Cuatrocientos goles

1) 69-70 Plantilla
Plantilla del Granada CF 69-70. Pipo Rossi es el primero por la izquierda de pie
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En la muy atípica temporada 1960-70 llegó el que hace el siguiente en esta serie, el gol 400 de los de Primera. Su autor, en aquel increíble 4-6 del Granada de Rossi en el Luis Sitjar, fue un jugador con poca historia en la ídem del GCF puesto que sólo estuvo este año: Hidalgo, Antonio Hidalgo de Carlos, aragonés de Zaragoza, de cuyo equipo pasó al Granada. El gol lo consiguió explotando su velocidad al marcharse de un contrario tras un robo en medio campo y plantarse sólo en el área mallorquina para batir desde cerca la salida del portero. En aquel partido hubo muchísimos goles, pero éste fue el primero de la tarde, a los tres minutos. Es el gol que completa el cuarto centenar de primera de las ya casi veinticuatro temporadas en la élite, y llegó más de nueve años después del 300, jornada 9, domingo 9 de noviembre de 1969.

El Granada de Pipo Rossi ostenta en la actualidad el récord de goles a favor del Granada en un partido en campo contrario jugando en primera, que sigue siendo esa victoria en Mallorca por 4-6, la única vez en cualquier categoría o competición en que un partido oficial del Granada ha terminado con ese marcador. Sólo existe el precedente de un Recreativo 6 Arenas de Guecho 4, pero esto ocurrió en los años de la República y en un partido amistoso de Corpus jugado en el campo de las Tablas, en 1933. El Granada alineó en Mallorca a Ñito; Martos, Barrenechea, Lorenzo; Santos, Fernández; Machicha, José, Barrios, Vicente e Hidalgo. No hizo cambios. Como queda dicho, el gol de Hidalgo, el 0-1 y 400 de primera división, fue madrugador. Pronto los locales le dieron la vuelta al resultado, pero aquel Granada, lanzado al ataque, volvió a voltear el marcador llegando al descanso ganando 3-4. En la segunda parte consiguió dos goles más por uno los locales, total 4-6. Los canarios, Vicente (dos) y Barrios (tres), fueron los otros goleadores rojiblancos.

El sorprendente resultado final lo es más aún si lo situamos en su contexto histórico, porque por entonces imperaban en el fútbol español unos sistemas de defensa a ultranza y abundaban mucho más que ahora los partidos que terminaban sin que el marcador se hubiera movido. Baste el dato de que en una sola tarde fue el Granada a marcar casi la tercera parte del total de goles que logró en las treinta jornadas del calendario: 20. En los ocho partidos antes de la cita en Mallorca había marcado cinco goles, y de ahí hasta el final de la liga, veintiuna jornadas, sólo fue capaz de añadir nueve más.

Hidalgo, autor del gol 400 del Granada en Primera

El argentino Pipo Rossi, su raro y avanzado sistema -para la época y en España- era a estas alturas de noviembre de 1969 la admiración del fútbol nacional. Cuando llegó procedente de Huracán dijo que sólo conocía el fútbol español por las revistas, y que su única táctica era vencer y sumar puntos. Pero enseguida se reveló como un innovador introduciendo en nuestro fútbol cosas poco vistas, entre otras, el marcaje por zonas frente al que venía siendo más usual, el de hombre por hombre. Sus métodos rioplatenses eran toda una novedad en el anquilosado fútbol hispano de aquellos años, donde se llevaba más el “mangriñear”. Rossi, con su sistema y con un plantel muy modesto, consiguió al principio resultados sorprendentes y el Granada fue toda la primera mitad de la liga el indiscutible equipo revelación, con cinco positivos y clasificado tercero cuando ya se había jugado un tercio del calendario, algo del todo insólito por estos pagos. Los rojiblancos de Rossi sorprendían con una disposición de peones sobre el campo que les concedía mucha más libertad de movimientos y de esa manera completaron una primera vuelta que a día de hoy sigue siendo la mejor de toda la historia del club: 4º clasificado, con +4 y habiendo conquistado el 60% de los puntos posibles.

Lo que sí que pareció dejar claro Rossi en su única temporada de entrenador del Granada fue que no le gustaban las medias tintas, y eso se ve en que junto a récords positivos, todavía vigentes, también nos dejó en aquella rara temporada rojiblanca varias marcas negativas asimismo vigentes a día de hoy. En la misma temporada se completó la mejor primera vuelta, como queda dicho, pero también la segunda peor (ahora la tercera) segunda vuelta de todas las de división de honor. La única todavía más horrible era la 60-61, pero el pésimo Granada de su primer año chino le arrebató ese dudoso honor en 2017. Para desesperación de la hinchada, que se había ilusionado como nunca viendo a su equipo allá por Navidad en todo lo alto y empezaba a hablar de Copa de Ferias, en Semana Santa no tenía claro que ese mismo equipo se mantuviera en máxima categoría al verlo en una vuelta completa de calendario conseguir nada más que una victoria y cuatro goles (en realidad sólo dos, los otros dos fueron a domicilio), otras dos marcas negativas vigentes y del todo insólitas, como también es un récord negativo a día de hoy el de que aquella 69-70 es la liga de primera en que nuestro equipo marcó menos goles: sólo 20. Traspasado el ecuador del campeonato, se desinfló por completo el sistema de Rossi, que exigía un plus de preparación física, y aquella modesta y corta plantilla rojiblanca, muy mermada también por las lesiones (y por la vida poco deportista que llevaban determinados jugadores), no pudo mantener el ritmo y el Granada fue perdiendo puestos en la tabla hasta verse amenazado de descenso. Las rentas de la excepcional primera mitad del campeonato fueron en definitiva las que evitaron la pérdida de la categoría.

