«Gracias a ti, le dije, porque he tenido la oportunidad de ver nacer un niño, ya que los míos vinieron al mundo por cesárea»

Loli Cifuentes, una vecina de Armilla, se convirtió por minutos en una matrona improvisada al ayudar a una mujer a dar a luz en plena calle del municipio el pasado 2 de enero

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Loli Cifuentes junto a su kiosko de churros | Foto: Remitida
Ángela Gómez | @_Angela_GA
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Si le llegan a decir a Loli que empezaría 2019 asistiendo un parto en plena calle, seguramente se echaría a reír a carcajadas. Pero esta vecina, muy conocida en Armilla ya que regenta un kiosko de churros, hizo de matrona el pasado 2 de enero, y eso es algo que jamás olvidará.

Sobre las 13.30 horas de aquel día, Loli Cifuentes acababa de salir de la peluquería. Era el cumple de su hija y quería estar más guapa aún para la celebración familiar de esas 20 primaveras. De pronto, de camino al kiosko, ubicado en la calle Poniente, vio y escuchó a un hombre pidiendo ayuda.

Ella, sin pensarlo, acudió para ver qué ocurría y cómo podía auxiliarlo. Detrás del hombre, había una mujer que «se cogía el vientre y gritaba: ¡ya está aquí!¡ya está aquí!«, relata Loli a GranadaDigital.

Y, efectivamente, la mujer no se equivocada: acababa de romper aguas. En este momento, Loli tuvo poco tiempo para pensar. La ayudó a bajarse el pantalón y vio que la mujer no solo había roto aguas sino que la cabeza de su hija ya estaba fuera. La vecina ayudó al marido a sentarla en el escalón de acceso del edificio donde la pareja vivía, cerca de la última parada del metro de la Avenida Poniente. Y con este gesto de sentarla, no dio lugar a mucho más. Ni a indicarle que respirara hondo y soplara, ni a agarrarle la mano, ni a distraerla. La bebé salió del tirón. «No nos dio tiempo a nada. La sostuve entre mis manos y se la di para que la abrazase al pecho y la arropase con su chaquetón», recuerda esta vecina, que entre emoción y nervios, llamó a Emergencias 112 para avisar de todo lo que había ocurrido ante sus ojos en apenas unos minutos. «Yo solo quería que la niña no pasara frío y pedía a voces algo para taparla», nos relata Loli, que cuenta que la peluquería cercana le dieron unas toallas desechables para la mujer, que estaba en contacto directo con el suelo -y de una maleta que portaba el matrimonio -iban camino al hospital- sacaron otra mantita para tapar a la recién nacida. «Yo es que no llevaba abrigo», afirma Loli.

«Me puse muy nerviosa porque la niña lloró, pero yo pensaba que tenía que llorar más, y no paraba de comentárselo a los del 112 que me estuvieron asesorando», recuerda Loli la conversación telefónica, en la que le pedían que no se pusiera nerviosa para no inquietar más a la madre, que ya bastante tenía.

«Gracias, gracias, gracias… No paraba de darme las gracias la mujer. Y yo le dije que gracias a ella porque me había regalado una experiencia que yo, aun siendo madre, no había tenido la suerte de vivir«, nos cuenta Loli porque sus dos hijos nacieron por cesárea. Un momento muy emotivo que acabó en lágrimas de felicidad en la cara de todos los presentes.

La Policía Local de Armilla y una ambulancia no tardaron en llegar hasta el lugar donde se encontraba la parturienta, su marido, el otro hijo del matrimonio de 4 años – «que nos miraba con una cara el pobre…», y Loli. Los sanitarios trasladaron a la mujer al Hospital Universitario San Cecilio del PTS.

Antes de partir al hospital, el padre de la criatura reparó en el estado en el que se había quedado el escenario del parto, y «subió a su piso para coger cubos de agua y limpiar la sangre», nos cuenta de forma anecdótica Loli.

El matrimonio, que jamás olvidará el nacimiento de su hija, al igual que Loli, han vuelto al kiosko de esta mujer para reiterar su agradecimiento y le han regalado una caja de bombones. «¿Qué otra cosa iba a hacer? Si alguien te pide ayuda, ¿no se la vas a dar?», resume Loli esta gran experiencia con una pregunta retórica.

 

 



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