Volviendo la mirada hacia el mundo rural por el Covid

El miedo a los contagios por coronavirus hace que muchos granadinos se hayan trasladado a los pueblos con menor tasa de incidencia

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Una casa-cueva en la comarca de Guadix | Foto: Facebook
Patricia VázquezPatricia Vázquez
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La pandemia del coronavirus está cambiando nuestra forma de vida. Llevamos mascarilla, mantenemos la distancia social, evitamos saludarnos con dos besos o con un apretón de mano, los abrazos casi que los tenemos olvidados… Son normas de seguridad para nuestra salud a la que nos estamos acostumbrando casi sin darnos cuenta. Una realidad que, si nos paramos a pensarlo, es bastante perturbadora, pero que seguirá siendo así hasta que el virus no haya desaparecido por completo.

Sin embargo, no solo han cambiado nuestros hábitos, también nuestra mentalidad. Vigilamos más cómo actuamos, por dónde nos movemos y con quién nos reunimos. Todo para evitar contagiarnos de un virus que para más de 700 granadinos ha resultado letal. Por eso, muchas personas están volviendo la mirada hacia el mundo rural y, en concreto, están a la búsqueda de residencias en los pueblos covid-free de la provincia.

En este sentido, y para huir precisamente de la alta tasa de contagios en las grandes ciudades y municipios de la provincia, son muchas las personas que han decidido mudarse a pueblos más pequeños donde el Covid-19 parece que no ha llegado o que, al menos, no está golpeando a sus habitantes con tanta fuerza como en otras localidades. Es el caso de Adela y Carlos. Este matrimonio con dos hijos decidió trasladarse durante dos semanas a una pequeña localidad de la Costa Tropical, donde prácticamente no había casos de coronavirus, por el miedo a que los pequeños se contagiaran en sus centros educativos. “No tengo duda de que hice lo mejor como madre. Esas dos semanas que fueron las peores en número de contagios en Granada, decidí que no nos íbamos a quedar aquí. Además, en la playa los niños están mucho mejor pudiendo salir a jugar a la calle porque no hay apenas gente por aquí”, explica Adela.

También Iris decidió trasladar su oficina a una casa rural en Dúrcal desde que comenzaron los contagios masivos en la capital en marzo. Su trabajo como comunicadora se lo permite y ha preferido pagar un alquiler extra para no poner en peligro su salud. “Además, estoy encantada. Tengo mucho más espacio, porque la vivienda donde estoy es más grande que mi piso de Granada, puedo salir a hacer deporte en mitad del campo y la vida parece que es mucho más sana, más relajada. El aire más limpio, no hay atascos si tienes que coger el coche y prácticamente no te cruzas con nadie cuando sales a comprar”, nos cuenta.

María del Mar es otro ejemplo de ese porcentaje de personas jóvenes que, gracias al teletrabajo, ha abandonado las aglomeraciones de la capital para vivir más tranquila en su pueblo de toda la vida: Torre-Cardela. “Se echa mucho de menos tener vida social o poder salir con los amigos, pero me siento más segura aquí. Además, tenemos el problema de que de vez en cuando nos cortan la luz y no podemos seguir trabajando. Pero la ventaja es que cuando termina mi horario laboral puedo buscar un sendero recóndito y despejarme del estrés del trabajo sin ruidos de coches ni del bullicio de la ciudad”.

Las personas jóvenes han optado por mirar hacia el medio rural para mejorar su calidad de vida con la excusa de la pandemia, pero los mayores también han huido de la ciudad por miedo a las complicaciones derivadas de esta enfermedad. Es el caso de Pepa y Juan, un matrimonio de 65 años, que vivían con miedo cada vez que tenían que salir de su casa para ir al supermercado que se encuentra en la esquina de su calle o a alguna cita médica. Por eso decidieron mudarse en verano a su segunda residencia, ubicada en Bérchules, en la Alpujarra. “En la capital no nos atrevíamos a salir de casa. Te encontrabas a mucha gente sin mascarilla o mal puesta y todo eran aglomeraciones. Aquí vivimos más tranquilos. En este pueblo no ha habido ningún caso de coronavirus todavía y encima, como no hay turistas, casi no nos encontramos a nadie cuando salimos a dar nuestros paseos. Es como un paraíso para nosotros“, nos dice Pepa orgullosa de la decisión que tomaron en su momento, aunque lamentan no poder ver a sus hijos y a sus nietos. “Es lo que peor llevamos”.

