Se ha ido la luz pero no molesten, que estamos en Fitur

protesta por los cortes de luz en la zona norte de Granada
Protesta por los cortes de luz en la zona norte de Granada | Foto: Archivo GD
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En los días más fríos del invierno en curso la crueldad vino a cebarse de nuevo contra un buen puñado de granadinos, que en el año 20 del siglo XXI regresan al XIX al privárseles de luz durante horas en sus viviendas. Son los granadinos de la Zona Norte, desventurados hijos de Endesa. Privárseles de luz quiere decir no solo que se quedan sin luz; también, sin acceso a una fuente de calor en días realmente fríos, ya que al tratarse de una barriada popular el brasero eléctrico es su sistema más común de calefacción, así como en muchísimos casos a poder cocinar, al agua caliente, al entretenimiento de la televisión en sus hogares y, en los pisos altos, obligados a subir a pie.
“No hay derecho, no hay justicia, no hay vergüenza”, clamó el Defensor del Ciudadano, Manuel Martín. Por supuesto, es injusto y no hay derecho a que ciudadanos que pagan por un servicio no reciban lo que contractualmente les corresponde. Pero de los tres elementos enunciados yo me quedo con el tercero: no hay vergüenza. No la hay. Si la hubiera, ninguno de nuestros representantes -sobre todo, los que tienen responsabilidad de gobierno- no se habrían marchado como un solo hombre a esa Fitur de sus pecados, esa fiesta del hedonismo, ese desenfreno que ha inventado la hostelería madrileña para llenar sus hoteles en temporada baja, cuando consigue reunir desde presidentes autonómicos a alcaldes y concejales de toda laya, incluidos los de la España vaciada, que en un buen porcentaje rematarán la noche en selectas barras nocturnas coloreadas de rojo. Dando por normal la presencia de agentes y operadores del sector, el ciudadano escéptico se pregunta qué necesidad imperiosa obliga o aconseja esta maxiconcentración de políticos como ninguna otra por metro cuadrado en Madrid.
‘¡Qué falta de respeto! ¡Qué atropello a la razón!’, clamaba un tango hace aproximadamente un siglo. Para mayor sarcasmo, esta tanda de apagones ha venido a coincidir con ese Fitur en el que nuestros heraldos aparecieron sin un atisbo de sensibilidad y empatía hacia sus conciudadanos que se debatían a oscuras. Más o menos, calcado de aquella sinecura de Nueva York, en las calendas de otoño, cuando nuestros próceres paseaban por la Quinta Avenida mientras un cura y un granadino que ha cometido el error de creerse el cargo trataban con un encierro de atraer la atención sobre este problema de la Zona Norte que constituye una auténtica emergencia ciudadana. Pues eso, que el Defensor del Ciudadano se ha puesto a defender a los ciudadanos de la Zona Norte, donde deberían estar los de Fitur y no moverse hasta que la luz haya vuelto con garantías de quedarse.
Pero no lo harán. Fitur es la pescadilla que se muerde la cola, atrapada esa feria en un círculo nada virtuoso: ningún periódico denunciará la desmesura porque se ha convertido en una fuente de potencial publicitario enorme. Ahí están esos cuadernillos de lujo y publirreportajeada realidad, acríticos porque el que paga manda, tan excesivos en el elogio como en la paginación, que en el 99 por ciento de los casos irá directamente a la papelera y el uno por ciento restante será ignorado olímpicamente por el lector en su repaso visual al diario. Los políticos que pagan ese derroche saben que nadie lee esos suplementos, pero es la forma de asegurarse que cualquier ‘diógenes’ de los muchos que hoy mandan en la prensa evitará -ordeno y mando- cualquier comentario crítico o ‘desliz’ informativo acerca de las muchas historias que podrían contarse en esas noches de copas y palabras. Y, así, entre efluvio y efluvio ‘fiturista’, un año nos anuncian el tren a Motril, que según aquellos plazos hace quince años anunciados debería llevar ya doce años funcionando, otro aparece el ‘gurteliano’ Bigotes oficiando como maestro de ceremonias en una cena municipal trasladada a Madrid y por último nos clavan por detrás la competencia jerezana a la capitalidad cultural europea de 2031. ¡La tradicional hermandad entre los hombres y los pueblos de Andalucía!
A estas alturas de tan recóndita columna el amable lector estará pensando -con justeza- que este comentario de 2020 se parece demasiado al de 2019 por estas fechas. Y al de 2018… Y al de 2017… Y así, en una cuenta atrás que registraría todo un anecdotario. Para nada. Porque año tras año asistimos al mismo ceremonial. Y mira que han pasado alcaldes y concejales de Turismo en estos años, de diferentes partidos, ideologías, edades y generaciones. Pues nada: ¡todos por igual!
Solo que este año el ‘glamour’ glamuroso de Fitur ha venido a coincidir con una nueva tanda de apagones en la Zona Norte. Hemos sabido estos días que Endesa, esa empresa que nos sube el recibo porque no llueve y nos lo vuelve a subir en cuanto se pone a llover, se defiende ante su ineficacia apelando a los muchos enganches ilegales. ¡Seis años desde aquel Corpus de 2014 en que se fue la luz en medio de una tormenta y la empresa, la Policía no han sido capaces de sorprender a los incívicos ni el medio de contrarrestarlos!. “A mí que me registren”, parece decir la empresa eléctrica. Pues no: los enganches ilegales son una cosa y garantizar el servicio es otra. Si las dos cosas forman parte del mismo problema, la prioridad es satisfacer a quien cumple, es decir los usuarios que pagan. Pero en la dejación de responsabilidades de que hacen gala empresa y responsables de las administraciones hay conciudadanos que sufren las consecuencias, pero parece que les da igual: se encogen hombros y… ¡a mí que me registren!
Entretanto, transidos por la misión telúrica que ha desplazado a nuestros próceres a Madrid, como quien no quiere la cosa nos han filtrado un dato: el crecimiento de turistas que registró Granada en el año que acaba de finalizar. ¡Qué bien! En unos tiempos en que cualquier análisis racional optaría por un turismo de calidad antes que el de cantidad, en unos tiempos en que esa masificación de visitantes ha dado lugar a una palabra nueva, ‘turistificación’, que encierra muchos y variados problemas nuevos que tampoco parecen preocupar a nuestros heraldos, a nosotros nos ‘venden’ el dato del maxicrecimiento de visitantes. Tal vez, a quienes lanzan tan triunfalista dato se les podría preguntar en continuidad: ¿cuántos de estos que vinieron el año pasado no habrían venido si no hubiéramos ido a Fitur 2019? O por preguntar en positivo: ¿cuántos de los que van a venir en este año que acabamos de abrir visitarán Granada gracias a Fitur 2020? Y también, ¿hasta dónde bajaríamos en la cifra de visitantes si no estuviéramos en este Fitur? He aquí la madre del cordero de esta historia. Y como nadie se molestará en contestar, pues nada, adelante: ¡a ‘fiturear’!, ¡a ‘fiturear’ hasta enterrarlos en el mar…!






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