“Adaptar los centros ordinarios como pretende la ‘Ley Celaá’ es a día de hoy inviable”

Isabel María Valverde, directora del único centro de educación especial público de Granada, cree que la LOMLOE, que entra en vigor este martes, requiere "un cambio de paradigma aún muy lejano"

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Isabel María Valverde es una de las siete personas que dirigen centros de educación especial en la provincia de Granada | Foto: Antonio L. Juárez
Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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Su nombre oficial es casi una alegoría de la falta de entendimiento histórica a la hora de alcanzar un gran pacto educativo en España. Se llama Ley Orgánica de Modificación de la LOE -Ley Orgánica de Educación-, aunque en realidad sustituye a la LOMCE, pero todo el mundo la conoce como ‘Ley Celaá’. El debate, la tramitación y la final aprobación de esta norma no ha estado exenta de polémica. Protestas de la comunidad educativa, lazos naranjas, caravanas de coches y manifestaciones. Después de muchas idas y venidas, este martes al fin entra en vigor, aunque con el ruido del cláxon resonando de fondo y con dos puntos muy conflictivos: la educación concertada y la especial. Sobre esta última reflexiona Isabel María Valverde. Es la directora del Centro de Educación Especial Jean Piaget de Ogíjares, el único público de los siete que existen de este tipo en la provincia de Granada. Es cauta, no ataca frontalmente la ley. Sí que discute la Disposición Adicional Cuarta, que obligará en el plazo de diez años a los centros ordinarios a adaptar sus recursos para acoger a este alumnado específico. Ella, sin embargo, se muestra escéptica. A los legisladores sólo les pide una cosa: “Que nos visiten. Y no sólo eso, sino que permanezcan en nuestros centros”.

Pregunta. ¿Qué opinión le merece el apartado de la ‘Ley Celaá’ referido a la educación Especial?

Respuesta. Mi opinión con respecto a la Disposición Adicional Cuarta de la ‘Ley Celaá’ no es del todo negativa. No se dice que los centros específicos de educación especial vayan a desaparecer en un plazo de diez años. La lectura que hago es que se adaptarán todos los recursos en los centros ordinarios para atender al alumnado con necesidades educativas específicas, dejando los de educación especial para los grandes dependientes. Es decir, los más gravemente afectados. Bien por sus discapacidades físicas, sensoriales u orgánicas o porque tengan trastornos de conducta. A estos chicos seguiremos atendiéndolos en nuestros centros y, además, seremos centros de recursos; por lo que todos los recursos humanos que tenemos están a disposición de los centros ordinarios para orientarles o ayudarles en lo que sea necesario. Esa es mi lectura. Pero, ¿eso significa que los alumnos con necesidades especiales, sea cual sea su grado de discapacidad, van a poder estar en esos centros? Pues haría falta unas partidas presupuestarias bastantes importantes para dotarlos de los recursos materiales y personales que este tipo de alumnado necesita. Empezando por maestros especialistas en Pedagogía Terapéutica y en Audición y Lenguaje, fundamentalmente.

P. Entiendo que eso afecta también a las instalaciones.

R. Claro. Sin menospreciar la labor que se hace en los centros ordinarios, en los centros específicos contamos con apoyos materiales y recursos humanos que nos permiten crear ambientes de trabajo adaptados, modificar los entornos, desarrollar programas individuales, estimular capacidades de comunicación, fomentar autoestima en los alumnos que se incorporan tras experiencias en centros ordinarios nada satisfactorias o en otras modalidades de escolarización. Muchas veces llegan con problemas de ansiedad que terminan derivando en trastornos de conducta. En Jean Piaget estamos trabajando más de 75 profesionales: 35 maestros especialistas en Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje. Y el resto es personal laboral en las diferentes categorías, desde el Grupo 1, médicos, hasta psicólogos orientadores, fisioterapeutas, técnicos en integración social, limpieza, educadoras, cocina… Es un amplio abanico de profesionales el que atiende al alumnado. Difícilmente en un centro ordinario podrá llegar a haber tantos recursos. Es por lo que entiendo que la Disposición Adicional Cuarta viene a decir que terminaremos siendo centros de recursos.

“Entiendo que lo que la Disposición Adicional Cuarta viene a decir es que terminaremos siendo centros de recursos”

P. El Jean Piaget está conformado por 75 profesionales, de ellos 35 maestros, para un total de 104 alumnos. Con las ratios que hay en la educación ordinaria, ¿se agravaría aún más el problema?

