Demuestran que la contaminación lumínica en Granada descendió en el primer confinamiento

Los datos recogidos con fotómetros en tierra muestran un descenso del 40% en la luz azul, debido al descenso de la actividad económica

La contaminación lumínica se ha relacionado con perjuicios en la salud humana y la de los ecosistemas | Foto: Dani B / Archivo
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El Instituto de Astrofísica de Andalucía, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAA-CSIC), ha liderado un proyecto para medir los efectos de la disminución de la iluminación en la ciudad de Granada durante el primer estado de alarma contra la pandemia de coronavirus, entre marzo y mayo de 2020, detectando niveles inferiores de contaminación lumínica.

La contaminación lumínica, un problema derivado de la iluminación artificial que se ha relacionado con perjuicios en la salud humana y la de los ecosistemas, según ha informado en una nota sobre esta investigación el IAA-CSIC.

Este trabajo ha puesto de manifiesto una de las carencias que los expertos en calidad del cielo ya conocían, relacionado con una de las pocas herramientas espaciales disponibles para la toma de datos. “Si comparamos imágenes de satélite antes y durante el confinamiento apenas se notan cambios, pero si nos fijamos en datos tomados en tierra ahí vemos algo diferente, y por dos motivos principales: el satélite pasa de madrugada, cuando la actividad humana ya ha cesado, y es ‘ciego’ a la luz azul, rango en el que emiten muchos de los LEDs usados a día de hoy”, ha apuntado Máximo Bustamante-Calabria, investigador del IAA-CSIC que encabeza el trabajo.

En cambio, los datos recogidos en Granada con fotómetros en tierra, equipados con diferentes filtros, muestran un claro descenso en el brillo del cielo durante las primeras horas de la noche, concretamente de un 20 por ciento en términos generales y de casi un 40 por ciento en la luz azul, debido sobre todo al descenso de la actividad económica.

En cambio, de madrugada, los cambios han sido menores, con una reducción de entre un cinco y un diez por ciento, lo que sí concuerda con los datos de satélite. El equipo ha creado una aplicación web que permite visualizar en qué lugares se ha producido una reducción en alumbrado exterior que está en funcionamiento en la madrugada. En general, la reducción ha sido mínima, con la excepción de los aeropuertos y un par de ciudades.

“Es evidente que la emisión de luz está muy vinculada a la actividad humana, y esta se desarrolla sobre todo antes de la medianoche, pero hemos comprobado que la contaminación atmosférica también influye. Hemos comprobado que existe una importante correlación entre la concentración de partículas y el brillo del cielo, debido a que los aerosoles y partículas tienen un papel importante en la dispersión de la luz. Así, la disminución de brillo en las primeras horas de la noche se debe sobre todo a la ausencia de tráfico durante el confinamiento y a la transparencia del aire, así como al apagado del alumbrado privado. La pequeña variación de madrugada nos dice que el alumbrado público no ha tenido un comportamiento distinto al que tenía programado antes del confinamiento”, ha señalado Bustamante-Calabria.

El estudio empleó cámaras DSLR y de 360 para documentar aforos y actividad en calles y fachadas y, en paralelo, se utilizaron fotómetros SQM y TESS para la monitorización continua del brillo de cielo. “Vemos que, para el estudio de la contaminación lumínica como indicador de la actividad humana nocturna, resulta de momento más útil la fotometría en tierra, y en especial en la banda azul. De hecho, nuestro estudio es prácticamente el único que ha podido detectar los efectos del estado de alarma gracias al uso de datos en tierra”, ha apuntado Alejandro Sánchez de Miguel, investigador del IAA-CSIC y de la Universidad de Exeter (Reino Unido) que participa en el trabajo.

 







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