En Sevilla están mirando a la Escuela Andaluza de Salud Pública

Reunión entre la directora de la Escuela Andaluza de Salud Pública, representantes de los trabajadores y dirigentes del PP para hablar del futuro del ente público
Imagen previa a la reciente reunión, con protesta de trabajadores incluida, para abordar la situación de la EASP | Foto: Antonio L. Juárez
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Al portavoz parlamentario del PP, José Antonio Nieto, y a la diputada Ana Vanessa García habrá que agradecerles su disposición a dar la cara y presentarse ante el personal de la Escuela de Salud Pública (EASP), en el mismo momento en que sobre una de las escasas ‘joyas’ que la autonomía dejó en Granada pesa la amenaza de “extinción y disolución”.

Los entrecomillados no son un adorno, porque son los términos que aparecen en el proyecto de ley que ha presentado el grupo del PP en el Parlamento de Andalucía. Una iniciativa parlamentaria que proyecta la creación del Instituto Andaluz de la Salud en el que quedaría integrada la Escuela y que tendría su sede… -adivínenlo- Sí, ¡en Sevilla!

Si se habla de “extinción y disolución” lo más seguro es que se proyecte ‘extinguir’ y ‘disolver’ la Escuela de Salud Pública, con sede en Granada. Nieto habló de plazos en los que se pueden aportar elementos que mejoren el proyecto. Hay tiempo, según el PP. La tramitación parlamentaria puede prolongarse durante tiempo bastante y los populares están abiertos a escuchar para mejorar su propuesta legislativa. Pues aprovechen, porque mientras no cambie el texto, la Escuela está en vísperas de “extinción y disolución”. Es de ley introducir aquí otra aseveración del portavoz del PP en su comparecencia ante los periodistas: “En ningún caso” la iniciativa popular afectará al personal de la Escuela, entre los que, añadió, “ya llevaban tiempo preocupados por su situación laboral”, en concreto quienes no habían consolidado su empleo y que “ponían en riesgo su vinculación laboral”, sin que hubiera habido “este tipo de manifestaciones. Por algo será”, subrayó Nieto.

El caso es que estamos en vísperas de integración en un nuevo organismo con sede en Sevilla, donde dicen que la lluvia es una maravilla, y se quedaron cortos porque no solo el Diluvio Universal debió ser a orillas del Guadalquivir una esplendorosa maravilla: también un Parque de las Ciencias y una Escuela Andaluza de Salud Pública serán pronto una maravilla que añadir a la leyenda. Es cuestión de esperar a la próxima Feria de Abril, que para entonces habrán encontrado una rima que inmortalice por sevillanas extinciones y disoluciones de cosas que, a decir de los populares, no van a cambiar. Y si no van a cambiar, ¿por qué las cambian?

Inmensa paradoja o juego de palabras aparte, el caso es que cuando no se han consumido ni dos semanas del abrazo al Parque de las Ciencias, donde tampoco iban a cambiar las cosas pero el dinero ahora se controla desde Sevilla, nos salen con estas sobre una institución académica y de gestión que lo único que ha hecho es acumular prestigio desde aquel lejano 1985 de su fundación y en los 35 años de vida que está a punto de cumplir.

En este ‘cambio del escabeche’, como lo ha bautizado Carlos Mármol en ‘El Mundo’, sorprende que este bipartito PP-Cs en el que los ‘naranjas’ han desaparecido del escenario, sorprende, digo, que por lo que respecta a Granada las iniciativas del nuevo Gobierno de la Junta se hayan centrado en los últimos días en dos instituciones que quedaron al margen de las múltiples denuncias que en los casi cuarenta años anteriores estuvieron exentas de las justificadas denuncias y polémicas que desataba el PP en torno a la multitud de chiringuitos que crecieron al compás de la elefantiasis de colocaciones e inutilidades con que se fue desplegando el maxiaparato administrativo en la prolongada era socialista.

Ni Parque de las Ciencias ni Escuela Andaluza de Salud Pública estuvieron nunca en el punto de mira ni en el centro de polémica alguna. Hay mucha tela para cortar en la neutralización de ese exagerado aparato elefantíasico que ha sido y todavía es la Junta. Pero el PP, frente a lo que ha sido su trayectoria anterior, ha optado por retorcer aun más el centralismo sevillano y su objetivo, por el momento, transita caminos de disolución de los escasos ‘polos’ de protagonismo que la autonomía dejó en Granada.

Entre ellos estaban el Capdea y el Egopa, unas siglas tan ininteligibles que un amigo ‘futbolero’, en cierta ocasión que oyó de buena mañana en la radio las conclusiones de uno de sus estudios, pensó para sus adentros: “¡Ya ha fichado Quique Pina otros dos negros…!” Pero no, Egopa y Capdea se correspondían con la Facultad de Ciencias Políticas de la muy prestigiada Universidad de Granada. Desde luego, mucho más prestigiada a nivel nacional e internacional que las de Sevilla o Málaga, el nuevo eje que gobierna ahora la autonomía. Es cierto que Egopa y Capdea -que tuvieron mucho tiempo para buscar alguna simplificación de sus siglas para dar mejor imagen- siempre estuvieron en el punto de mira del PP en la oposición cuando reiteradamente sus informes semestrales auguraban la hegemonía socialista y la derrota electoral de los populares. Pero es que las sucesivas citas arrojaban hegemonía socialista y sucesivas derrotas de los populares. Así, pues, no era culpa de ‘egopas’ o ‘capdeas’, sometidos en los últimos tiempos a una muerte por inanición cuando su principal fuente de financiación, CajaGranada, dejó de ser caja y dejó de ser Granada.

Ahora, en estos días, ha aparecido el informe de su sucesor, un denominado ‘CIS andaluz’ que no solo no se elabora desde Granada, pues parece que ni siquiera desde Andalucía. Por cierto que este último informe sigue dando al PSOE como fuerza más votada pero los populares ahora no lo critican aunque el ‘CIS andaluz’ los mantiene como segunda fuerza. Será que se conforman con la suma del bloque de derechas, que aventaja al de izquierdas gracias a la crecida de Vox a costa del paulatino hundimiento de Ciudadanos. No seráesta recóndita columna la que lance la sombra de la sospecha sobre sus conclusiones, aunque hay un dato que sorprende: todos los componentes de este gobierno autonómico PP-Cs aprueban. Un caso inédito en este tipo de análisis, pero ahí están: todo aprobados, incluido el adelantado Elías Bendodo, que en su asumido papel de ‘poli malo’ confunde archivadores con cajas fuertes, un ‘patón’ tan mal metido que cuando estos días ha aparecido una bañera de hidromasaje junto a otros lujos asiáticos en la trasera de un despacho ex socialista nuestro fustigador de la herencia recibida todavía no ha sacado su látigo flamígero.

En una de sus primeras canciones, aquel dúo sevillano y andaluz que formaron el matrimonio Lole y Manuel, por aquel entonces bien avenido, la voz femenina advertía a su cónyuge: ‘Manuel, no quieras conquistar mi corazón, que me lo robó Sevilla y no me lo devolvió’. Algo de eso ha debido pasarle al PP, que en la oposición hizo religión de los localismos -cosa que no hay que criticarle a los populares porque los localismos son anteriores al PP- pero ahora en el Gobierno se nos ha vuelto centralista y en la mirilla no deja de apuntar a Granada. Algo tiene Sevilla, y yo lo sé porque allí pasé diez de los mejores años de mi vida, porque -como seguían cantando Lole y Manuel- ‘enrea corasones en su mantilla’. Pues eso…



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