Es un buen epílogo a esta extraña 69-70 el que puso la caroca del Corpus 1970: «Ya los hinchas optimistas / soñaban copa de ferias. / Mas luego los futbolistas / redujeron sus conquistas / a otras copas menos serias».

Recorte de Ideal con esta caroca del Corpus 1970

En la crónica ciudadana hay que hacer mención a la tristemente célebre curva del Violón, que el mismo día de la gran victoria rojiblanca en Mallorca se cobraba una nueva víctima. En la actualidad este punto negro de la circulación granadina ha desaparecido. Se corrigió cuando se llevó a cabo la remodelación del paseo de San Sebastián o del Violón, acometida a finales de los años ochenta, cuando se construyó el Palacio de Congresos y se le dio una nueva ordenación a toda la zona. El paseo del Violón, en su parte destinada a la circulación y por la que también pasaba el tranvía interurbano, era un tramo de la N-323 Bailén-Motril consistente en una recta de unos trescientos metros, desde el puente, que desembocaba a la altura de la ermita de San Sebastián en una curva muy cerrada a la izquierda, seguida, una cincuentena de metros más adelante, por otra curva también pronunciada, ahora a la derecha, la llamada curva de la muerte en la que por aquellos años hubo numerosos y graves accidentes automovilísticos y atropellos de transeúntes. Un poco más abajo se desembocaba en el cruce con el Camino de Ronda donde en la actualidad está la rotonda del Helicóptero. Cincuenta metros entre curva y curva, flanqueados a la derecha por las tapias del Alcázar Genil y a la izquierda por las de las fincas agrícolas en explotación puesto que aquello era plena vega, y orillados de plátanos de sombra bien crecidos y con troncos poderosos por los que parecían tener querencia los coches de la época. Ese fatídico medio centenar de metros de carretera no paraba en aquellos años de dar materia prima para las crónicas de sucesos. En la madrugada del domingo 9 de noviembre de 1969, un Renault 10, GR-47.533, en el que viajaban tres personas se estrelló en este punto negro y uno de sus ocupantes falleció a causa de las heridas. Como llovía sobre muy mojado, inmediatamente las autoridades procedieron a instalar quitamiedos a uno y otro lado de la vía, pero a los pocos días, apenas dos semanas después del anterior accidente, una persona apareció en el lugar muerta, atropellada y abandonada sin auxilios.

En otro orden de cosas, aquel año se puso muy de moda una palabra que se oía a todas horas por la ciudad hasta merecer hasta artículos de opinión en la prensa. Se trata de un fenómeno muy curioso y que sólo se dio en Granada, que sepamos. La palabra que se oía sin cesar es ¡hoja!, usada como sinónimo de mentira o de “ya será menos”, que se lanzaba al aire así, cortante, y que en granaíno castizo se quedaba en ¡oa!, y se empleaba normalmente para quitar importancia o credibilidad a lo que otro contaba. Ese ¡menos lobos! se usaba más que nada en plan de guasa, pero también era una especie de exabrupto a la penibética con bastante de esa cosa que dicen que caracteriza a los granadinos más que a los de otros andurriales, y no faltaba en cualquier conversación en la que alguien se jactaba, con o sin fundamento, de alguna cosa propia.

Parece ser, según escribió en otras tribunas mi vecino de columna Ramón Ramos, que la palabrilla se copió de un programa infantil que desde mediados hasta final de los sesenta arrasaba en la TV (en blanco y negro y de un solo canal): Los Chiripitifláuticos, con el personaje estrella de Locomotoro, que era quien por lo visto la repetía continuamente y con ese mismo sentido. La palabreja estuvo en boca de todos los granaínos, sin distinción de clases sociales, y fue usada y abusada casi como un signo de identidad penibética puesto que (que yo sepa, insisto), solo en Graná le dio a todo el mundo por usar el ¡hoja! a todas horas para expresar excepticismo ante cualquier aspecto de la convivencia. En Los Cármenes fue coreada alegremente más de una vez por la parroquia, sobre todo a continuación de cada nombre de los futbolistas del equipo visitante cuando uno a uno los iba enumerando la megafonía en los preliminares de cada partido. Unos tres años después y de la misma forma que llegó y se instaló en el habla cotidiana, desapareció un buen día y ya nadie volvió a pronunciarla dándole el sentido que se le daba por estos predios a caballo de los sesenta y los setenta. Un curiosísimo fenómeno granatensis.

Recorte de Ideal con el retablo de Martinmorales previo al partido frente al Mallorca





Comentarios

Un comentario en “Cuatrocientos goles

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    José Luis Entrala

    Formidable análisis de una temporada insólita y de una época en que los granadinos resumían todo con una hoja que los castizos acortaban para dejarla en “oa”

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