Iniciativas para fomentar el turismo rural

Tal ha sido el éxito que han tenido los municipios pequeños de nuestra provincia que en muchos ya se han comenzado a poner en marcha iniciativas que sirvan de reclamo para mostrar el lado positivo de vivir en los pueblos y huir de las imágenes de calles vacías y casas abandonadas.

Es el caso de la comarca de Guadix, donde están enfocando la promoción hacia sus casas-cueva, no tanto como alojamiento rural sino como vivienda habitual de los granadinos que buscan la tranquilidad en estos tiempos revueltos. De hecho, como reconoce Manuel Aranda, responsable de las Cuevas del Tío Tobas, desde que comenzara la pandemia sus instalaciones han servido como refugio para médicos, enfermeros, profesores, policías o bomberos destinados en la zona como refuerzo por el Covid-19. “La estancia media ha sido de 4 o 5 días, sobre todo granadinos que no querían salir de la provincia a otras ciudades y han aprovechado para conocer los municipios de alrededor. Pero también hemos tenido muchos trabajadores que no encontraban otro lugar para hospedarse”, indica.

También en el Valle de Lecrín se han dado cuenta de que la sociedad está cambiando su forma de pensar y ahora valoran mucho más la tranquilidad y el sosiego de los pueblos. Por eso, se están esforzando por fomentar el turismo activo en estos quince municipios que lo forman. “El turismo rural cada vez va a estar más demandado. Ahora la gente tiene miedo de salir de lo que son ‘sus fronteras’ y prefiere conocer lo que tiene cerca. Pero es que, además, buscan experiencias diferentes, quieren realizar actividades y sentir la vida sana del campo“, aseguran desde Los Cortijos del Valle, donde han visto como han tenido que colgar en varias ocasiones el cartel de ‘completo’ como algo excepcional en plena temporada estival.

Y todo ello a pesar de que en los pueblos también existe el gran inconveniente de vivir en el medio rural, ya que existen peores comunicaciones, no hay trabajo, hospitales, escuelas… y en muchos casos no llega ni la 4G para poder tener una buena conexión a internet. Claro, que eso, depende de cómo se mire, algunos lo podríamos considerar como una ventaja.

Y es que, lejos de ese concepto de que vivir en un pueblo es sinónimo de fracaso personal, muchas personas se han dado cuenta de que hay que recuperar los valores que nos ofrece el mundo rural, donde además garantizamos la calidad y el cuidado de los recursos que ofrece la tierra de donde se extraen las principales materias primas. Una idea, la de cuidar del medio ambiente, con la que los defensores de lo rural pretenden acabar con los estereotipos y los pensamientos negativos.

24 municipios libres de coronavirus

Casi una treintena de pueblos de Granada permanecen sin casos de Covid-19 hasta el momento. Son localidades pequeñas de menos de 10.000 habitantes en las que la mayor parte de la población son personas mayores que se muestran encantados de que, al menos durante unos meses, nuevos vecinos le den vida a sus calles.

Los municipios granadinos Covid-free son Albondón, Bérchules, Cádiar, Gualchos, Ítrabo, Lújar, Murtas, Nevada, Rubite, Turón, Válor, Aldeire, Alicún de Ortega, Alquife, Cogollos de Guadix, Ferreira, Huélago, Agrón, Arenas del Rey, Cacín, Gobernador, Játar, Montillana y Zafarraya.







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