Dos artistas granadinos participan en la exposición del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

La exposición pretende mostrar una forma de hacer arte heterogéneo y diferente a través de las propuestas de los artistas andaluces

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Dos artistas granadinos, de los doce en total, participan en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en la exposición “Entre las formas que van hacia la sierpe y las formas que buscan el cristal”, con obras realizadas específicamente para esta muestra. La exposición estará abierta al público desde el 4 de diciembre de 2020 al 9 de mayo de 2021.

Se trata de los artistas, Alvaro Alvadalejo y Pablo Capitán del Río. A estos se añaden Ana Barriga, Álvaro Escalona, Valle Galera, Irene Infantes, Christian Lagata, Manuel M. Romero, José Manuel Martínez Bellido, Moreno Grau, Mercedes Pimiento y Florencia Rojas. El título se ha extraído de “Vuelta de paseo”, primer poema de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca y adelanta, de alguna forma, la variedad de intereses del trabajo que realizan los artistas que conforman esta exposición. De creadores del panorama andaluz actual, reúne a doce artistas andaluces o residentes en la comunidad autónoma, nacidos a partir de 1980.

Con esta exposición no se pretende reivindicar una manera andaluza de hacer arte, sino apuntar hacia lo heterogéno, lo formalmente diferente y lo semánticamente complejo a través de las propuestas de los artistas andaluces de hoy. Algunas propuestas, todas producidas específicamente para la exposición, interpelan directamente a referentes cercanos y reconocibles, mientras otras se alejan proponiendo realidades incluso inexistentes. El trabajo de Mercedes Pimiento y Florencia Rojas ahonda en la arquitectura e historia de este edificio, mientras que Álvaro Escalona busca establecer un vínculo entre esa historia y el poemario, por medio de la abstracción sonora. Si bien las propuestas de Valle Galera y Ana Barriga son distintas, ambas se adentran en el universo lorquiano. En sus instalaciones, Irene Infantes y Christian Lagata emplean, respectivamente, elementos textiles e industriales, entablando un diálogo constante entre la naturaleza de los materiales con los que trabajan y el sentido que estos cobran tras su transformación y ubicación en un nuevo contexto. La aparente simplicidad de los cuadros de Manuel M. Romero introduce en la exposición una reflexión sobre las posibilidades internas de la propia pintura, comparable a la de José Manuel Martínez Bellido sobre la fotografía misma como disciplina artística.

Esta instalación se esconde del espectador, pues para verla, hay que entrar en la sala y levantar la mirada. Este preámbulo esquivo y, hasta cierto punto, seductor, sirve para sorprender al visitante, que de pronto se da de bruces con una pieza de escayola instalada en el techo de la sala, a modo de moldura. Inspirada en una forma ornamental habitual en las rejas y las cancelas andaluzas, está recubierta parcialmente con cristales de permanganato de potasio, que, dependiendo del estado de secado, pueden ser violetas, rojos o negruzcos. La obra, una vez instalada, ha sido rociada con una solución de permanganato y sulfato para favorecer el florecimiento de nuevas cristalizaciones, de modo que irá evolucionando de una manera imprevisible a medida que transcurra la exposición. Esta combinación entre forma que va hacia la sierpe y cristales de permanganato tiene una razón de ser curiosa, ya que este compuesto se usaba como remedio contra las mordeduras de víbora.







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