Granada se prepara para cruzar el Rubicón: la candidatura a Capital Europea de la Cultura en 2031, a debate

La constitución de la mesa #Granada2031 dará este mes sus primeros pasos para la consecución del proyecto | La inestabilidad política y la ausencia de consensos en el consistorio, principales peligros para un proyecto clave en el futuro de la ciudad

Actos de la noche en blanco en la huerta San Vicente
Imagen de una de las actividades de la Noche en Blanco de 2019 | Foto: Antonio L. Juárez
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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Capital Europea de la Cultura. Cinco palabras repetidas hasta la saciedad durante el mandato del exalcalde de Granada, el socialista Paco Cuenca, y que, a falta de explicaciones sobre la duración de su mandato, sirven ahora de eje programático para Luis Salvador, a la postre primer edil del consistorio granadino. Hasta tal punto ha querido Salvador evidenciar su compromiso con el proyecto que incluso se ha nombrado, al menos de forma simbólica, concejal del área de Cultura, poniendo además el contador a cero de cara al ansiado objetivo. Cinco palabras, por otra parte, que apenas parecen tener significado, según referencian las pocas encuestas al respecto, para la ciudadanía y sus principales preocupaciones.

Asincronías aparte, la preparación de la candidatura de Granada de cara al año 2031, cuando España y Malta figuran en el calendario de designación de Capital Europea de la Cultura, parece crear en la ciudad, al menos para sus políticos y aunque con nociones evidentemente dispares, un consenso absoluto entre oposición y gobierno. Una suerte de clavo ardiendo sobre el que edificar un nuevo horizonte para una ciudad acosada por la turistificación, la contaminación del aire y el desempleo y cuyo modelo productivo parece condenado a la inmovilidad y la desaparición constante y paulatina de su capital humano.

Sobre la mesa y en cada discurso se sugiere la posibilidad de inversión en nuevas infraestructuras, la optimización del turismo cultural en base a una radical transformación de la oferta low cost, y, sobre todas las cosas, una inyección económica a través de la financiación y  la implicación institucional desde el gobierno central y las instancias europeas. Esperanza, al fin y al cabo, para una Granada diferente a la que nos encontramos hoy en día y que tiene, en base a las declaraciones del mismo alcalde, el ejemplo de Málaga y su transformación en la última década del turismo de playa al turismo de museos, como referente.

El caso de Salamanca 2002: un espejo donde mirarse

Imagen de la Plaza Mayor de Salamanca | Foto: Gabinete

España ha recibido esta distinción en cuatro capitales por el momento y en condiciones muy diversas. Madrid, Santiago, San Sebastián y Salamanca. Quizás sea esta última el mejor ejemplo a seguir. La localidad castellano-leonesa, nombrada Capital Europea de la Cultura generó un efecto de 803 millones de euros, según el estudio Turismo Cultural e Impacto Económico de Salamanca 2002 y, lo más importante, cambió por completo la forma de entender la economía de la ciudad.

Cuenta Enrique Cabero, actual vicerrector de la Universidad de Salamanca y coordinador del proyecto salmantino, que la candidatura se sostenía en dos patas: la participación ciudadana y el consenso institucional. «La gente en Salamanca tenía claro que quería esto desde el primer momento. Hubo una presión desde la ciudadanía para que se hiciera y la participación de la gente fue esencial en ese sentido» explica. Al contrario de lo que actualmente ocurre en Granada, la situación era más que propicia desde la sociedad civil para apurar las opciones con una candidatura que tuvo que pasar mayores cortes y dificultades para llevarse el gato al agua.

Para entonces, en 1998, año en el que se consigue la designación, no estaba asignado por país por turnos rotativos, sino que había que competir con otras capitales europeas. «En estos momentos hablamos de normas más concretas, pero para entonces era algo más genérico. Había principalmente dos formas de entender la capitalidad: ciudades industriales que se querían reconvertir desde la apuesta por la cultura (caso de Glasgow) y ciudades ya históricas a nivel cultural y patrimonial. Para Salamanca ha significado muchísimo haber conseguido aquello, se cambió el modelo de ciudad» explica, señalando al mismo tiempo que aún queda camino para la consecución de algunos de los objetivos marcados por el proyecto.

Imágenes de una de la exposiciones dentro del programa de actividades de Salamanca 2002 | Foto: Ayuntamiento de Salamanca

La dirección de Cabero se expone siempre como ejemplar en ese sentido. Desde su dirección se aprovecharon los fondos adquiridos y se cubrieron varios déficit que tenía la ciudad. El Teatro Liceo, el Centro de Artes Escénicas, el Centro de Arte Contemporáneo o la creación de un Espacio Multiusos en la ciudad son buena prueba de ello. «La intención es que la candidatura impulsara un proyecto a largo plazo. La capitalidad europea tiene que ser un proyecto de ciudad, si no no merece la pena».

