El Zaidín Rock pasa el ecuador con mucho funk y poca lluvia

O'Funkillo y Huecco pusieron la marcha en una jornada en la que por fin se pudo disfrutar en plenitud gracias al buen clima

FOTOS VIERNES ZAIDÍN ROCK (11)
La segunda jornada del festival pudo transcurrir con normalidad, con el buen ambiente y la buena música por bandera | Foto y vídeo: Javier Gea
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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El ecuador del Zaidín Rock consiguió remontar tras la lluvia del pasado jueves. Si bien la jornada estuvo marcada por la amenaza del mal tiempo, esta vez el cielo dio varias horas de tregua y el festival lo agradeció. Reinó por fin un ambiente más propio de estas fiestas zaidineras, siempre en esa comunión entre el barrio, la feria y el rock como rareza tradicional.

No deja de resultar cuanto menos curiosa esta convergencia naturalizada a lo largo de las décadas entre los coches de choque y el grito enfurecido del cantante, los bafles vibrantes por el sonido de la guitarra eléctrica y los chatillos de vino cobijados por la escultura vintage, a veces algo pertubadora del gigantesco viñero. Así escrito de seguido, eso sí, es fácil encontrar la fraternidad en las estridencias.

La segunda jornada comenzó con el habitual peregrinaje hacia los aledaños del Palacio de los Deportes de los cientos de asistentes, a lo largo de la noche ya miles, que iban subiendo el volumen en la zona. Se preparaban para la noche los más avezados con la música de El Niño del Albayzín. La nota más local de la noche, con el buen rollo por bandera y varios fieles que no quisieron dejar pasar la oportunidad de verlo en semejante escenario. El buen ambiente inspirado por El Niño ponía en antecedentes para lo que luego sería O’Funkillo, pero eso ya fue otro cantar.

Antes se tuvo que llenar el foso del Zaidín Rock. Tuvieron que echarse varios miles de litros de cerveza encima y se tuvieron asimismo que llenar los zapatos de albero. Quedó claro a lo largo de la noche que si el frío amenazaba la mejor solución era ir poniendo el calor en colectivo. El ritmo comenzó a marcarlo aún a pesar de la prontitud la música de Funkdación, un grupo sólido, otra apuesta de la organización para caldear el ambiente sin pausa.

José Antonio García por su parte puso la nostalgia. El ex vocalista de grupos como TNT o 091, dejó claras las raíces en el rock lírico y que este tiene sus derivados y sus primos. Pureza ecléctica, sirvió de puente generacional. Sólo de observar al público se entendía cierto desfase entre los más jóvenes y los viejos rockeros, muchos de ellos con niños a cuestas y encendiéndose el cigarrillo o pidiendo refrigeríos con el rabillo del ojo puesto en los más pequeños.

En esas vino Huecco, una auténtica bomba que cayó de pie en el escenario zaidinero desde el minuto uno. El cantante, aunque ya lejano de sus años de más éxito comercial, fue una grata sorpresa para quienes no lo conocían y el delirio para quienes ya venían preparados. Se metió al público en el bolsillo, de eso no hay duda.

Ya avanzada la noche, O’funkillo, plato principal de la noche, apareció en escena. Un torrente que tras los pogos de Huecco funkearon hasta dejar satisfechos a los asistentes, algunos venidos incluso desde fuera de la provincia para aprovechar la oportunidad de verlos en directo. Un lujo para el evento y una vuelta a la citada nostalgia, esta vez sin desfase alguno, sólo con la fuerza «embrutessía» como se denominan a ellos mismo los sevillanos.

Pasado el ecuador, queda el último asalto de esta atípica feria de barrio, con Celtas Cortos como baluarte de un cartel donde también destaca Antílopez, Sínkope, Número Primo o Paciente sin clínica. Una buena oferta para esta remesa zaidinera, que sigue acogiendo a propios y extraños como cada año y que, a juzgar por los comentarios de algunos de los asistentes, tiene en el cariño del público su mayor capital.



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