Granada celebra su diversidad en el Día Internacional de las Familias

Con motivo del Día Internacional de la Familia, 15 de mayo, las familias granadinas reivindican y celebran su papel en la sociedad

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Javi (10), Salvador, Mayca y Carmen (12) disfrutando de su tiempo en familia . | Foto cedida por la familia
Inés Palomino
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Familias hay más que una, en concreto, existen hasta 83.521 familias diferentes, según el Familiario de la ilustradora Mar Cerdà. El Día Internacional de las Familias se celebra cada 15 de mayo para concienciar sobre el papel fundamental de las familias en la sociedad, así como, de manera cada vez más frecuente, para visibilizar todas las realidades distintas que engloba el concepto de familia.

Granada, en su conjunto, puede jactarse de su diversidad y pluralidad en multitud de aspectos que incluyen, cómo no, la familia. Por ello, este 15 de mayo queremos reivindicar la visibilización de la riqueza familiar de la que goza esta provincia.

La Asociación Madres Solteras por Elección (MSPE) se creó en 2007. A ella pertenece Irene quien, hace siete meses, con el nacimiento de su hija, vio cumplido su sueño de formar una familia. “Es un camino difícil que tenemos que atravesar solas, pero tenemos la mejor de las recompensas”.

Irene compagina su maternidad con ser psicóloga en su propio despacho en Granada. “Mi día a día se organiza porque puedo contar con los abuelos. Ahora, además, vivimos todos juntos”. La conciliación para estas familias, cuenta Irene, es un problema. “Nuestro modelo de familia no está visibilizado. No tenemos ningún tipo de ventaja ni ayuda económica por ser madres solteras, teniendo en cuenta que solo puede entrar un sueldo en casa porque solo hay un adulto”. Este tipo de subvenciones se proporciona a nivel autonómico, sin embargo, en Andalucía, asegura esta madre, no disponen por el momento de ningún tipo de estas ventajas.

La baja maternal es otro de los temas que reivindican desde MSPE. “Yo tuve 16 semanas de baja y ya está. En una familia tradicional, ahora el padre también puede beneficiarse de un permiso de cuatro meses, de forma que, el bebé puede estar cuidado por sus progenitores durante ocho meses”, comenta Irene. Se trata, desde su punto de vista, de una desventaja también para sus hijos respecto del resto. “Si la OMS me dice que mi hija tiene que seguir tomando leche materna hasta los seis meses, ¿por qué a los cuatro meses yo tengo que salir de casa? Sobre este asunto en España se ha sentado jurisprudencia en dos ocasiones. La última, precisamente, este 14 de mayo de 2021, por la que se le permitió a una familia monomarental disfrutar de los permisos de maternidad y paternidad.

En este momento Irene confiesa sus inquietudes sobre qué pasará cuando su hija vaya al “cole” y pueda sentirse discriminada por su tipo de familia. “En colegios donde se sigue celebrando el día del padre y de la madre, ¿qué pasa si no tienes alguno de ellos? Está bien que se celebre el día de la familia, que sea inclusivo y que sirva para visibilizar todos los tipos que existen”.

Una de las fotos favoritas de Irene con su hija durante sus primeros meses de vida. | Foto cedida por la familia

Hace nueve años se formó una nueva familia reconstituida cuando Mayca y su hija Carmen comenzaron a convivir con Salva y sus dos hijos. Salva y Mayca son una pareja de hecho que decidió emprender “la aventura” de ser, también, una familia de acogida.

Así, desde 2019 han pasado a ser una familia de seis con la incorporación de Javi, de ahora diez años, de manera permanente. “En principio iba a ser de acogida temporal, pero nos fueron convenciendo de que, debido a nuestra personalidad, nos iba a costar separarnos del niño, por lo que cambiamos de modalidad”, apunta Mayca. La espera valió la pena ya que, en total, pasaron tres años desde el momento en el que descolgaron el teléfono para informarse sobre esta opción en la asociación Aldaima hasta que el pequeño llegó a su hogar actual.

Para ellos la acogida permanente resulta, en la práctica, muy parecida a la adopción y recuerdan estos dos años llenos de emociones. “Tienes que estar muy preparado porque hay veces que sientes que te desborda”. Sin embargo, ante todo subrayan que “aunque se pase mal, tiene mejores momentos, al igual que sucede al tener un hijo biológico. Es muy reconfortante”.