De la misma manera, el vicerrector de la USAL expone que los partidos políticos de la localidad salmantina tuvieron objetivos claros y marcaron un paso conjunto en todo momento, siempre en comunión con el sector privado, que tuvo un crecimiento exponencial, sobre todo el sector hotelero que se vio obligado a ensanchar su oferta, y la universidad. «Salamanca comenzó con un alcalde socialista y terminó el proyecto con un alcalde del Partido Popular. Lo importante es que haya consensos, o al menos que estos sean muy amplios. Hay que tener claro cómo se van a programar las inversiones, cómo se van a utilizar y cómo pueden repercutir positivamente en el futuro», apunta. En ese sentido, Cabero explica que la Fundación Salamanca Ciudad de la Cultura, creada ex profeso para la ocasión fue fundamental, y aún sigue funcionando y programando actividades 17 años después. 

A pesar de la inestabilidad política actual en el Ayuntamiento de Granada y estar lejos de la unidad de la que se pudo presumir entonces en la localidad castellano leonesa,  desde la distancia, el ex-coordinador de la Salamanca 2002 mira con cierto optimismo la candidatura de Granada y explica que las condiciones de esta son parecidas a las que pudo tener la que él gestionó. «Creo que Granada, siendo una ciudad universitaria, algo que suma muchos puntos, y contando con su aspecto patrimonial es una estupenda candidatura». La cuestión universitaria jugará además un papel crucial, al cumplirse quinto centenario de la Universidad de Granada. Preguntado por un consejo tras el éxito de aquel entonces insiste: «debe ser un proyecto de ciudad». 

La otra cara de la moneda: San Sebastián 2016 y el peligro del fracaso de la política

Imagen de uno de los carteles con motivo de San Sebastián 2016 como Capital Europea de la Cultura | Foto: Ayuntamiento San Sebastián

 Por el otro lado, el caso más reciente de una Capital Cultural Europea en España es el de San Sebastián. Tras la resolución del conflicto vasco y que ETA acabase por dejar la lucha armada, el proyecto se presentaba como una nueva carta de presentación al mundo tras los 40 años de terror. Lo que sobre el papel parecía el escenario perfecto acabó por «no pasar del aprobado», según admitieron desde el consistorio donostiarra. De los 46 millones de euros invertidos se recuperaron 47. El impacto económico fue en cierto modo pobre por dos motivos: la inestabilidad del proyecto político, tras la renuncia de la directora de San Sebastián 2016 y las acusaciones de amaño hacia Bildu en la nueva designación, y la llegada de la crisis económica. 

El escaso impacto en San Sebastián coincide con el diagnóstico de Cabero.  «A cada ciudad le afecta de una manera. No es el mismo caso Salamanca, que necesitaba reconvertirse, que otras que ya contaban con infraestructuras y utilizan esto para potenciar su imagen frente al mundo. A veces es sólo publicidad y puede ser muy positivo. Cada ciudad debe calibrar cuáles son sus necesidades y qué quiere conseguir». 

Las importantes deficiencias que aún presenta el ámbito cultural granadino dejan aún así abiertas varias incógnitas. La citada inestabilidad política, sin tener claro aún a día de hoy el tiempo de mandato del actual alcalde, sumados a los deficit en programación y gestión en los espacios culturales de titularidad municipal ( el Teatro Isabel la Católica y el Centro García Lorca se encuentran aún sin calendario de eventos ni actuaciones alguno) y otros tantos proyectos sin visos algunos de llevarse a cabo no son la mejor noticia de cara a la constitución de la mesa #Granada2031 anunciada para este septiembre.

En la imagen, el terreno escogido para llevar a cabo un Gran Espacio Escénico en Granada | Foto: GD

Queda por saber al mismo tiempo, aunque eso no esté en manos del Ayuntamiento, si la bonanza del país en los próximos años hará posible cierta estabilidad económica, ya que al contrario de lo que ocurrió en Salamanca, los fondos provendrán principalmente del estado, tal y como ya le ocurrió a San Sebastián. Un contexto negativo sería además especialmente problemático, dado que el Ayuntamiento de Granada aún cuenta con una deuda cercana a los 300 millones de euros a pesar de los recortes de los últimos años.

Por otro lado más positivo, a nivel institucional el compromiso mostrado por parte de la Junta de Andalucía desde la última reunión del presidente Juan Manuel Moreno con el alcalde de Granada y el apoyo mostrado parecen levantar el ánimo ante una situación en la que parece que la ciudad tiene una clara ventaja con respecto a otras candidaturas en preparación, o al menos rumoreadas, como son la de Burgos o Jerez. Lo único que queda claro es que Granada cruza el Rubicón en busca de la capitalidad cultural europea, eso sí, con muchos deberes pendientes y con un plazo de seis años para enmendar y dar cierta estabilidad al proyecto.



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