Formas de ganarse la vida en Granada: detectives privados

Alejados de los clichés y los estereotipos que les achacan películas y libros, son profesionales serios, rigurosos, formados y, sobre todo, muy discretos

FOTO DETECTIVES PRIVADOS
Recreación de un trabajo habitual de un detective: comprobar un caso de infidelidad | Foto: Dani Bayona
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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Advertencia número 1: la suya es una profesión discreta por naturaleza, así que las dos personas con las que ha hablado GranadaDigital para hacer este reportaje han pedido expresamente que se omitan sus nombres. Tampoco se va a desvelar quién de los dos dice las frases que van entrecomilladas.

Advertencia número 2: los detectives privados tienen muy poco o nada que ver con los personajes de las novelas de Dashiell Hammett, magistralmente interpretados en el cine por actores como Humphrey Bogart. No van por la vida pisándoles los casos a los policías (y de paso dejándolos en ridículo) ni pegando tiros a diestro y siniestro. Nada de eso.

Dicho lo cual, comienza la historia:

En Granada hay detectives privados. Seis de ellos trabajan para la agencia Grupo 3, la más representativa. Entre ellos hay diplomados en Criminología (disciplina que abarca estudios de Derecho Civil, Penal o Penitenciario, así como Piscología Criminal, Psiquiatría Criminal, Estadística o Medicina Legal) y otros han completado el curso de Investigación Privada reconocido por el Ministerio del Interior. Además, para ejercer deben cumplir otros requisitos: poseer la capacidad física y la aptitud psicológica necesarias para el ejercicio de sus funciones, carecer de antecedentes penales por delitos dolosos o no haber sido condenado por intromisión ilegítima en el ámbito del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar o a la propia imagen, vulneración del secreto de las comunicaciones o de otros derechos fundamentales.

Contratar sus servicios «en principio es muy sencillo, existen numerosas páginas web de empresas de detectives y seguridad a las que acudir». ¿Para qué? Pues, para que hagan «todo lo que entra dentro de la legalidad pero que no cubren los cuerpos de seguridad del Estado: asuntos de índole mercantil, financiero o laboral, búsqueda de empresas a nombre de alguien, temas de competencia desleal, absentismo laboral, bajas fingidas…», apuntan. También, para cosas más personales: «Localización de personas, detección de infidelidades o conductas de adicciones en el entorno de la familia». Además de todo lo anterior, acuden a ellos para asuntos relacionados con el sector de los seguros, «para la reconstrucción de siniestros o incendios o para conocer el estado y las posibles actividades de lesionados tras un accidente».

Todo bajo control

No van a su aire ni funcionan sin reglas. Todo lo que hacen está estrictamente controlado por el Ministerio del Interior. Los detectives privados deben llevar «un libro de registro diligenciando todas y cada una de las actuaciones que realizamos».

Es gente que trabaja sin un horario determinado. «Es algo que marca la naturaleza de la investigación, aunque muchos clientes tratan de marcar las pautas ya que ellos manejan buena parte de los datos con los que solemos arrancar un asunto antes de salir a la calle. De todos modos, aconsejamos partir de una determinada forma para no dilatar el asunto y obtener resultados positivos a la mayor brevedad».

Dejan claro que en ningún caso realizan labores de espionaje «u otras catalogaciones que, aunque muy cinematográficas o teatrales, no se ajustan a la labor de nuestro sector y únicamente contribuyen a la distorsión, la estigmatización y la estereotipación de nuestra figura, alimentando un caché que debería ser desterrado porque somos personas que colaboramos con la Justicia aportando pruebas estrictamente legales y verificables. Siempre ejercemos nuestra función conforme al principio de legalidad».

No lo consideran un trabajo peligroso, aunque sí mencionan que hay «zonas de riesgo, barrios y localidades más o menos cómodos. Montar una vigilancia y mantenerla sin ser detectados dependerá en buena medida de la intuición del detective según el sitio, porque no somos ni invisibles ni infalibles», resaltan. Por cierto, para trabajar no necesitan llevar arma. Algunos detectives ni siquiera tienen licencia, no es necesaria. «Hay compañeros que la tienen, pero como cualquier otro civil que cumpla los requisitos, ya sea para caza o para tiro deportivo».

En cuanto a si se ganan bien la vida (por ceñirse al título de la sección, más que nada), afirman que va por rachas. «Hay unos trimestres mejores que otros, no hay una regularidad». Les pasa, en ese sentido, como a otros autónomos. «Vamos más o menos cargados por temporadas. Eso depende de la capacidad de cada profesional, aunque cualquier detective que se aplique correctamente en esta profesión puede crecer si es honesto, ya que todo no es publicitar tus servicios, aquí el boca a boca es importante, como también especializarse en determinados tipos de investigación».

Lo peor de su oficio seguramente sean las largas horas de espera que se pegan para investigar algo. Lo mejor, «la posibilidad de conocer la condición humana desde el prisma de observar a la sociedad de un modo objetivo, imparcial e independiente».

Desde luego, Bogart nunca habría hablado de esa manera. Definitivamente, el detective privado no es el de las pelis de cine negro. Lo suyo es serio. De hecho, los dos detectives no quisieron contestar a una última pregunta: ¿Cuál es el caso más rocambolesco con el que han lidiado? «Esta vez me reservo la respuesta», dijo uno. El otro optó por callar. El morbo, para otros.

 

 

 

 



Comentarios

Un comentario en “Formas de ganarse la vida en Granada: detectives privados

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    Luis Miguel Uribe

    Pues el caso mas rocambolesco sí que se podría decir siempre que NO CITE nombres de personas, domicilios etc etc.

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