El estorbo de la noria

Inauguración de la noria en el paseo del salón en Granada
La noria del Paseo del Salón, el día que dio sus primeros viajes | Foto: Antonio L. Juárez
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A dos meses y medio de su desfile procesional andan las cofradías muy preocupadas por la presencia de la noria en el Salón y ante la advertencia de un plante si no se les ofrece un itinerario alternativo, el alcalde Luis Salvador, en un alarde de sensibilidad, se ha ofrecido a mediar a la busca de una solución que satisfaga a todos.

Cuando leí la noticia en ‘Granada Hoy’ hice una investigación de urgencia en los cuatro evangelistas, a la busca del capítulo y versículo donde se hable de la incompatibilidad de penitentes e imágenes con columpio de fondo. No los encontré, pero en las semanas que faltan hasta el Domingo de Ramos proseguiré con ahínco la búsqueda, que extenderé a los evangelios apócrifos y, de persistir en la ignorancia, proseguiré por el Pentateucro hasta completar la Biblia si me da tiempo. Entretanto, quise analizar por analogía la experiencia de otras ciudades europeas, desde Viena, cuya noria inmortalizó Carold Reed en ‘El tercer hombre’, a la macroinstalación de Londres, pero tuve que descartar el estudio empírico porque en esos mundos lejanos cargados de agnósticos y ateos no están para procesiones.

Después leí en ‘Ideal’ que la oposición a la noria se fundamenta en “razones estéticas”. Parece ser que esas calles pringosas por la cera derramada, que obliga a Inagra a un sobreesfuerzo para devolver en el menor tiempo posible una imagen higiénica, ese agua que se derrocha en época de sequía para arrancar la cera del pavimento, esa racha de costalazos que se llevan los motoristas en los días inmediatos a Semana Santa, por no hablar de la basura acumulada bajo las tribunas del itinerario oficial, no conmovieron lo suficiente la sensibilidad estética de nuestros heraldos, ahora sí muy concienciados ante la dudosa estética de un penitente vela en mano o una imagen avanzando gracias al esfuerzo costalero mientras de fondo se aprecia el suave balancear de las barquillas de la noria.

Podría haber consultado a otros expertos. Pero la primera autoridad que se me vino a la mente, monseñor Antonio Cañizares, anda muy ocupado en la oración por la unidad de España. Y, además, si lo hubiera llamado seguro que me voy por las ramas y llevado por la imprudencia que me caracteriza termino por adentrarme en la impertinencia: “Monseñor, ¿por qué la unidad de España es una bendición del Cielo, pero la Iglesia, el Papa, el Vaticano, combatieron con las armas la unidad de Italia?” (Y no es una frase hecha, no: Papa, Iglesia, Vaticano combatieron con las armas la unidad de Italia en el siglo XIX).

Es que con monseñor Cañizares yo tuve una mala entrada: allá por las primeras semanas de 1997, cuando tomó posesión como arzobispo de Granada, el arzobispado organizó un desayuno en un hotel para la presentación de monseñor a la prensa. Por aquellos días el Vaticano había esbozado una cierta autocrítica ante la postura tibia de la Iglesia en la denuncia del nazismo alemán y el fascismo italiano que desembocaron en la segunda guerra mundial. Ingenuo de mí, se me ocurrió preguntarle si también la Iglesia española debería revisar actitudes y comportamientos durante la guerra civil -donde miles de sacerdotes fueron víctimas, es cierto- y, sobre todo, la posguerra. No se esperaba aquella impertinencia y con una mirada que casi me parte en dos, balbuceó una respuesta que -así, de memoria; han pasado veintidós años- venía a decir que otros -que no especificó- tendrían también que pedir perdón, un perdón que -si se refería, como es de suponer, a las organizaciones de izquierda- ya habían pedido en forma de llamadas a la reconciliación y pagado en forma de cárcel, exilio o muerte. Más el pequeño detalle de que el perdón forma parte capital de los postulados de la Iglesia católica, sin que esos mandamientos de la ley de Dios establezcan que para perdonar a tu enemigo primero ha de pedirte perdón él, condición previa que en el ‘universo Cañizares’ sí es de aplicación. Peor suerte tuvo algún compañero de la prensa, al que monseñor, durante su estancia granadina, anatemizó en un céntrico restaurante sin cortarse ante la concurrencia que llenaba el comedor a la hora del almuerzo…

En fin, que -volviendo a lo realmente ‘importante’- en los dos meses y medio que faltan hasta que la ‘Burriquilla’ haga su entrada triunfal por las calles de Granada asistiremos a un tira y afloja que lleve a alguna solución de compromiso y facilite la presencia de todas las procesiones por sus recorridos habituales o los alternativos que eviten esa imagen antievangélica que tanto temen las cofradías afectadas por la presencia de la noria. Que digo yo -y perdón de nuevo por la impertinencia- que cuando a comienzos de los sesenta los coches comenzaron a poblar las calles de Granada y demás capitales españolas también resultaría chocante la silueta de algún seiscientos aparcado como fondo de penitentes y pasos de Semana Santa. O los letreros luminosos de las calles… Y entonces -que yo sepa- nadie dijo nada más allá del estorbo que suponían para el tránsito de las imágenes por el Zacatín. Pero que, vamos, que dejo la solución en manos de los expertos, que seguro que saben mucho más que yo. Y si hay que desmontar la noria, ¡se desmonta!

Todos los demás problemas quedan aplazados hasta fechas posteriores al Domingo de Resurrección. Lo primero es lo primero.



Comentarios

2 comentarios en “El estorbo de la noria

  1. Por eso en Granada tenemos lo que nos merecemos porque da igual lo que sea pero no estoy de acuerdo si no saco beneficio, o si a mi no se me pregunta,
    Por ello tenemos un aeropuerto, una estacion de tren, de mierda. Estando Granada en una ubicacion, con un monumento que lo venden los Malagueños como si fuera suyo ( que por ello son mas listo y le va mejor), una sierra espectacular y unas playas inmejorables.

    Pero como somos lo mas envidiosos y no podemos ver al vecino triunfar, asi nos va

  2. La verdad es que esta artículo de opinión me parece una verdadera vergüenza. En primer lugar me gustaría aclarar que las hermandades no han dicho en ningún momento que se tenga que desmontar la noria, lo único que se ha dicho es que por motivos estéticos no se pasará por debajo de la misma, sino que irá por acera del Darro para más tarde buscar la carrera de la virgen. Creo que es de lógica y que no hace falta que se manifieste en la biblia que no sea estético el pasar por debajo de una noria, y como ejemplo ¿ Es acaso estético que el alcalde por ejemplo fuera en chándal a un acto oficial?.
    Luego me parece que la crítica que hace no es para nada constructiva, sino ofensiva. La Semana Santa aporta muchísimo dinero a la ciudad, el sector hostelero duplica e incluso triplica las ventas y los hoteles rozan el 100%. Viendo su interés por el tema, supongo que sabe que la Semana Santa de Granada es de interés turístico internacional y que por lo tanto se merece un respeto, más allá de su religiosidad, es una muestra importantísima de arte. Así que si no sabe apreciar lo que esta aporta económica y artísticamente supongo que es porque no se encuentra usted muy bien informado.
    Respeto que sea su opinión, pero no creo que esta manera tan despectiva sea la mejor manera de hacerla.
    Un saludo

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