La biblioteca del barrio de la Cruz y la utilidad de lo ‘inútil’

El espacio creado por la asociación de vecinos de la barriada calienta motores de cara al nuevo curso y pretende ser un lugar de encuentro y conciliación para quienes viven en la zona

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En la imagen, el despacho de secretaría de la biblioteca, con montañas de libros aún por catalogar | Foto: Álvaro Holgado
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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No suelen tener las bibliotecas hoy por hoy, ya sea por hache o por bé, un lugar privilegiado en la lista de peticiones que un barrio hace a las instituciones públicas al comienzo de cada mandato. En la paradoja de nuestros tiempos, la literatura, secuestrada quizás por un imperativo de ocio o utilidad, perdió algo de vista la identidad de lo común en lo literario, capaz de construir puentes entre eso que llamamos ficción y lo que nos contamos. Quedan algunos que la defienden, eso sí. En el barrio de la Cruz, ocupando el centro del distrito Beiro, existe un pequeño rincón aupado por sus vecinos, donde los libros han encontrado su hueco y las puertas se mantienen abiertas para los lectores más voraces de la zona.

Cuenta Ramón Reyes, presidente de la Asociación de Vecinos, que la idea surgió hace ya casi dos años cuando Carmen Espígares, secretaria de la organización vecinal y la ideóloga «de toda esta locura», como él mismo comenta, propuso la idea de conseguir un espacio donde los vecinos pudiera ir a leer sin que necesariamente tuvieran que estar en un estricto silencio. Bibliotecaria de vocación y oficio, Carmen tenía metido entre ceja y ceja crear una suerte de biblioteca de barrio, que sirviera como nexo para jóvenes y mayores con la literatura como pretexto para el encuentro vecinal y desconectar del ajetreo diario. «Nosotros siempre pensamos esto no sólo como un lugar donde vienes a coger libros. Queremos que sea un espacio de conciliación y de encontrarse. El lugar que tenemos es pequeño pero, por ejemplo, tenemos una parte infantil y una parte para adultos y adolescentes, donde se puede venir también a estudiar en los meses que las bibliotecas públicas no dan el servicio o simplemente porque están más a gusto», comenta rodeada de libros aún apilados en el suelo y preparados para el nuevo curso.

Las cortinas del edificio tienen que estar permanente cerradas debido al calor que desprende el sol en. estos días de verano | Foto: A.H.

El espacio se encuentra aún en construcción, a pesar de llevar algunos meses abierto. Si bien el proyecto fue concedido por el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Granada en noviembre de 2017, no fue hasta este mismo curso, casualidad o no a escasos meses de la cita electoral, cuando pudieron acceder a él. El lugar concedido está ubicado además en un sitio ideal, en la misma sede de la Asociación, la Calle Barrera Nº1, a la espalda de la Cámara de Comercio. «Tenemos mucha suerte y no nos podemos quejar. Tenemos incluso Wi-Fi. Haber conseguido esto es un lujo, aunque claro que hay cosas que estaría bien cambiar. Por ejemplo, con el calor hay veces que es difícil, nos vendría muy bien algún tipo de aire acondicionado» relata el presidente mientras señala el sol que entra por el enorme cristal que cubre el edificio y que convierte por momentos en una sauna el pasillo hacia la sala en la que se encuentra la biblioteca.

Si bien el hecho de tener las paredes acristaladas supone un evidente problema de temperatura en algunas zonas, permite al menos una estupenda panorámica de este histórico barrio granadino. Desde allí se puede entrever el cruce de arquitecturas, algunas de ellas típicamente tardofranquistas, propias de un antiguo barrio obrero. Teniendo esto en cuenta, no es baladí que su asociación de vecinos se organizase por aquella época, poco menos que un suspiro, sólo un año más tarde, de que se legalizasen las asociación civil en el año 1964, convirtiéndose en la segunda asociación granadina que se atrevía a constituirse, sólo superada en premura por el barrio vecino de ‘La Virgencica’ . Este, constituido para albergar provisionalmente a los damnificados por las inundaciones de 1962 en las cuevas del Sacromonte, era denominado como ‘la ciudad de plata’, un nombre derivado de los tejados de aluminio que cubrían los techos de las chabolas de hormigón que lo poblaban y que acabó derruida tras la creación del distrito de la Almanjáyar. «Desde luego que había opiniones sobre La Virgencica» comenta Carmen «pero te puedo asegurar que por allí andaban algunos de los personajes e intelectuales para mi más importantes de la Transición en Granada. Es evidente que el hecho de que se asociaran tan pronto hizo que el barrio de la Cruz se atreviera y se organizara más rápido».

