De crack a batracio

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Reina por un Día de andar por casa fue el partido de los Maradonas frente al Malmoe, 15-11-87. Toni, Delgado, Pedro, Lina, Salva y Leo; con Manolo Linares, Ramón, Hugo Maradona, Lalo Maradona, Diego Armando Maradona y Choya
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Puede ser incluso mejor que Diego Armando, decía eufórico a los plumillas deportivos en septiembre de 1987 el presidente del Granada, Alfonso Suárez, recién llegado de Buenos Aires adonde había viajado para fichar al futbolista al que se refería con su comentario, el mediano de la saga Maradona, Raúl Alfredo, Lalo para los amigos y para el fútbol, a punto de cumplir 21 años y perteneciente hasta ese momento a Boca. Veinte millones de pesetas pagaderos en tres ejercicios costaría la operación, según se dijo a la prensa en esos momentos, pero lo cierto -esto se conoció bastantes meses después- fue que el Granada se comprometió a desembolsar el doble de esa cantidad 350.000 $ de vellón (unos 40 kilos de rubias leandras), y eso sin contar otras gabelas como casa y coche, más dos pasajes de ida y vuelta a Buenos Aires cada temporada de las tres por las que firmó el argentino.

A finales de ese mes de septiembre aterrizó en Granada el fenómeno en ciernes. Su incorporación convirtió cada entrenamiento del equipo rojiblanco en un acontecimiento. Periodistas de medio mundo acudían a diario a Los Cármenes para entrevistarlo e informar de las evoluciones del hermanísimo. Cuando después de un mes pudo por fin debutar en competición eran ya ejércitos de plumillas, camarógrafos y espiquers los que perseguían a aquel mozuelo bajito y escaso de carnes pero con el apellido más ilustre del momento, futbolísticamente hablando. Tuvo un debut afortunado, con paliza al Coruña (con un gol de penal y un palo del nuevo ídolo rojiblanco) seguida de una gran victoria a domicilio en el feudo de uno de los gallitos como era el Rayo Vallecano. Y la locura colectiva y el paroxismo desatado acontecieron pocas semanas después, a mediados de noviembre, cuando Maradonita y sus dos hermanos, venidos expresamente en jet privado desde Nápoles en unión de una larguísima parentela, se vistieron de corto rojiblanco para en Los Cármenes jugar un amistoso frente al Malmoe sueco; legiones de medios informativos y de patrones de pesca colapsaron las instalaciones y vestuarios del viejo campo de la carretera de Jaén, y Granada y el Granada fueron noticia mundial.

Eran días de vino y rosas para el granadinismo, encandilado con su nuevo crack y con la marcha deportiva del equipo, situado el segundo cuando se había consumido un cuarto de liga. Ya se soñaba con la primera división, fruta dorada que desde hacía once años no se cataba por estos predios. También eran momentos de ensoñación para Alfonso Suárez, que seguramente pensaría que acababa de hacer el negocio del siglo, porque aunque el presidente insistiera en rebajar la cifra ingresada en las arcas rojiblancas en los dos grandes eventos, a simple vista era perceptible que nada más que con las taquillas del partido de debut de Maradonita frente al Coruña, día del club con el campo casi lleno, y la del amistoso de los tres hermanos, muy bien podría haber quedado amortizado, o casi, lo pagado por la operación de fichaje.

Debut de Lalo Maradona. En Los Cármenes, Granada 5 Coruña 0. Toni, Lina, Pedro, Salva, Delgado y Castillo; con Escudero, Manolo, Choya, Ramón y Lalo Maradona

