Una costurera de Motril confecciona mascarillas adaptadas para niños

Utiliza un tejido hidrófobo y antibacteriano que, además, se puede lavar y reutilizar varias veces

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Las hijas de Emma con las mascarillas 'Pitusas' puestas | Foto: GD
Patricia VázquezPatricia Vázquez
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Emma tiene dos hijas pequeñas. Cuando se enteró de que el Gobierno iba a permitir salir a los menores a la calle durante el estado de alarma, decidió que sus hijas tendrían que ir tan protegidas o más que ella. Le probó una de sus mascarillas a su hija mayor y ya no pudo hacerlo con la pequeña. Verla tapada hasta casi los ojos, con la mirada suplicante, sin entender por qué tenía que llevar ese trozo de tela que no la dejaba respirar con normalidad le hizo pensar en alguna solución para evitar esa sensación de “desazón” que le invadía cada vez que miraba a su niña. Además, la mascarilla le quedaba grande y había que recortarla para que se ajustara a sus caritas.

Empezó a buscar opciones. Su tienda de decoración de interiores estaba cerrada al público como prácticamente todos los negocios, pero el taller seguía funcionando ya que llevaba desde el principio de la crisis causada por la pandemia del Covid-19 fabricando mascarillas para el personal sanitario y los trabajadores que lo fueran necesitando tanto de Motril, su pueblo, como de los municipios de alrededor.

Habló con uno de sus proveedores y éste le dijo que había un tejido no sanitario, pero que, al ser hidrófobo y antibacteriano, pueden utilizarse para protegerse de los contagios. Además, se puede lavar y reutilizar varias veces. Pidió varios rollos de tela y se puso a coserlas y a decorarlas con motivos infantiles.

Algunos modelos que confecciona Emma en su taller de Motril

Comenzó confeccionando un par para sus propias hijas. Les midió la forma de la cara para crear un patrón aproximado que se adapte a todos los niños y se las probó. “La sensación de tristeza al verlas con la mascarillas no desaparece, pero ellas van encantadas porque les gusta que sean de dibujos y colorines. Es menos trauma para ellas y, además, no les hacen daño porque son un poco más pequeñas que las de adulto y no les agobia tanto”, explica Emma.

Ya tenía la idea y las primeras muestras hechas. Ahora faltaba ponerles un nombre. “Busqué en internet un apelativo de ‘niña’, lo consulté con mis hijas y a ellas les gustó lo de ‘Pitusas’ “, comenta.

Se lo dijo a un par de amigas con hijos y el boca a boca ha hecho lo demás. Y es que tanto éxito han tenido que no paran de llegarle encargos de toda España. Ella reconoce que está encantada a pesar de que sus jornadas de trabajo son “casi interminables” ya que se pasa en el taller “desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche la mayoría de los días”.

Se pueden encargar a través de su página web y las vende a 2€ las normales y a 4€ las confeccionadas con tela decorada, con los que intenta cubrir solo los costes del material, porque considera “un abuso” lo que están costando en algunas farmacias.





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