Ciento cuatro días de mociones y ‘2+2’

rueda de prensa de Luis Salvador y Sebastian Perez en el Ayuntamiento de Granada
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Van 104 días desde aquel 15 de junio en que Luis Salvador fue elevado a la planta noble del Ayuntamiento. Es decir, que faltan unos 1.470 y tantos días -año bisiesto por medio- para que el mandato de esta corporación termine. Pues bien, en ciento cuatro días no ha habido ¡ni un solo día! en que alguien, por la derecha, por la izquierda, por el centro, columnista o tertuliano, analista o simplemente ciudadano -no necesariamente naranja- no haya referido la posibilidad de una moción de censura en la Plaza del Carmen. Y si en algunas de esas ciento cuatro fechas ha dejado de hacerlo ha sido sencillamente porque estaba ocupado en la probabilidad del ‘2+2’.

Esa es la historia de estos tres meses y medio en el Ayuntamiento de Granada. Tres meses y medio: es decir, que faltan 45 meses y cuatro días, cuatro años menos tres meses y medio. Y como esta clase política que tenemos no va a cambiar de la noche a la mañana, en estos casi mil quinientos días que faltan hasta las elecciones de mayo de 2023 el sonsonete continuará y continuará y continuará… ¡Con un par…! (de pilas alcalinas).

En este contexto de desconfianza, el veneno que imposibilita cualquier tipo de relación, se ha llegado a ese plazo de los cien días, ese límite de cortesía que se suele conceder a los gobernantes cuando toman posesión de su asiento. Y cómo será la cosa que hasta para ofrecer el ¿balance? de su gestión han necesitado tres días para ponerse de acuerdo en qué decir. Eso sí, han ‘okupado’ en las redes sociales un espacio institucional del Ayuntamiento para enviar mensajes triunfalistas, confundiendo la imagen corporativa que pertenece a los ciudadanos con el campo de la lid política partidista. ¡Vamos bien!

Suelen pasar estas cosas cuando todo el acuerdo programático de aquella convulsa mañana en el salón de plenos se reducía a una consigna: ‘para quitar a Paco Cuenca’. Que mira que ya es rizar el rizo, un personaje el anterior alcalde, de tan escaso vuelo político -tres años de alcaldía en minoría minorísima- que hasta se le enaltece con simplismos tan simples.

Pero es un hecho que aquello cuajó. Cuenca fuera de la alcaldía, objetivo cumplido. ¿Y ahora? Pues eso, que a estas alturas no sabemos -ni probablemente sabremos- si hubo acuerdo de alternancia ni si hubo apretón de manos ni si lo hubo cómo lo interpretó cada cual… Y así, por casi cuatro mil quinientos días con sus noches que nos esperan con la duda gravitando sobre todo el escenario político municipal. En fin, que pese al ‘chicle’ que algunos se empeñan en seguir masticando, para mí que las cartas están echadas, que Salvador demostró más regate y astucia, maniobrero en los momentos decisivos, y que sabe más de aritmética que Pérez y que Cuenca.

Porque como ni uno (el socialista) ni otro (el popular) va a hacer alcalde al uno o al otro, cada vez que desde Vox irrumpe Miralles hablando de la posibilidad de una moción de censura es que me troncho. De ver cómo el portavoz de la ultraderecha maneja con habilidad los tiempos para abrirse hueco en las portadas y cómo entre unos y otros sitúan al más denostado -de boquilla- de la política local ¡en el centro del escenario! Eso sí, me llama la atención cómo al minuto siguiente de la comparecencia de Miralles no aparece un comunicado del PSOE y otro de Podemos rechazando el apoyo de los votos de la ultraderecha. ¿No criticaron tanto a Salvador y Cs por eso mismo? ¿A qué viene ese salivar con una posibilidad improbable, una probabilidad imposible que saben tan improbable como imposible? En días así me recuerdan a la prensa deportiva: te echas a la cara una portada, ‘El Madrid va a fichar a Messi’. Hasta el más recalcitrante madridista sabe que no es verdad, pero fabula como aquel que piensa lo fabuloso que sería pasar un fin de semana en una isla paradisiaca con Jennifer López. ¡Hombre!, el ‘week end’ estaría de fábula -por seguir con lo ‘fabuloso’ del ejemplo- pero la fabulación solo tiene un pequeño inconveniente: que es imposible. Pues eso.

Pero que vamos a lo que vamos: si todos saben que es imposible la moción de censura, ¿por qué seguimos con el dale que dale que dale, toma que toma que toma? Señores, a lo suyo: apechugue cada cual con su responsabilidad al haber nombrado a un alcalde. Que faltan casi cuatro años y no podemos permitirnos tirarlos por la borda en una permanente precampaña de la que tan hartos estamos en el panorama nacional.

Los números son los que son. Apuesto desde esta recóndita columan a que llegamos a mayo de 2023 con Salvador en la poltrona municipal. Y que pasaremos, y no de puntillas, por el ecuador de este periodo corporativo, es decir el momento decisivo del ‘2+2’, con un alcalde impertérrito a las teatrales demandas que mediando 2021 planteará su consocio Sebastián Pérez, más como pataleta frustrante que como posibilidad real. Solo un vuelco en la geopolítica nacional, como podría ser el hipotético resurgir del PP de Casado a costa del progresivo hundimiento del Cs de Rivera, me haría cambiar la quiniela y el pronóstico. Eso sí, no descarto que en la recta final del mandato, seis meses antes más o menos de la cita con las urnas, el PP dé una larga cambiada y escenifique una ruptura del acuerdo de gobierno que deje solos a los cuatro concejales de Ciudadanos, marcando diferencias con los ‘naranjas’, con los que a fin de cuentas disputarán el mismo espacio de los votos. Ahí lo dejo.



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