores que se oponen o diferencian de la bondad son la Crueldad, el Prejuicio, la Indiferencia, el Individualismo, el Autoritarismo, el Egoísmo, la Violencia o el Desprecio. Involucrarse en actos bondadosos permite transmitir: Nobleza; Altruismo; Generosidad y Caridad; Igualdad y Justicia; Empatía; Unión; Compartir y Solidaridad; Amor; Responsabilidad Social.

Es que la base de un cerebro sano es la bondad, y se puede entrenar. Para ello, es necesario tener la mente en calma para que pueda producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia Richard Davidson, doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva, en una entrevista en La Vanguardia, se sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas. Y al mismo tiempo, vieron que los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión (La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento) son diferentes y que la compasión nos capacita para movernos, para aliviar el sufrimiento. Ante ello, valoró que la amabilidad y la ternura se pueden entrenar a cualquier edad y que los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud. Con todo ello, para entrenarlo, es necesario llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego se amplía el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Y todo ello es porqué cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo.

Leyendo una entrevista en El País a Tal Ben-Shahar, doctor en Psicología y Filosofía por la Universidad de Harvard, habla que de media la felicidad depende en un 50% de la genética, en un 40% de las elecciones personales y en un 10% del entorno, además de darle importancia al descanso y a la recuperación. Y a partir de ello, profundizaba en que no es posible estar siempre feliz. Las emociones negativas, como la rabia, el miedo, o la ansiedad, dice que nos hacen falta y que solo los psicópatas están a salvo de eso. El problema, añade, es que, por falta de educación emocional, cuando las sentimos, las rechazamos, y eso hace que se intensifiquen y que nos domine el pánico. Y anuncia que si bloqueamos una emoción negativa, igualmente lo hacemos con las positivas, por lo que es importante sentir el miedo y ser conscientes de que tiramos hacia adelante con él y que no es resignación, sino una aceptación activa.

El psicólogo y filósofo israelí afirma que las expectativas tienen un papel clave en la felicidad. Y que la más peligrosa es creer que se puede estar en la cresta de la ola de forma constante. Además, afirma que la obsesión por ser feliz todo el tiempo hace que la gente se sienta miserable. Y todos vivimos en una montaña rusa emocional. Es inevitable. Y termina insistiendo que hay que enseñar a cultivar relaciones sanas, a identificar propósitos y sentido en lo que hacemos. Y añade que lo más importante es encontrar tiempo para el descanso. Todo ello lo confirma con que las investigaciones han demostrado que el gran problema es que no nos recuperamos del estrés. Y que para ello, hace falta una acción (el antídoto de la preocupación es la acción), como por ejemplo, en el trabajo, hacer un parón cada dos horas de 30 minutos, para desconectar y respirar, o tomarnos un día libre. Básicamente, es necesario aprender que la felicidad no es un código binario, de uno a cero, sino un subir y bajar. Es un viaje impredecible que termina cuando mueres. Y es que como dicen algunas personas, la maldad y la bondad se dan la mano. Aunque también la bondad se sustenta en el amor al prójimo, el valor de cuidar el entorno y las pequeñas acciones del día a día.

Y por qué preferimos culpar a los demás que reconocer sus méritos, pues investigadores de la Universidad Columbia de EE.UU. demuestran que otorgamos un peso distinto a la influencia genética según la bondad de una conducta. Tendemos a considerar a los demás responsables de sus actos cuando actúan mal, pero a restarles méritos cuando actúan bien. Ante conductas antisociales, se tiende a culpar a sus autores porque se considera que su comportamiento está bajo su control. Por el contrario, ante conductas prosociales, se tiene a considerar que se ven favorecidas por la herencia genética.

Y en ese entorno leemos a nuestra amiga Patricia Ramírez, que en su libro ESTRENA OPTIMISMO, habla de que la felicidad depende de tu capacidad para ser bondadoso y afirma que hay una relación directa entre la capacidad para hacer el bien, ayudar a los demás y la propia felicidad, en un entorno donde para élla, por desgracia, se ha perdido el valor de la bondad y del respeto, que se sobrevalora el individualismo por encima del bien grupal. Y ante ello, cree que si algo somos capaces de hacer en momentos de desgracia, ante un accidente o una degracia, ello quiere decir que somos capaces de hacerlo en otros momentos, por lo que sería importante que nuestra capacidad de empatía salga en todos los momentos posibles hacia fuera.

Y por ello, Patricia Ramírez, plantea 10 formas de potenciar la bondad:

  1. Pensar cada mañana en un cumplido que podamos hacer a alguien
  2. Penar en un favor que podamos hacer, aunque sea pequeño
  3. Sonreir a todo el mundo
  4. Ser considerado/a
  5. Ser generoso/a
  6. Hacer el amor y no la guerra
  7. Ser honesto/a y justo/a
  8. No ser clasista, no hacer juicios de valor
  9. No hay mejor receta para dormir que tener la conciencia tranquila
  10. Sembrar, sembrar y sembrar, sin esperar a la cosecha

Sabemos que la bondad se contagia, que la bondad genera bondad y que como dice Patricia, ello repercute en la salud física y emocional cuando la ejercemos. Y es evidente que cuando ayudamos a alguien, nos sentimos mejor, disfrutamos de ello, no sentimos aliviados, y vemos la utilidad de lo que hacemos. Y es que no hay mayor expresión de GRANDEZA que la BONDAD. Y cuando somos bondadosos con los demás, nosotros también nos beneficiamos.

 



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