Jérez del Marquesado, el pueblo con la ‘tasa de humanidad’ más alta

Los vecinos emigrados de este pequeño municipio están ofreciendo sus casas a los enfermos de Covid-19 para que puedan confinarse

Antonio Javier Gámez, junto a sus amigos en una excursión por la montaña antes de la pandemia del coronavirus | Foto: AJ Gámez
Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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Mucho, quizás demasiado, se habla estos días de términos como PCR, serologías o test de antígenos. Y por encima de todos, la ya archiconocida tasa de incidencia. Este indicador se ha convertido en el ‘Sancta Santorum’ de la pandemia. Recuerden, es el número de contagios producidos por cada 100.000 habitantes en un territorio. Se representa en términos globales, durante los siete días previos a la fecha que se analiza o ampliando el rango a dos semanas, el tiempo que supuestamente tarda el virus en aparecer en las pruebas desde el contacto con alguien ya enfermo.

En este escenario, las matemáticas parecen imponerse a cualquier cosa. Cuentas, números, reglas de tres, arriba, abajo. En definitiva, un tsunami de cifras que parece ahogar a las personas, y no sólo por cuanto a nivel anímico supone comprobar día tras día cómo la situación va a peor, sino por la pérdida de contacto con la realidad que se puede llegar a experimentar cuando dominan los guarismos.

Las cifras siguen reflejando personas, que es de lo que va esta pandemia. Decían que íbamos a salir mejores, y aunque hay quienes parecen dispuestos a emborronar ese deseo expresado en un lema con actos de indudable egoísmo y falta de sentido colectivo, muchos otros ponen su granito de arena para conseguirlo. Y no hay que viajar tan lejos. La solidaridad está a un metro, pero sólo hay que saber apreciarla y estar dispuesto a ponerla en práctica. De solidaridad saben mucho los vecinos de Jérez del Marquesado. Un pueblo de menos de 1.000 habitantes que está dando todo un ejemplo de civismo y empatía.

Las personas naturales de este municipio que, por razones de trabajo u otra índole, se han visto obligados a emigrar hasta otro punto de la geografía española están llevando a cabo una curiosa y altruista iniciativa que demuestra lo fácil que es ayudar. Como tienen sus casas vacías porque residen en Granada capital, Barcelona o Alhucemas; han decidido ofrecerlas a otros vecinos que han dado positivo para que puedan confinarse y no contagiar a sus familiares. Una forma fácil de ayudar a que la pesadilla del Covid-19 se aleje definitivamente del pueblo.

El promotor de la idea es Antonio Javier Gámez. En Jérez todo el mundo lo conoce por su extraordinario afán de ayudar siempre a los demás. Sobre todo a las personas mayores, uno de los colectivos más vulnerables de este pandemia. “Ofrecí mi casa en una página de Facebook que hay del pueblo porque al estar fuera -vive en Alhucemas, Marruecos- podía hacerlo. Cualquier persona que coge el virus, y más teniendo en cuenta las personas mayores que hay en el pueblo, se puede sentir muy incómoda ante la posibilidad de contagiar a sus familiares”, explica este joven de 37 años, quien califica como “un golpe de esperanza” el hecho de que ya se haya sumado más gente.

Antonio Javier, en un aula de mayores de Jérez.

En concreto, cuatro personas más, tal y como detalla a GranadaDigital el alcalde de Jérez del Marquesado, José Ángel Pereda. “Antonio Javier me lo trasladó de un día para otro. Es una persona muy acostumbrada a ayudar. Cuando empezó la pandemia, nos propuso hacer un ‘crowdfunding’ con el objetivo de recaudar dinero para ayudar a quienes se habían contagiado. Es una persona que está siempre por la labor humanitaria, pertenece a una asociación y es profesor. Antes, cuando vivía en Castro Urdiales (Cantabria) ya ayudaba desde la distancia y ahora que incluso está en Marruecos no ha dejado de hacerlo”, explica Pereda, a quien se le caen las palabras de agradecimiento para este docente que, entre otras cosas, tiene una página de Facebook llamada ‘Rincón de Educación AJ’ que usa junto a la web como plataforma pedagógica. Al igual que casi todo lo que hace, comenzó con ella de forma modesta y actualmente tiene más de 19.200 seguidores y sobre los 17.100 ‘likes’.

Aunque la iniciativa parte de la voluntad de cada uno, el Ayuntamiento ya participa en ella como intermediario a fin de proporcionar todo lo necesario para que pueda ser desinfectada, así como información y facilitar que ambas partes -anfitrión y huésped- se pongan en contacto telemático para que, mediante el Consistorio la persona confinada pueda recoger las llaves del inmueble. El grupo de voluntarios del Consistorio también se encarga de acercar la medicación, retirar la basura, proporcionar mascarillas o hidrogel. Por el momento, no ha habido ninguna solicitud, pero tiene pinta de que no se hará de rogar demasiado. Tal y como especifica el portal del Instituto de Estadística de Andalucía, Jérez cuenta con 968 habitantes. De ellos, 14 tienen coronavirus y 11 dieron positivo en las últimas dos semanas. Por tanto, su tasa de incidencia acumulada en ese tiempo es de 1.136,4 casos por cada 100.000 habitantes.

“Yo por ejemplo no estaré en el pueblo hasta Semana Santa o verano”, apostilla con tono de ofrecimiento Antonio Javier, quien admite, no sin cierto rubor, que ya ha recibido alguna que otra felicitación: “Este tipo de cosas suponen una inyección de moral enorme para la gente. Tanto para el que ayuda como para el ayudado”, explica este “enamorado” de su pueblo. “Estuve en septiembre allí por última vez. Cada vez que puedo, me escapo. Es mi pueblo, mi zona, mi clima, mi gente… Es un pueblo ejemplar. Y lo demostramos, con la unión entre vecinos. Gente que es solidaria y humilde”, reivindica.

El impacto de la pandemia en el municipio

Evidentemente, su última visita le dejó un poso de tristeza ante la situación que se encontró debido al Covid. “La verdad es que ha sido un año diferente. La gente no es que tenga miedo, tiene respeto a la situación. El 80% de la gente que vive en nuestro pueblo es gente mayor y lo que hemos hecho los vecinos es darle la vuelta a la tortilla para hacer actividades más al aire libre como el senderismo. Siempre en grupos fijos y reducidos. Así ha sido por lo menos en mi caso”, cuenta.

Antonio Javier, quien también fue promotor hace tres lustros del Picon Rock -un festival veraniego que inyecta dinero en la economía local y que, cómo no, empezó en una humilde charla de amigos- sigue muy de cerca todo lo que pasa en Jérez del Marquesado. No en vano, continúa coorganizando el Picon Rock. Y sobre todo no levanta los pies del suelo: “Hace siete u ocho años tuve la suerte de trabajar con los adultos del pueblo. Eso me enseñó a valorar mucho más las cosas y conseguimos hacer una piña que fue brutal. Desde hacer gimnasia rítmica, hasta ir a las Cruces de Granada, o al Albaicín. En definitiva, conseguir que la gente mayor saliera de la casa. Se hizo un grupo de cuarenta y pico personas mayores que salían a disfrutar de las cosas buenas de la vida. Adquirir esa unión ha sido fundamental para que ahora, cuando más lo necesitamos, el pueblo muestre otra vez su lado más humano”.

Una poderosa reflexión en un municipio con una tasa de incidencia muy alta, aunque no tanto como la altura moral de sus vecinos, que son campeones del mundo en tasa de humanidad acumulada por cada 100.000 habitantes.







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