De poppys y bigotes

Fuegos artificiales en Poole 2019
Fuegos artificiales en Poole, en el suroeste de la isla | Fotos: D.L.
Avatar for David Lendínez
0

Si yo fuera perro en Inglaterra en noviembre dimitiría, haría las maletas y no volvería hasta el año que viene, que es cuando más o menos se dejan de ver y sobre todo escuchar sus famosos fuegos artificiales. Digo perros porque es conocida su animadversión a estos espectáculos, pero amplíese a padres que intentan conciliar el sueño de bebés o a aquellos que se despiertan con un suspiro. Los más rumberos tienen cada noche un motivo para hacer un brindis.

El calendario festivo tras el verano británico, llamémoslo así, se divide en tres tramos: Halloween, la Noche de las Hogueras (Bonfire Night) y Navidad.

El primero arranca en octubre y concluye la noche del 31 con el famoso Truco o Trato. Curiosamente esta fiesta no viene de Estados Unidos, que la ha adaptado como casi todo a lo grande, sino que es de origen celta para celebrar el fin de verano y las cosechas irlandesas. Yo, que soy más del Día de Todos los Santos y sus frutos secos correspondientes, reconozco que para un niño Halloween es una bicoca: se disfrazan, se pintan la cara, les está permitido asustar, gritar y con solo tocar las puertas de los vecinos reciben caramelos. Dónde se han visto en otra. Un poquito más divertido que visitar cementerios es.

Este año experimenté mi primer Halloween acompañando a mi hija de 4 años llamando a las puertas del vecindario. Y no sé por qué, pero me imaginaba algún que otro vecino cabreado después de ver su timbre achicharrado o niños sin control. Y no, al menos en mi barrio. Está bien organizado porque no improvisas. Llamas a las casas donde están decoradas con motivos halloweenies. Si las luces están apagadas y no se atisban calabazas, mejor no probar porque ahí vivirá un sieso. Yo fui un sieso en mis dos primeros años viviendo aquí. No hay excusas, pero también vivía en un piso. Tocas y a coger caramelos. La ansia por pillar más hace que lo del truco o trato ya se esté perdiendo y apenas si se menciona. Happy Halloween y a otra casa. Me encantó y a la vez repudió un tipo que abrió la puerta veloz y salió con una máscara de mono loco. Imaginad la cara de los más pequeños, pero por otra parte pensé que tampoco era malo que los niños aprendieran a ir con cautela cuando entraban en jardines ajenos (atentos a la metáfora). El hombre se despojó de su máscara y ofreció dulces. Mi hija, por si acaso, me dijo: «Mejor a otra casa».

Y sin transición llega su famoso «Remember, remember the 5th of November». Es la noche en la que se celebra que Guy Fawkes y sus secuaces intentaron destruir el palacio de Westminster, la sede del parlamento en Londres, el 5 de noviembre de 1605 para restaurar una monarquía católica. Preparan hogueras como las noches de San Juan en Motril, pero con intenciones algo menos románticas que pedir deseos para que se cumplan a lo largo de año. Aquí, durante la pira, se quema la efigie de Guy Fawkes, que curiosamente no murió achicharrado, sino que prefirió ser dueño de su destino o, en otras palabras, se olió la tostada y se suicidó antes de ser ahorcado por alta traición. Es el día oficial para el lanzamiento de los fuegos artificiales, aunque supongo que por cosas de lo mercantil la pirotecnia no se aparca ya hasta después de las Navidades. Cualquier excusa es buena para unos fueguitos, que se pueden adquirir en supermercados e incluso han de reservarse si se quiere alguno específico. Se clasifican por los efectos visuales y sonidos. No es lo mismo uno con forma de crisantemo, que de anillo o cola de caballo.

Cada cual puede organizar su espectáculo en su jardín. Es recomendable avisar al vecino para que esté precavido e incluso, dependiendo del grado de confianza, se una. Es como decir: «Vecino, voy a montar una fiesta en mi casa, para que lo sepas y luego no te quejes. Si quieres, estás invitado». Nada te podrá reprochar luego. Plantas tus fuegos en tu jardín y a disfrutar.

El 11 de noviembre se conmemora el final de la I Guerra Mundial y la amapola roja es el símbolo elegido.

Noviembre  es también el mes donde florecen los poppys (amapolas). El 11 de Noviembre se conmemora el Remembrance Day o el final de la I Guerra Mundial. Este día los negocios paran un minuto su actividad para recordar en silencio los 3 millones de ingleses que murieron. Impresiona la cifra de 3 millones y también ver los negocios tradicionales de una high street cerrados y todo el mundo callado. La amapola roja es el símbolo elegido para estos actos. En internet hay muchas teorías casi todas ellas coincidentes, aunque no en los detalles. Me gusta por lo épico, esa que cuenta que hubo una batalla durísima en Flandes (Bélgica) y quedó todo absolutamente aniquilado. Pero ya saben, lo de la muerte también trae vida y las amapolas aprovechando la tierra removida brotaron. Lo del color rojo puede simbolizar la sangre derramada o bien porque así era la propia especie vegetal que nacía en esa tierra. El caso es que todo el mundo la lleva, especialmente en las solapas, pero no solo personas, también en cosas: en autobuses, coches, escaparates, tazas… Pones poppy en Amazon y hay absolutamente de todo: pañuelos, manteles, copas, bolígrafos, pendientes, collares… La idea inicial y, se supone, la actual era recaudar fondos para los miles de ex soldados y sus familias.

Se cuelgan poppys y los hombres se dejan bigote. Es el denominado Movember (de la contracción Moustache y November), originario de Australia. Nació, como las grandes ideas, de cervezas. Travis Garone y Luke Slattery (a partir de ahora Trav y Lucas) eran dos amigos que se estaban tomando un par de cervezas en Melbourne en 2003 y hablaban de las modas que sucumbieron como los grandes bigotes. Se propusieron un reto: traerlo de vuelta. Y lo acompañaron de una causa: recaudar fondos para concienciar sobre la salud de los hombres y el cáncer de próstata. El cóctel funcionó y rápidamente encontraron a 30 atrevidos con intenciones bigotudas. Así fue como creció este movimiento hoy ya extendido por medio mundo. Los fines se han ampliado: cáncer de testículos, problemas mentales…, pero las reglas siguen siendo las mismas: dejarse el bigote un mes y donar 10 dólares por cada mostacho, abundante o no. Lo que pareció una idea de dos colegas con el puntillo pegado ha normalizado un proceso en el que personas de tu entorno que las consideras como serias e incluso de prestigio empiezan a principios de Noviembre a dar libertad a su bigote hasta diciembre, pasando de Aznar a Freddy Mercury. Tampoco puedes bromear demasiado, como debería ser, porque es para una buena causa. En Inglaterra está calando, no al nivel de los poppys, porque los británicos son mucho de sumarse a cualquier causa benéfica.

Y claro, con toda esta actividad previa, llega Navidad en diciembre y estás exhausto e incluso te parece hasta poco cuando aterriza Papa Noel descendiendo por tu chimenea de tiro minúsculo. De las acrobacias papanoelianas y de las costumbres navideñas británicas ya habrá un capítulo en diciembre.

 



Se el primero en comentar

Deja un comentario