La exhumación de Franco culmina sin incidentes en el Valle de los Caídos, donde estuvo 44 años enterrado

A pesar de que el atáud de madera donde se enterró a Franco en 1975 está dañado por el paso del tiempo, la familia ha decidido conservar la caja y trasladarla tal cual

Exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos
Traslado del féretro de Franco vuela a Mingorrubio
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Los restos mortales de Francisco Franco han regresado a El Pardo, el barrio de Madrid donde tuvo su residencia como jefe del Estado, después de la exhumación del dictador en la basílica del Valle de los Caídos. El traslado de su féretro en helicóptero, que no ha sido visible en la zona habilitada para la prensa desplazada al recinto, ha culminado una mañana sin incidentes en la entrada del monumento funerario donde Franco ha permanecido 44 años, 11 meses y un día sepultado.

Más de un centenar de periodistas de varias nacionalidades han madrugado este jueves para acudir al Valle de los Caídos, situado a 50 kilómetros al noroeste de Madrid. Los informadores acreditados por el Gobierno debían personarse en el Palacio de la Moncloa antes de las 6.00 horas para subirse a uno de los tres autobuses fletados por el Ejecutivo, algunos con distintivo de transporte escolar en su cristal trasero.

Los periodistas han atravesado la puerta de acceso al recinto ubicado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial sobre las 7.00 horas, y se han apostado a la izquierda de la entrada, custodiada por agentes de la Guardia Civil, donde arranca la carretera de seis kilómetros que conduce a la basílica donde Franco fue inhumado el 23 de noviembre de 1975, cerrada al público desde hace dos semanas.

El alemán Marc Dugge ha sido uno de los informadores que ha llegado al Valle de los Caídos antes del alba. Periodista de la radio pública alemana ARD, explicaba que la exhumación de Franco ha generado mucho interés en Alemania por la proximidad que tuvo su régimen al nazi de Adolf Hitler. «Nuestro dictador se suicidó, mientras que aquí murió en la cama, es una gran diferencia», apostillaba.

LOS FRANQUISTAS NO MADRUGAN

Antes de amanecer, las furgonetas de los operarios de Iber Funeraria y de la empresa conquense Hermanos Verdugo se agolpaban a la entrada del recinto. Estos últimos tenían el encargo de retirar la losa de 1.500 kilos de granito que cubría la sepultura del dictador. El director de todos ellos, el tanatopractor Humberto Sepúlveda, bajaba del vehículo sobre las 7.30 horas para recoger las acreditaciones de la veintena de personas que cumplirían el mandato del Gobierno de sacar al dictador del Valle de los Caídos.

Cuando empezó a salir el sol, no había rastro de franquistas y nostálgicos en Cuelgamuros, la zona que Franco visitó en 1939 tras la Guerra Civil y donde decidió erigir un monumento a los caídos que desafiara «al tiempo y al olvido». Sólo algún coche que circulaba por la carretera de El Escorial hacía sonar el claxon, pero ningún nostálgico del régimen ha madrugado para mostrar su rechazo al traslado de los restos de Franco.

Sí lo han hecho, sin embargo, afectados por la Poliomielitis, enfermedad que afectó a la población infantil española entre 1950 y 1964. Apoyados en muletas o en silla de ruedas, han aprovechado que este jueves se manifestaban en Madrid para recordar ante la prensa congregada en el Valle de los Caídos la responsabilidad que tuvo la dictadura en su caso.

«Hemos venido porque este señor no nos dio la vacuna», explicaba una de las personas afectadas. El grupo ha tenido el tiempo justo para desplegar un par de pancartas reclamando justicia antes de que agentes de la Guardia Civil les ordenara marcharse.

COCHES CON ‘EL NOVIO DE LA MUERTE’

Con las cámaras apuntando a las verjas de la entrada, los periodistas abrigados hasta con gorros para protegerse del frío de la sierra madrileña recogían la llegada motorizada y en dos tandas de los 22 descendientes y familiares de Franco acreditados para asistir a la exhumación. También de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que acudía como representante del Gobierno de Pedro Sánchez en calidad de notaria mayor del Reino.