Pero bien pronto se acabaron los sueños y la realidad se mostró en toda su crudeza, y pasado el frenesí de los fastos de la visita del clan maradónico, se desembocó en una espiral de derrotas (seis consecutivas) que se tradujo para los rojiblancos en el trueque de los puntos positivos y los primeros puestos de la clasificación por un casillero negativo y una posición cercana al descenso antes de Navidad, y las sustanciosas taquillas de los primeros momentos se convirtieron en escuálidas recaudaciones al ir desertando los hinchas conforme llegaban los varapalos. Lalo Maradona, el pretendido as, fue paulatinamente dejando de aparecer en las alineaciones rojiblancas y antes de finalizar 1987 ya se buscaba equipo lo suficientemente lejos (en Grecia) al que endosarle este santo de peana quebradiza. No se encontró tal mirlo blanco dispuesto a soltar los 40 millones en que se tasó y así la segunda vuelta de aquel campeonato nuestro Lalo presenció casi todos los partidos desde el banquillo o desde la grada, y de verse asediado por enjambres de moscardones con alcachofa que lo perseguían hasta para ir al mingitorio pasó a la más absoluta soledad del ostracismo. Paralelamente, el Granada, cuyos futbolistas cobraban tarde mal y nunca y ya habían protagonizado alguna acción reivindicativa, fue cada vez a menos hasta completar la peor temporada de su historia en el segundo nivel del fútbol español y descender a 2ª B dos jornadas antes de finalizar la liga.

Diego Armando Maradona declaró a la prensa cuando vino a la puesta de largo de su hermanillo que: «-Técnicamente [Lalo] es mucho mejor que nosotros dos [él mismo y su otro hermanillo, Hugo], sin lugar a dudas, es el más elegante de los tres, es el más dotado técnicamente, lo que pasa es que nosotros le ganamos en condición física, en lo demás nos pinta la cara». Desde luego, no se puede afirmar que Maradona II fuera un tuercebotas declarado. Su técnica, que la tenía indudablemente, era buena, aunque la mostrara con cuentagotas, pero para ser futbolista profesional hacen falta bastantes más cualidades, la primera y fundamental, hay que ser un atleta para poder aguantar 90 minutos, cosa de la que Lalito andaba corto en sus escasos 167 centímetros y apenas cinco arrobas; además, el fútbol moderno exige sacrificio en labores defensivas que atañen a todo el equipo, también a los que juegan en punta, y en eso tampoco destacaba nuestro héroe; ciertamente, muchachos con una magnífica técnica pero que nunca pasarán de las categorías regionales los hay y los había también entonces en Granada a porrillo, pero claro, se llaman López, Rodríguez o González.


Lo que sí que quedó clarísimo es que no hacía falta viajar a Argentina y pagar un capital para traerse un futbolista de las características del interfecto, y que llevar el apellido del mejor del mundo no garantiza que se te hayan pegado sus bondades futboleras. No obstante hay que hacer memoria y recordar que, aunque ahora todos coincidamos en que la venida a Granada del segundo de la saga fue un disparate, al principio, cuando Maradonita desembarcó por estos pagos y los resultados acompañaban, los hinchas rojiblancos lucían una sonrisa de oreja a oreja y no había uno solo (yo tampoco, que conste) que dudara del gran acierto de su fichaje. Más curiosos resultan los comentarios de especialistas en la materia que podemos rescatar de las hemerotecas, realizados también cuando los primeros pasos de Lalo en el fútbol español y, salvo contadas excepciones, también abundan los grandes elogios al juego del que parecía una perla futbolera pero acabó saliendo rana por completo. Al terminar esta muy olvidable temporada 87-88 el Granada se despidió de la Segunda División para nada menos que veintidós años, hasta el desembarco del binomio Pozzo-Pina, aunque nadie podía entonces sospechar que la abstinencia sería tan larga.

En la crónica ciudadana destaca una noticia que conmocionó como ninguna a la ciudad de Granada y a toda España. Ocurrió sólo unos pocos días antes de aquella especie de Reina por un Día de andar por casa que fue el partido de los Maradona. La niña de nueve años Aixa Sánchez Hita apareció asesinada y con señales de haber sufrido una agresión sexual en el bosque alhambreño cercano a Torres Bermejas. Que un sicópata asesino de niñas ande suelto por ahí es algo más propio de los guiones de Hollywood que de la tranquila Granada. Menos mal que el villano de esta historia se auto delató cuando quiso repetir su fechoría meses después pero la que iba a ser su segunda víctima escapó de sus garras milagrosamente y pudo dar a la Policía una información que resultó crucial para darle caza. El asesino, José Fernández Pareja era su nombre, ya a buen recaudo, declaró que en días de luna llena sentía impulsos sexuales que le empujaban a buscar niñas para satisfacer su lujuria, y esto dio pie al medio paisano por entonces, Antonio Muñoz Molina, para escribir una de sus más famosas novelas a la que tituló “Plenilunio”.

