Granada ante el espejo de la exclusión: los pobres son aún más pobres después de los ‘brotes verdes’

El último informe de Cáritas incide en un modelo económico y social que condena a miles de familias a una situación insostenible a pesar de tener trabajo | El perfil más repetido en el estudio: Mujer soltera con hijos

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Al menos 6.500 personas han sido atendida por Cáritas en 2018 | Foto: Archivo GD
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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La crisis económica ha pasado ya, o al menos eso indican la reciente actividad de los empresarios granadinos. Los famosos ‘brotes verdes’ han sido, a lo largo de los casi 8 meses de campaña electoral que ha vivido la política local, un mantra repetido hasta la saciedad. El crecimiento de las oportunidades de trabajo, de percibir un salario por mucho que estos hayan bajado en los últimos 10 años, han dado una aparente sensación de tranquilidad con respecto a la situación de emergencia social vivida en los más años más duros del comienzo de década. Bajo tierra, eso sí, han quedado otras realidades, que no por ignorarse desde el debate público dejan de existir. Entre las organizaciones que sigue trabajando en las capas más desfavorecidas de la sociedad, quiso plasmarlo este jueves en la presentación de su Memoria de actividad del pasado 2018.

De los números aportados por la organización, se puede concluir existe una modernización de la pobreza en la ciudad y que los cánones que la definían antes de la explosión de la burbuja económica de 2008 han quedado pulverizados. La situación poscrisis ha dado un escenario atomizado, donde parte de la población, sobre todo los jóvenes, malvive con sueldos que apenas llegan al salario mínimo. La Granada de los olvidados ha disminuido y no en vano en un 53% de los atendidos en otras ocasiones por la organización diocesana dice haber notado cierta recuperación.

La cuestión radica en que aquellos que se encontraban excluidos de la ‘otra’ vida política,  esa que los griegos llamaban ‘polis’, es decir, la que permite su participación en la actividad misma de la ciudad, se encuentran ahora más lejanos aún de llegar a fin de mes y escapar de los desahucios, la desnutrición o la falta de acceso a los servicios básicos . El 47% restante de los atendidos en los últimos años no sólo no ha mejorado su calidad de vida, sino que ha empeorado.

El 63% de los atendidos por Cáritas tiene menos de 44 años | Foto: Archivo GD

Resulta llamativo por otra parte que, si revisamos los datos proporcionados por Cáritas, aquellos que entran en su red acogida y atención primaria se encuentran ya trabajando. La inclusión en el mercado laboral no es ninguna garantía inclusión social. Pasado más de un lustro de la última reforma laboral en 2012 que flexibilizaba los salarios y el despido, el 22% de los atendidos por la organización diocesana siguen viviendo de la caridad a pesar de realizar cada día su jornada laboral. De hecho, un 12% de los mismos tienen un trabajo normalizado a tiempo completo, pero las condiciones estructurales no permiten el acceso a los servicios básicos.

“No se trata sólo de malvivir, también se trata de dignidad. Estas personas, que viven con un estrés constante para poder salir adelante ya no tienen la sensación de que se les tenga en cuenta. Si lo analizas, ya han dejado de votar y están desencantadas después de formarse para finalmente seguir en la misma situación o peor” explica la directora de Cáritas en Granada, Luisa Mª Maeso.

La formación tampoco es garantía de nada cuando los números hablan. Prácticamente la totalidad de los atendidos tiene estudios básicos, por lo que no hablamos de analfabetos. De hecho, la edad de más de la mitad de ellos, el 63%, tiene menos de 44 años, por lo que estaría en edad de emprender su proyecto de vida en base a esta formación.

Mujer española de 30 años, con hijos a su cargo, sin vivienda y sin ingresos: el perfil que más se repite

Si hay algo en claro en el estudio aportado por Cáritas es que este tiene rostro de mujer. Las familias monoparentales cuyo único referente para los niños es su madre, con todos los gastos que conlleva la manutención de los hijos y el incremento del precio de los servicios básicos, son lo habitual para el día a día de mlos centros de la organización. Ya sea tras la ruptura, la muerte o la simple inexistencia de la pareja con la que se engendraron los hijos, se cuentan por cientas las mujeres que no tienen posibilidad de traer suficientes ingresos a su casa para llevar una vida digna. De las personas que han pedido asistencia, seis de cada diez son mujeres.

La vivienda para ellas es, además el principal obstáculo a la hora de mantener la estabilidad familiar. La gentrificación de los barrios y la conversión desregularizada de las viviendas en alquiler turístico, ha provocado la descentralización de la pobreza por barrios, dibujando un escenario heterogéneo en el mapa de la ciudad. Sólo los distritos de de Ronda y Beiro destacan algo más por encima del resto y el porcentaje no varía entre centro y periferia tal y como sucedía con anterioridad.

Tiempo electoral, tiempo de bonanza

La pasividad de la administración pública parece en este sentido, más allá de las soluciones necesarias e inexistentes hasta la fecha, un escollo más que una solución para la labor de organizaciones como Cáritas. Tal y como comenta su directora provincial, a pesar de insistir en la “buena relación” que mantiene con las instituciones, “llevamos casi un año de campañas electorales donde se cubre la realidad social de la ciudad. En esta situación es lógico que nadie quiera decir lo negativo cuando se presenta a unas elecciones”. La palabras de Maeso hacen evidente la necesidad de políticas que inviertan el modelo sobre el que se sustenta la precariedad y la exclusión, incidiendo en que hace falta dejar a un lado el modleo asistencial y empezar a pensar en la autonomía de las personas”.

Así las cosas, los datos aportados por Cáritas dan luz a unas circunstancias en las que, al menos 6.500 personas necesitan una respuesta urgente que por ahora sólo se cubre en base a voluntarios y no con presupuestos públicos (el 63% de las aportaciones a la organización diocesana procede de entidades privadas). Una realidad tangible que la que las instituciones “deberían de poner todo su empeño” en erradicar, ahora que debería llegar cierta estabilidad política. El sábado, ya pasado el baile de pactos y negociaciones, debería de empezar la política y más de 6.500 personas en exclusión deberían de tener una respuesta urgente.



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