Javi (10), Salvador, Mayca y Carmen (12) disfrutando de su tiempo en familia . | Foto cedida por la familia

Rafa y Fer son un ejemplo de familia diversa que, además, trabaja por la visibilización en su vida diaria como colaboradores activistas de la Asociación Arco Iris de Granada. Desde hace cinco años conviven con María (16), hermana de Rafa. “No somos una familia típica, pero cotidianamente funcionamos así”, apuntan. “Nosotros estábamos formándonos para hacer acogimiento temporal, teníamos la habitación y todo”, pero llegó María, que habituaba visitar con frecuencia a su hermano y su cuñado, “y con la pandemia, pasó a ser un hecho que se iba a quedar aquí. “Ahora nosotros nos tenemos que adaptar a sus horarios, la llevamos al colegio, etc. supongo que ahora es como si tuviera tres padres y una madre”, comentan entre risas.

En su faceta como activistas, colaboran con centros educativos a través de asesoramiento para adolescentes o familias con el objetivo de “deconstruir” y romper con estigmas sociales. “Empezamos hace 10 años y las realidades de las que nos hablan son distintas. Sobre todo encontramos ‘peques’ trans que solicitan asesoramiento ya que, actualmente, hay más desconocimiento sobre los procesos burocráticos y la legislación en este tema”. Además, cuenta Fer, también intentan dar materiales para que tengan referentes, como novelas donde se puedan sentir identificados con personas diversas.

Hace un año, Arco Iris abrió una editorial propia llamada ‘Barbara Gittings’, con la que este 15 de mayo presentan su primer cuento ‘El cálido iglú’, en el que se ilustra la diversidad familiar con animales como protagonistas. Aprovechan para denunciar, asimismo, la falta de formación que se percibe en algunos relatos que pretenden concienciar sobre la diversidad pero que acaban, afirman, “por no representar a las personas LGBTI y, por desinformar y perpetuar estigmas en aquellas personas que no pertenecen al colectivo”.

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‘El cálido iglú’ narra la historia de una familia adoptiva de pingüinos. | Foto: Asociación Arco Iris

 

Este desconocimiento generalizado también lo percibieron Janet y Sonia cuando decidieron emprender el proceso de tener hijos. Desde que se conocieron en 2009, narra Janet, formar una familia “era algo que formaba parte de nuestros planes de futuro”. “Estuvimos investigando por páginas webs y redes sociales donde ya existía la diversidad familiar porque en nuestro centro de salud no tenían ni idea ni la doctora, ni la administración sobre qué había que hacer para que nos derivasen a reproducción asistida”.

“Metiendo la cabeza es como vas abriendo camino para los que vengan detrás”

Desde entonces su día a día, como cualquier otro tipo de familia gira en torno a su hijo de seis y su hija de cuatro años. “Cada una hemos tenido un hijo con el mismo donante. Queríamos que tuvieran ese nexo para que también existiera ese vínculo genético.”

La falta de información sobre la diversidad familiar en muchos estratos de la sociedad, afirma, se traduce, en cierta “desprotección” como familia homoparental. “Una de las cosas que hemos hecho ha sido involucrarnos en el colegio, entrar en el AMPA y en el consejo escolar, porque metiendo la cabeza es como vas abriendo camino para los que vengan detrás”. Además, pertenecen a la Asociación Crezco de familias LGBTI y la Fundación Triángulo, que facilita que sus hijos se relacionen con otros niños con familias diversas. Asimismo, debido a la profesión de Sonia, pertenecen a Gaylespol, asociación de policías gays y lesbianas que trabajan contra los delitos de odio.

Sonia y Janet con sus dos hijos de seis y cuatro años. | Foto cedida por la familia

Hace ocho años Noemí y Carlos, junto a sus hijas decidieron convertirse en una familia de acogida urgente. Desde entonces por su hogar han pasado 17 niños incluyendo a una niña de tres años y a la bebé de tres meses y medio con las que conviven en la actualidad.

“Yo tengo diez hermanos y él seis. Siempre hemos sido una familia numerosa y hemos estado acostumbrados a compartir mucho”. En este proceso se involucran de manera directa sus hijas biológicas de ahora 24 y 19 años. “Nuestra hija mayor ha encontrado en esto su futuro y su vocación. Se formó en integración social y cursos de atención temprana para poder cuidar mejor a esos niños”, relata Carlos.

