El tiempo, idioma universal

Hamworthy Park Beach (0517)
Hamworthy Park Beach en Poole, en el sur de Inglaterra | Foto: D.L.
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Creo que sería un buen momento para consolidar y desterrar dos mitos que persiguen a la sociedad inglesa desde hace siglos a ojos de un español: el clima y la puntualidad. Empiezo por el segundo porque es el más fácil y no da para mucho. Son tan puntuales o impuntuales como cualquier persona de Motril, de San Roque o de Bratislava. Ni más ni menos.

El clima sí que tiene más matices. ¿Está siempre lloviendo aquí o es tan horroroso el tiempo como lo pintan? Difícil mantenerse neutral ahora mismo cuando lleva dos semanas seguidas sin parar de llover. Depende de la zona. En el sur y en el centro, yo diría que no. En el norte, sí. Una amiga acostumbrada a los calores gaditanos que vivía en Irlanda, me explicaba: en Irlanda el tiempo es siempre el doble peor que en el sur, aunque no funciona a la inversa. Es decir, si hace frío en el sur, en el norte hará el doble; si llueve, en el otro lado del mapa caerán chuzos; pero ¿y si hace calor?, pues los pobres irlandeses no estarán asados, sino todo lo contrario, tendrán frío. Así, en Inglaterra y especialmente al norte es habitual que los médicos recomienden tomar vitamina B para suplir la deficiencia del sol. Una cosa impensable para un andaluz.

Vayamos al sur, zona que conozco un poco mejor. Aquí puedo confirmar que no llueve todo el día, todos los días. (Por cierto, el dicho aquel que nos enseñaron de “it is raining cats and dogs” cuando caía un buen chaparrón ya está descatalogado, no se escucha, así que destiérrenlo de los libros de texto). Eso sí, en un mismo jueves puede hacer calor, frío, viento y lluvia sucesivamente o las cuatro estaciones en cuestión de horas. Y en una parte de la misma ciudad un tiempo espléndido y en la otra todo gris. Aquí para ir a la playa es mejor echar un jersey porque puede que estés tumbado en la arena a 22 grados y de pronto aparezca una nube y necesites el chubasquero.

Esa complejidad hace que la profesión de meteorólogo sea una de los que tenga mayores índices de desprestigio nacional. Vamos, que no suelen acertar en las previsiones y sea vean obligados a frases como “es posible que mañana sea un día soleado, pero tampoco descarten que llueva”. A pesar de ello, el espacio del tiempo en los informativos es imprescindible escucharlo si no se quiera estar fuera de juego al otro día en la oficina.

Esta variabilidad es lo que convierte al tiempo en un tema recurrente y explica su riqueza terminológica en este área. Más allá del hace frío, calor, lluvia o viento. Tienen palabras y además las usan por ejemplo para la llovizna (shower), la lluvia torrencial (heavy rain) o el aguacero (downpour). Puedes tener frío (cold) o estar helado (freezing)… Aunque a mí la que me sigue descolocando es la palabra chilly, que paradójicamente en español tiene como connotaciones abrasadoras, incluso picantes por aquello del chile. Pues aquí no, traducido es frío, helado, es decir, como cold, pero no es del todo igual. Quizás chilly es más informal, quizás no, quizás con chilly se presuponen menos grados, pero tampoco es del todo cierto porque a veces el cold es más fresco que el chilly. ¿Algún filólogo o traductor en la sala?

Ese foco por el clima marca el tempo de la vida aquí. Si se prevé que el día va a ser soleado, los ingleses nos/se tiran a la calle. Sacamos nuestras wellies (botas de agua) para ir a los parques siempre embarrados, los tendederos portátiles al jardín para que por fin la ropa se seque a temperatura ambiente y evitar la secadora, se limpian los coches (el domingo es el día oficial para sacarle brillo) y a poco que se tercie las chanclas. Cualquier espacio es perfecto para hacer un picnic. Porque aquí abundan los días grises, pero cuando llega uno bueno es espectacular como los claros en la sierra de Granada y, amigo, hay que aprovecharlo porque quien sabe cuánto durará o cuándo será el siguiente.

Paradójicamente el invierno es más duro que el verano, pero el calor lo llevan peor. Recuerdo nada más aterrizar, en mi primer mes de agosto, que viví una ola de calor. Era el tema de portada de los telediarios en la BBC: que si venía de África, que si no se saliera a la calle a determinadas horas, se activó un protocolo en los hospitales, se agotaron los ventiladores… el acabose. Creo que en el día peor de aquella ola no se pasó de los 30 grados. Y yo pensaba en aquellos termómetros ahogados en los tórridos agostos cerca de la Fuente de las Batallas alcanzando los 45. Porque aquí además el calor no es igual que allí, es como su versión más light. Un familiar estaba convencido de que los rayos de sol aquí caían como de pasada y en España iban directos al cogote a quemarropa. Como me gusta esa teoría, la doy por científicamente testada. Así se entiende también que cuando los ingleses se van de vacaciones a Mallorca se confían con nuestro sol y acaban achicharrados. Lo del balconing no lo entienden ni ellos. Pues he aquí un solo artículo para solo hablar del tiempo. Al final no solo va a ser un tema recurrente para los británicos.



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