De aquellos primeros años de asociacionismo vecinal en plenos sesenta, quien quizás tenga el testimonio más certero sea Sixto Cámara, uno de los vecinos más longevos y que durante todo este verano, acompañado de su hijo, frecuenta cada día la biblioteca para echar una mano. Cuenta Sixto que para entonces, y a pesar de las circunstancias políticas, la reivindicación para mejorar las condiciones de vida en el barrio eran una constante. «El presidente de la Asociación, que se llamaba Joaquín, hacía mucho para mejorar la calidad de vida de los que vivían aquí. Por ejemplo, se creaban manifestaciones con todos los vecinos para que construyesen mejores carreteras en el acceso a las calles. Así se hizo mucho y se cambió mucho». Más de cuarenta años más tarde, el espíritu parece seguir intacto, dando explicación a la insistencia en proyectos como este. De aquellos polvos, estos lodos.

Chéjov, esoterismo y novelas románticas francesas

Una de las estanterías de la biblioteca | Foto: A.H.

Si se pasea por las estanterías, uno puede cerciorarse de que las donaciones hechas a lo largo de estos meses por los vecinos han sido de infinitos gustos y colores. Cuando alguien llega a la sala, cuenta la bibliotecaria que una de sus actividades favoritas no es otra que observar al detalle cómo estaban los libros antes de que entrara y qué libros se han movido cuando sale. » Me gusta saber qué les crea curiosidad, qué títulos tocan y cómo los dejan» señala Carmen, mientras comienza a enumerar con entusiasmo los géneros que más seducen a los que hasta el momento se acercado a las paredes de esta biblioteca. «A la gente le interesan muchas cosas: el esoterismo, la novela histórica, el erotismo, las biografías…hay de todo. Cuando se han ido y me levanto siempre han quedado libros descuadrados a cómo estaban y normalmente se llevan mucho rato».

La ilusión con la que cuenta su estudio casi sociológico es directamente proporcional al que irradia cuando comenta el catálogo. Si le preguntas, Carmen apenas tarda un segundo en enseñarte algunas de las joyas, varias descatalogadas, que albergan los cientos de libros debidamente catalogados y numerados que habitan cada balda. «Tenemos varios Atlas, que ya con internet está algo desfasado, pero son una reliquia. También hay una colección de autores andaluces en unas ediciones únicas que sacó la Junta hace ya más de 30 años». La colección a la que se refiere es la ‘Biblioteca de la cultura andaluza’, compuesta por ejemplares que ya apenas se encuentran más allá de las ‘librerías de viejo’ y que, al igual que las primeras asociaciones de vecinos como las del barrio de la Cruz, supuso un antes y un después para la autonomía andaluza y la reivindicación de su cultura en los albores de la democracia. Manuel Machado, Antonio Gala o Luis Berenguer forman así parte de una balda kilométrica que acompaña a otros tantos clásicos universales como Chéjov, Gógol o Lawrence. «A la gente los que más le gustan son los de Pérez Reverte y Ruíz Zafón, pero aquí tenemos de todo. Ahora he terminado de catalogar una colección de novelas románticas francesas estupendas».

El mimo con el que la bibliotecaria trabaja los libros coincide con las montañas que inundan ahora mismo su despacho, donde se termina la puesta a punto de cara a este curso. «Ahora necesitamos comprar estanterías porque no nos caben». Además, el calendario de actividades promete ser abundante, habiéndose celebrado ya varios talleres, que caminan en su temática desde la práctica del inglés a la lectura en voz alta y, en concordancia con el espíritu de la asociación, actividades dispuestas para la inclusión social a través de la cultura, del que han resultado muchos de los dibujos que adornan las paredes del edificio. «Nuestro objetivo es que la gente venga, que se entere que esto está aquí», explica Carmen.

A partir de septiembre, calor mediante, se esperan las primeras visitas para hacer bueno aquello que pregonaba el pensador italiano Nuccio Ordine: la utilidad de lo en principio inútil, gratuito. Aquello que se hace por amor al arte. Por amor a la literatura. Por amor al barrio. Por amor, en definitiva, al vecino.



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