El Darro del siglo XXI

barrio Albaicin, paseo de los tristes y carrera del Darro en Granada
Un artista callejero toca la guitarra con el Darro al fondo | Autor: Archivo GD
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Recuperar la estampa romántica de Granada. He aquí la propuesta que por novedosa y atrevida se ha convertido por méritos propios en la estrella de una campaña escasamente imaginativa. Naturalmente, para que una idea semejante saltase a la palestra hacía falta que a la política se incorporase gente como Antonio Cambril. Esto es, protagonistas sin débitos ni ataduras a sus respectivos partidos y sus manuales de campaña.

No me imagino yo a Cambril cumpliendo esos rituales que por repetidos atosigan en cuanto se atisba una cita electoral, cosa que en España y el calendario que hemos creado no da tregua. Ese ritual que obliga a subir a un niño en brazos tan pronto como aparece un tierno infante en el radio de tres metros a la redonda. O ese extraño tic que hace a los políticos precipitarse sobre un futbolín y simular una partida si en el entorno hay fotógrafos.

No, no veo yo a Cambril en esos ardores, pero sí que lo imagino imaginando…

Imaginando, por ejemplo, la recuperación de este Darro que enterramos en una bóveda y que cíclicamente se toma sus venganzas en forma de crecidas o estallidos que secularmente alteran la paz ciudadana en el céntrico eje soterrado por el que discurre. «Granada, agua oculta que llora…», en el verso de Manuel Machado.

Lo dejó escrito Ángel Ganivet: «Ciudad que esconde sus ríos…», un lamento inacabado y vergonzante que, además, selló para siempre el eje de la ciudad a través de la decisión que siguió al soterramiento, la de abrir la Gran Vía por el trazado que hoy conocemos. Ese eje Gran Vía-Reyes Católicos que más de un siglo después condiciona los ritmos ciudadanos porque no ideó en paralelo otros itinerarios alternativos.

Pensar en lo que pudo ser y no fue es como aquel otro axioma que dice que la nostalgia de lo no vivido genera melancolía. Al ‘Revés del Zacatín’ -como se conocía en Granada al río descubierto por lo que hoy es Reyes Católicos- no se le tenía en gran estima: mal iluminado para lo que existía en la época, vertedero de los tintes que había en la zona, uno se inclina a pensar que la decisión de esconderlo debió ser hasta popular entre los granadinos de entonces -dicho con expresiones de ahora- y que sus razones de salubridad y saneamiento no eran gratuitas.

Solo que… más efectivo hubiera sido evitar los vertidos y mejorar las condiciones de paso por el entorno. El soterramiento, en todo caso, solo abarcó en un primer momento a la apertura de la calle Reyes Católicos -y los nombres que ha tenido en distintas épocas-, pero lo que ya no tuvo nombre fueron las sucesivas fases, en especial la de la actual Puerta Real, donde ya no asistían razones de salud pública, o la final, hasta la desembocadura en el Genil.

Por cierto que hay ‘malafollólogos’ que sitúan en esta operación de embovedado una de las génesis que explicarían la aparición de la ‘malafollá granaína’, pues al ocultar el cauce la bóveda en ese espacio que hoy llamamos Puerta Real era tan alta en su ovalado que impedía -en pleno corazón, ‘kilómetro cero’ de la ciudad- a los transeúntes de una acera ver a los de la otra. Y explica también por qué han sobrevivido los dos nombres a un siglo desde aquella desdichada operación: Acera del Casino y Acera del Darro y, en el centro, el Embovedado, denominación oficial de esa explanada cuyo nombre ha colonizado la Puerta Real que en principio fue solo eso, una puerta.

Y en estas llegó Cambril. Naturalmente, yo gloso tan brillante idea con palabras que gimen, porque la iniciativa para ponerla en marcha necesitará de unanimidades a las que tan alérgicos somos los granadinos en la búsqueda de financiación internacional. Y escucho una brisa por los olivos, porque dudo de que se alcance esa unanimidad para acudir ante organismos europeos e internacionales en demanda de financiación. Una propuesta de Podemos que debe trascender a sus siglas para hacerla de todos los granadinos.

Un Darro descubierto -con medidas en paralelo para que el paseo por la orilla del río descubierto no se convierta en una carrera de obstáculos entre centenares de terrazas- abocaría a una sucesiva fase: la de dejar un casco histórico enteramente peatonalizado, como ocurre en la mayoría de las ciudades europeas con una historia y una leyenda parecidas a Granada.

Al soterrar el río a finales del siglo XIX condicionamos el desarrollo urbano del XX. Ojalá el XXI sea el de la rectificación.



Comentarios

Un comentario en “El Darro del siglo XXI

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    Miguel Moreno Carretero

    Yo, en la foto de cabecera del artículo -tomada en el mirador de San Nicolás-, veo claramente a un guitarrista con la Alcazaba de la Alhambra al fondo, pero para ver el río Darro, lo que se dice el Darro, hay que tener una poca de imaginación. Sabemos que está porque lo sabemos, no por que se vea en la foto. En resumen, si el artículo va sobre el río Darro, podían haber escogido una foto donde se vea el río, que digo yo que alguna habrá por ahí ¿no les parece?

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