R. Sí, pero hay que contar sólo los maestros. El resto de los profesionales intervienen con ellos a otro nivel. Están allí para atender a los chicos a lo largo del día. Hay alumnos que convulsionan o tienen crisis epilépticas. Las fisioterapeutas trabajan con alumnado con problemas motóricos, las orientadoras dedican más atención a aquellos que presentan trastornos graves de conducta, en apoyo conductual positivo y regulando esa conducta. El personal técnico en integración social, que aquí tenemos un déficit importante, se encarga del control de los esfínteres. La mayoría de los chicos no tiene ese control. Las educadoras apoyan a las tutoras dentro de las aulas. Tenemos un maestro de Educación Física y un vaso terapéutico -como una piscina- que es donde atiende a este alumnado la mitad de la jornada porque el agua caliente les relaja. Hay grupos de siete alumnos por tutor, pero también puede haber otros con una tutora para dos alumnos. Y esa variedad está determinada por las características de estos chicos. Eso no quiere decir que estén aislados, pues luego se relacionan entre todos. Cada grupo está muy pensado en base al número de profesionales que le acompaña, pero cada uno tiene un tutor referente. Luego contamos con maestros de apoyo o maestros de taller (carpintería, cerámica, jardinería, cerámica, auxiliar de oficina), por poner otros ejemplos.

P. ¿Cree que es viable desde un punto de vista realista llevar a cabo esa transición?

R. Hoy en día no es viable porque requiere una inversión no sólo económica, sino de muchísimo tiempo, y un cambio de paradigma en la educación especial.

P. Se ha extendido la idea de que lo que se va a hacer es eliminar los centros de educación especial. Usted misma ha dicho que no. ¿Cree que se ha politizado en exceso el debate público y que se debería haber puesto más en manos de expertos?

R. Evidentemente. En estos últimos meses ha existido ese debate que ha dividido a todas las personas que apostamos por la educación. Ha venido suscitado por muchos temas, entre ellos que los centros de educación podrían cerrarse, lo que ha provocado posturas antagonistas y estériles. Desde mi punto de vista se ha generado por una visión distorsionada de la realidad. La educación inclusiva es una meta que debemos llegar a conseguir todos los que estamos inmersos aquí, pero la historia educativa de nuestro país nos demuestra que no será fácil. Hará falta un cambio de mentalidad que intuyo difícil y lejano. La inclusión de todos estos alumnos debería hacerse desde una atención personalizada y desde una forma de aprender y vivir de todos. Nosotros paliamos muchas necesidades que los centros ordinarios no saben cómo responder. El propio mecanismo que se ha ido heredando hace que no se pueda pensar en una alternativa a los centros específicos ni siquiera aunque haya diez años de por medio. Diez años es muy poco tiempo. ¿Qué van a hacer los alumnos con discapacidades que no se limitan a dificultades en el aprendizaje? Son muchos aspectos que están alejados en nuestro sistema educativo de las áreas curriculares.

“La educación inclusiva es una meta que debemos conseguir todos los que estamos en esto, pero la historia educativa de nuestro país nos demuestra que no será fácil”

P. ¿Cree que hay una mediación posible de cara al futuro entre lo que ya se ha hecho y lo que defienden los centros?

R. No creo que sea posible. En Andalucía, Imbroda hizo una apuesta firme y seria por la educación especial y dijo que mientras él fuese consejero los centros específicos iban a seguir atendiendo al alumnado. En el Parlamento de Andalucía también se ha llevado a cabo esta defensa firme de la continuidad de los centros específicos. Que haya una posibilidad de cambio no lo veo muy viable. Jean Piaget es el único centro público de la provincia de Granada. Somos uno o dos por provincia en Andalucía, pero hay un grueso de centros concertados. Creo que ellos sí que podrían tener más voz.

P. A eso iba. Hay muy pocos centros públicos en relación con la educación concertada, ¿esto responde a algún tipo de cuestión particular, técnica o económica?

R. No te sabría responder. La mayoría de ellos dependen de grupos o asociaciones religiosas, pero muchos centros específicos surgieron hace bastantes años ante la falta de respuesta de la administración. Y son asociaciones de padres y de madres. Los respeto, admiro y quiero. Tenemos un grupo de trabajo en el que estamos los directores de los siete centros de Granada y provincia para colaborar de forma conjunta. Concretamente, los centros de Motril y Guadix surgieron a raíz de las inquietudes de familias. Y sin ir más lejos, Jean Piaget también nació de la presión de un grupo de familias por dar respuesta a las necesidades que presentaban sus hijos de la provincia de Granada. Nosotros abrimos el 10 de noviembre de 1980, por lo que ha cumplido ahora 40 años.

