En Sevilla están mirando al Parque de las Ciencias

El Parque de las Ciencias consolida su proyección nacional e internacional en 2018
Exterior del Parque de las Ciencias de Granada | Foto: GD
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‘Cuando me lo contaron sentí el frío de una hoja de acero en las entrañas…’ Agradezco al sevillano que haya decidido empezar a tirar del Parque de las Ciencias para acercarlo a Triana que me haya devuelto a las ‘Rimas’ de Gustavo Adolfo Bécquer.

Porque -como en el poema becqueriano- ese y no otro es el primer sentimiento que se me vino a la mente al leer algo que me dejaba atónito: la gestión del Parque de las Ciencias se llevará ahora desde Sevilla. ‘Me apoyé contra el muro y un instante la conciencia perdí de dónde estaba’.

Y más aun: leí la triste noticia en las webs, lo ratificaba un periódico y lo confirmaba otro, aunque no pude seguir leyendo porque me pidieron cinco euros y me tuve que conformar con una guía de someras instrucciones para pelar una gamba que se mostraba con gran relieve frente a la pequeña parcela reservada al Parque. Quizá por eso, lo peor no era la noticia en sí sino el hecho de que cinco minutos después no se hubieran manifestado en contra todos los grupos municipales. Repito: ¡todos! Escribo otra vez: ¡¡¡todos!!!

Pero no, allí solo estaba Podemos. ‘Y entonces comprendí por qué se llora…’ continúa el poema de Bécquer, aunque yo, de natural pacífico, no llego a tanto como el genial autor de ‘Rimas y Leyendas’, que además en su poema comprendió ‘por qué se mata’. A última hora de la tarde del jueves, dos comunicados divergentes de las consejerías de Hacienda y de Educación (PP, por un lado; Ciudadanos, por otro) amortiguaban la alerta que había destapado el concejal Antonio Cambril. Todo se envuelve en una pretendida bandera de mejoras en la gestión por la vía de la intervención directa en los presupuestos, según la consejería ‘naranja’. En la consejería ‘popular’ son más duchos en estas materias: no en vano han mantenido el discurso de la queja sevillana durante años y años de autonomía. “Todo se mantendrá igual”, dicen. A la espera de comprobar si ello es así, en esta recóndita columna solo vemos ‘igual’ lo que ahora estarían diciendo los populares si la medida hubiera sido anunciada por los ‘susánidas’ socialistas de Susana Díaz…

Bécquer, por cierto, era sevillano. Pero de una Sevilla anterior a esta autonomía que iba a descentralizar el Estado y centralizó la autonomía. Dijimos aquí, cuando la Orquesta Ciudad de Granada se manifestó contra la desidia que la lleva a la muerte por apatía en una ciudad que aspira a la capitalidad cultural europea, dijimos -digo- que era esta una oportunidad oportunísima para que la nueva Junta demostrase que las cosas han cambiado, que ya no son como antes, que ya no habrá un chorreo de millones para la orquesta sevillana de Sevilla, inferior en calidad y prestigio a la granadina, mientras se condena a la OCG a la inanición.

He aquí, por tanto, una nueva oportunidad para demostrar que la insaciable voracidad autonómico-sevillana estaba pasando a mejor vida. Pero me temo que este llamamiento para salvar el Parque de las Ciencias ahora tendrá el mismo efecto que el anterior con la OCG. Es decir, ninguno.

Porque si enmarcamos este nuevo agravio a la ciudad en la habitual confrontación gobierno-oposición municipal nos enfrascaremos en un debate sin fin, en un intercambio de reproches no exento del comodín ‘y tú más’ al que los políticos nos han acostumbrado. Señores, no está en juego el cargo de un político o la reputación de un consejero, concejal o alcalde. Ni tan solo el legítimo orgullo local otra vez herido. Está en juego el valor añadido que aporta a Granada el Parque de las Ciencias. A punto de celebrar su 25 cumpleaños, a algún sevillano de los muchos que siempre miraron con celos el fulminante éxito de la instalación granadina se le ha ocurrido este despropósito en el que estamos a punto de caer.

El Parque de las Ciencias de Granada, por iniciativa del entonces alcalde Jesús Quero, ha sido gestionado con brillantez hasta convertirlo en una referencia europea, como corroboran los muchos proyectos internacionales en los que participa y el incesante, continuo y sostenido aumento de visitantes que registra. Mención aquí para su gestor, Ernesto Páramo, que desde el principio creyó en el proyecto y batalló por las sucesivas ampliaciones que lo llevaron a la hermosa realidad que es hoy. Si todo ha ido bien, ¿por qué cambiar?

La última estrofa del poema de Bécquer asegura que ‘pasó la nube de dolor’ y el poeta ‘con pena’ logró ‘balbucear’ breves palabras. ‘¿Quién me dio la noticia?’, se pregunta el vate. Aquí, Cambril. Quien con su alerta nos ha hecho ‘un gran favor’. Démosle ‘las gracias’.



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