Noticia de la muerte de la niña Aixa Sánchez Hita

Aparte de esa sangrienta noticia, lo suficientemente aterradora como para merecer titulares de periódicos por todo el país, el periodo a caballo entre los años 87 y 88 en Granada se caracteriza por el mucho trabajo extra que tuvieron los redactores de la sección de sucesos de los periódicos granadinos. Ahí va un muestrario. En el muy caluroso verano de 1987, en agosto, cuando la canícula recalienta las seseras y nubla los entendimientos, en la estrecha calle Cazorla, bocacalle de Real de Cartuja, un vecino apioló a otro de un tiro de escopeta tras una discusión porque el segundo no podía pasar con su “amotillo” ya que el autor del disparo y los suyos tomaban el fresco ocupando con sillas y mesas totalmente el escaso metro y medio del ancho de esa vía pública. Hizo mucho calor aquel año, quizá por eso sucedió también, entre los meses de julio y agosto, en el Almuñécar a reventar de cada verano, que un paisano se dedicaba a asustar al personal haciendo llamadas a la policía avisando falsamente de la colocación de bombas; seguramente se divertiría mucho viendo cómo por sus ocurrencias eran desalojadas discotecas, supermercados y otros negocios; en una ocasión una de sus “gracias” obligó de madrugada a desalojar por completo a los casi mil vecinos de una urbanización. Antes, en julio, el domicilio del presidente del Granada, Alfonso Suárez, había sido objeto de un atentado consistente en verter gasolina por debajo de la puerta y prenderle fuego, aunque, según manifestó el interesado, nada tenía que ver el suceso con su cargo de presidente.
Ya en septiembre ocurrió otro homicidio digno de ocupar la primera página de El Caso: en la barriada de La Paz una mujer mató a su marido de un disparo en mitad de una discusión conyugal y después lo emparedó tras un tabique para evitar, sin conseguirlo, ser descubierta. Y en octubre, esta vez no por manos humanas, murieron dos jóvenes árbitros granadinos, de Regional Preferente, de los tres que viajaban en el taxi propiedad de uno de ellos regresando a Granada después de arbitrar en Berja, cuando en La Rábita fueron sorprendidos por una riada que arrastró su coche al mar.

En diciembre hubo un nuevo asesinato; en la zaidinera calle Carmen de Icaza murió de un disparo de escopeta un joven de 19 años cuando acusaba a su asesino de haberle robado una moto Derbi de su propiedad. Y ya en marzo de 1988 hubo otra muerte por culpa de los elementos; el autobús del equipo de fútbol del San Pedro de Alcántara, de tercera, cuando regresaba de ganar en Guadix derrapó por la lluvia y volcó en Huétor-Tájar, resultando muerto en el acto un directivo y heridos casi todos los otros veintidós viajeros. Y aún hay más. Al día siguiente del accidente del autocar, era asesinado a puñaladas el conserje del colegio público Parque de las Infantas, quien residía con su familia en el propio centro, por un desconocido que entró a robar un radiocasete y fue sorprendido por la víctima. Y como fin de fiestas, en mayo moría una anciana que vivía en la calle San Juan de los Reyes, víctima de las patadas y puñetazos que le propinó su vecino de la vivienda de arriba, un perturbado mental con el que frecuentemente mantenía agrias discusiones a voces.



Comentarios

2 comentarios en “De crack a batracio

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    José Luis Entrala

    Estupenda narración de la tragicomedia maradoniana, llena de poderosas luces y tenebrosas sombras. y su triste final con el Granada en 2ªB. Tristeza aumentada con esa racha de crímenes abominables que tiñeron de sangre a los granadinos. Una enhorabuena más por estas historias tan bien contadas.

    • El 87-88 parecía Granada laisma Chicago. Se podría haber abierto aquí una sucursal de El Caso. Y mientras nuestro Granada haciendo el ridi por ahí. Gracias José Luis.

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