“La sangre hace parientes, el amor hace familia”

Y, es que con frecuencia, los niños de acogida llegan con un importante retraso evolutivo, aparte de la mochila emocional de abusos y/o malos tratos. No obstante, sin duda, estos padres viven el proceso como algo que “engancha” y que les merece la pena. Para Carlos, esta experiencia “tiene una parte emocional muy bonita. Tengo un bebé del que estoy disfrutando como no pude hacerlo de mi hija cuando yo era joven”. Cada niño que pasa por este hogar es único y, afirma Noemí “se disfruta cada paso que dan. Hemos conseguido que uno de ellos diga en una psicóloga, un año después de pasar por casa, que fue la primera vez que sintió cariño y amor de verdad, ‘amor del bueno’, como dice él. ¿Qué más quiero yo, si mi casa le ha dado amor del bueno? Con eso está más que pagado”, afirma emocionada.

Esta familia granadina recalca que se siente afortunada, pues mantienen contacto con todos los niños que han acogido. “Hemos creado el grupo de whatsapp ‘La gran familia’, con todos los niños que han pasado por casa y nos juntamos una vez al año. Así, se llegan a conocer y, de hecho, entre ellos, se llaman ‘primos’”. Carlos y Noemí apuntan que este tipo de tradición tiene el objetivo de ser una red de apoyo entre ellos y también para los padres adoptivos nuevos de estos niños. “Para mí es una gran familia todo lo que hemos formado. La sangre hace parientes, el amor hace familia”.

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Noemí y Carlos están disfrutando de sus dos hijas de acogida de tres años y de tres meses y medio. | Foto cedida por la familia

 

A esta consigna que antepone el valor del amor y la familia se suscriben también Ángeles y Luis. En el 2000 se mudaron a Motril y posteriormente se adentraron en el proceso de adopción internacional. Lo recuerdan como un proceso fácil y no como una lucha por formar una familia. “Antes de los nueve meses de cumplimentar la solicitud ya me estaban llamando. En ese momento tuve cierto miedo, no lo esperábamos tan rápido”, señala Ángeles, “pensé: ¡ha tardado menos que un embarazo!”. Fue entonces cuando viajaron a China y volvieron con Carmen, con poco menos de un año, que ahora tiene 17 años y estudia primero de bachillerato.

La adopción nacional la experimentaron como un procedimiento que se dilató más en el tiempo. Cuando Carmen tenía tres años, narra su madre, empezó a pedir una hermanita. Por esa razón volvieron a solicitar la adopción en China, pero finalmente, se retractaron. Sin embargo, les llamaron de la adopción de España para valorarlos. Entonces fue cuando conocieron a la edad de seis meses a su segunda hija Valen, de ahora 13 años. “Carmen tenía que tener una hermanita”, concluye Ángeles.

“Ellas saben de dónde son, de dónde vienen, pero son nuestras hijas y no encuentro ninguna diferencia, por ejemplo, con mi hermana y sus hijos”, cuenta Luis. “Es más fácil que la gente piense que Valentina es mi hija biológica y comenten que ella sí es mi hija, pero yo le digo que no. Las dos son mis hijas y a las dos las hice con el mismo bolígrafo”.

Christopher empezó su relación con ganas de crear una familia. Tras casarse con Fernando decidieron comenzar el proceso de acogida permanente a través de Aldaima. “Al principio tuvimos problemas por mi edad (22 años), pero en febrero de 2020 pudimos empezar la formación para ser una familia de acogida”, a pesar de que la pandemia por Covid-19 paralizó esta preparación hasta el mes de junio.

Tras continuas entrevistas a ambos, entrevistas individuales y visitas al domicilio familiar le comunicaron en septiembre que eran idóneos para ser papás de acogida. Y ahora, desde hace dos meses, son una familia de tres miembros. “Él iba a cumplir 9 años cuando llegó. Es un niño con muchas ganas de una familia y mucha necesidad de afecto y cariño”, relata Christopher, quien continúa afirmando que “el proceso de adaptación ha sido muy bonito. Cada día el niño está más contento y nosotros estamos más felices todavía, dándole todo el cariño que no había tenido antes”.

En un principio, Christopher contempló la posibilidad de formar una familia a partir de un vientre de alquiler fuera de España, donde sí está permitido. No obstante, más tarde recapacitó al reflexionar sobre la opción de acoger a un menor dentro del país. “Me pareció que era lo correcto cuando vi que hay tantos niños que les hace falta una familia de verdad, que necesitan un hogar y cariño”. En resumen, para ellos ha supuesto “levantarte al día siguiente con más ganas, ilusión, más feliz. Está siendo un gran cambio, pero para mejor”.

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Christopher y Fernando son padres de acogida permanente de un niño de 9 años. | Foto cedida por la familia

 







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