P. ¿Cuántos tipos de necesidades especiales pueden convivir en uno de estos centros? Porque el que haya tantos perfiles distintos debe dificultar aún más el traslado a la educación ordinaria.

R. Efectivamente. Hay alumnos con discapacidad intelectual, alumnado TEA con graves trastornos de conducta, alumnado TEA que no presenta trastorno de conducta o algún alumno con Síndrome de Asperger escolarizado en los programas de transición a la vida adulta y laboral. Tenemos Síndrome de Prader-Willi, parálisis cerebrales asociadas a discapacidad intelectual porque una parálisis cerebral no tiene por qué llevar aparejada discapacidad. Pero esas parálisis también suelen llevar asociadas graves dificultades: no suelen tener lenguaje oral, presentan problemas serios de salud, tienen afectaciones motrices bastante graves, su integración sensorial está muy afectada, presentan cromosomopatías diversas, se alimentan por sondas nasogástricas…

P. ¿Se puede decir que casi cada alumno plantea un reto nuevo?

R. Sí, son perfiles muy distintos. Entre el mismo alumnado TEA, cada uno es muy diferente uno de otro. Cada alumno es en sí mismo todo un reto. Por eso trabajamos de manera tan individualizada con ellos y en función de sus capacidades. Yo siempre digo que ‘centro específico’ es igual a inclusión y calidad porque trabajamos en base a las capacidades del alumnado. Nosotros no hablamos de discapacidad, hablamos de capacidades. Y tenemos un eslogan que es ‘Capacidades diferentes, posibilidades infinitas’. Precisamente por esa enseñanza tan individualizada hay que seguir considerando a los centros específicos dentro del sistema educativo inclusivo [silabea]. Antes me preguntabas por el entorno. Pues, por ejemplo, tratamos de que los pasillos no tengan mucho ‘ruido visual’ ni decoraciones. Hay algunos alumnos que no admiten los estímulos visuales excesivos. También adaptamos baños, aulas, rampas de acceso o los comedores. Contamos con dos comedores y ambos están adaptados a cada uno de nuestros alumnos. También se adaptan los patios y los sistemas de comunicación, que es aumentativa y alternativa. Además, tenemos programas de apoyo conductual positivo para poder controlar esos trastornos de conducta. Nuestras metodologías están basadas en el aprendizaje sin error. Los espacios están muy estructurados: todo es muy predecible porque eso le da seguridad al alumnado. A los grandes dependientes o al alumnado TEA no les puedes meter prisa porque no lo entienden. Otra cosa muy importante es su integración sensorial. Controlamos ruido, luz, olores, materiales, texturas de alimentos, sabores… ¿Cómo se le da traslado a todo eso a un centro ordinario?

“Centro específico es igual inclusión y calidad. Tenemos un eslogan que es ‘Capacidades diferentes, posibilidades infinitas'”

P. ¿Y cómo es la interactuación con el resto del entorno educativo?

R. Estamos abiertos a los centros de la localidad. El Jean Piaget está en el término municipal de Ogíjares pero estamos prácticamente en Armilla y tenemos contacto con los centros de nuestra localidad, tanto de infantil y primaria como de secundaria. Atendemos a alumnado desde los tres años hasta los 21. Y de los 16 a los 21 están en los programas de transición y formación a la vida adulta y laboral, donde les vamos orientando en la toma de decisiones de su propio proyecto de vida personal. En esta etapa hacen un pequeño acercamiento a un mundo laboral protegido. Son unidades específicas de empleo o centros ocupacionales. Fundamentalmente, nuestro reto es formar alumnos adultos, autónomos, responsables e integrados social y laboralmente.

P. ¿Qué llamamiento hacen a los legisladores de cara al futuro?

R. Sólo pedimos que se tengan en cuenta todos los recursos que necesitan estos alumnos en los centros ordinarios. Y hago el mismo llamamiento que hago siempre. Que los que tienen responsabilidades visiten un centro de educación específica. Y no que se visite, sino que se permanezca en él una semana lectiva. Con eso es suficiente para conocer la realidad de nuestros centros y las necesidades que tiene nuestro alumnado.







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