Josh Rouse en Granada: todo muy bonito y muy tranqui

El cantautor estadounidense triunfa en el Teatro CajaGranada ante muy poco público con un repertorio impecable

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Josh Rouse, durante su concierto en el Teatro CajaGranada | Foto: GD
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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La música de Josh Rouse es muy apropiada en bastantes contextos. Como fondo en una velada casera entre amigos, contemplando en silencio una puesta de sol cerca del mar y bebiendo un buen blanco, o, atendiendo al contenido de su último disco, The holidays sounds of Josh Rouse, de banda sonora para una celebración navideña heterodoxa.

La cuestión era saber cómo funcionará eso en directo. Y ante muy poca gente, apenas 150 espectadores, Josh Rouse ofreció la respuesta este sábado 30 de noviembre en el Teatro CajaGranada: todo fue muy bonito y muy tranqui.

Josh Rouse es como esos conductores a los que, aunque estén al mando de un coche potente, no les gusta mucho ponerlos a doscientos por hora. No necesita juegos artificiales porque le basta y le sobra con un cancionero impecable. Sólo con tirar de fondo de armario es capaz de montar un set realmente brillante.

Con eso se sale airoso siempre. Cantando con su voz suave y armoniosa 1972, Sunshine, Comeback, Salton Sea, Carolina o Quiet town (esa que sonó algo así como dos mil mañanas como sintonía de un microespacio de una radio de ámbito nacional) se tiene que quedar bien por fuerza. Más aún si lo hace acompañado de su acústica y de un pero que muy solvente trío en el que sobresalió especialmente el guitarrista Xema Fuertes.

Todo, como se decía dos párrafos antes, sin pisar el acelerador más allá de lo estrictamente necesario. Nada de desparrames rockeros ni poses, que por otra parte el público, compuesto por cuarentones y cincuentones sanos y con ganas de pasar un rato agradable sin más (máximo respeto; el que escribe está en ese último grupo), seguramente tampoco habría sabido bien cómo encajar. Tocaba concierto bonito y tranqui y eso es lo que hubo.

Eso y también sonrisas cómplices entre el artista y la audiencia, parloteos en un muy buen castellano para presentar el siguiente tema y tono cordial y educado sin caer en el buen rollito, que puede estar bien, pero no para esto.

Después de una hora y cuarto, el grupo se fue pero volvió al cabo de muy poco, obligado por una contundente petición de bis. Es lo que pasa cuando hay poca gente: o se pone todo el mundo de acuerdo en solicitarlo, o no lo hay.

Reapareció solo, hizo un tema acompañado únicamente de su guitarra y luego, ya con la banda detrás, interpretó la magnífica It´s the nighttime y una prolongada recreación de la superior Love vibration, esa joya que nunca se cae de su repertorio y que nunca se debería caer porque es de otra categoría. Aunque es verdad que se echaron de menos la flauta y los vientos que están en la versión original.

Después de esparcir su vibración de amor, él y sus músicos abandonaron el escenario definitivamente. Tras lo cual, generoso en sus aplausos y sinceramente agradecido por lo visto, el respetable se fue de manera ordenada. No era el día para soltarse la melena, por supuesto que no. Pero es que hay un momento para cada cosa.







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