Todo eso ocurría antes de las 10.00 horas. La exhumación, prevista a las 10.30 horas, comenzaba lejos de la zona destinada a la prensa, que en ese momento se abalanzaba a por los contados franquistas que llegaban a las mediaciones del Valle de los Caídos, todavía lejos de la entrada.

Vigilados por agentes de la Guardia Civil y confinados en la puerta de una finca frente el acceso del Valle de los Caídos, los primeros nostálgicos en aparecer hacían sonar himnos militares como ‘El novio de la muerte’ desde un coche e intentaban, en vano, desplegar pancartas contra «el robo del cuerpo» de Franco, en palabras de Pilar Gutiérrez, televisiva franquista hija de un ministro del régimen.

«Este dictador de la Moncloa se pasa por el forro la voluntad popular», afirmaba en alusión al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. Para Gutiérrez, la exhumación de Franco es «la consumación del Golpe de Estado del año pasado con la moción de censura».

Con los primeros franquistas llegaban también los helicópteros del ejército preparados para trasladar los restos de Franco al cementerio de Mingorrubio, en el barrio de El Pardo, cerca de la colonia que la dictadura construyó para sus guardias y escoltas, cuyos oficiales portaron el féretro del ‘generalísimo’ durante el funeral del 23 de noviembre de 1975.

En el Valle de los Caídos, mientras tanto, en un arcén de la carretera de El Escorial se sumaban algunos manifestantes más, siempre superados en número por periodistas que buscaban su testimonio. Había desde militares retirados que juraron bandera durante el franquismo a jóvenes que nacieron en el siglo XX, como Bosco, adolescente que llegó en bicicleta desde un municipio cercano envuelto en una bandera constitucional de España.

José Antonio venía desde mucho más lejos, y se traía a toda la familia. Este trabajador del campo de 42 años se ha plantado en el Valle de los Caídos procedente de Ciudad Real junto a su mujer y dos hijos, uno en edad escolar, para comprobar que sacaban los restos de Franco. A pesar de su antipatía al dictador, él y su prole se mezclaban con el grupo de franquistas, que se manifestaba sin apenas ruido.

Aunque portaran pancartas con agresividad en el mensaje («Estado dictatorial», se leía en una de las telas de los partidarios del dictador), los nostálgicos de Franco se mostraban, por lo general, mansos como las vacas que pastaban bajo las encinas a unos pocos metros del acceso del Valle de los Caídos.

Quizás por eso, y sobre todo porque en cualquier momento podían ser atropellados en un descuido, los agentes de la Guardia Civil decidían trasladar al pequeño grupo de franquistas al pinar que se encuentra en la misma puerta del Valle de los Caídos y así evitar accidentes en la carretera, muy transitada al mediodía, y donde seguían sonando cláxones, aunque no se distiguía si los pitidos tenían intención de celebrar el traslado de Franco o desaprobarlo.

EL DESENLACE, POR EL MÓVIL

A esas horas, el cielo se despejaba en el entorno de Cuelgamuros, pero un nubarrón negro seguía incrustado sobre la hondanada en la que se levantó el Valle de los Caídos. Desde arriba llegaban, móviles mediante, noticias de la retirada de la losa y la extracción del féretro. También un aire gélido que bajaba de la sierra. Sólo cuando el cielo terminó de despejarse, poco antes de las 13.00 horas, corrió el rumor de que la salida de los restos de Franco eran inminentes.

Entonces, los periodistas empezaron a arremolinarse buscando la retransmisión de las históricas imágenes en las pequeñas pantallas de los ‘smartphones’. Nadie, salvo las autoridades y la familia de Franco, estaban tan cerca como ellos del féretro exhumado de Franco, pero los kilómetros eran insalvables y tuvieron que seguir el desenlace como cualquier otro mortal: viendo la señal de Televisión Española.



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