Cien goles. Camaradas de visita

1) 42-43 Amist en Ma
El Granada 42-43. Amistoso de pretemporada en Málaga. Forman de pie: Conde, Múgica, Pérez, Bonet, Camoto, González, Leal y Muñoz; agachados: Gárate, Maside, Trompi, Nicola y Sierra | Foto: JLR
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El Granada 42-43. Amistoso de pretemporada en Málaga. Forman de pie: Conde, Múgica, Pérez, Bonet, Camoto, González, Leal y Muñoz; agachados: Gárate, Maside, Trompi, Nicola y Sierra

El que hace el gol número cien de todos los conseguidos por el Granada jugando en primera llegó en la segunda temporada de los rojiblancos entre los grandes. La gran delantera titular de la temporada anterior facilitó bastante las cosas para que en sólo 44 partidos, casi lo que dura una liga actual, un equipo modesto como el Granada pudiera llegar al centenar de tantos. El inolvidable quinteto que formaban Marín Trompi, César, Bachiller y Liz, el del debut en máxima categoría, consiguió 64 goles en 26 jornadas de la 41-42, o sea, 2,46 por partido, a día de hoy todavía el récord del mejor registro de goles rojiblancos a favor en máxima categoría, tanto en número como en promedio. Así, para llegar al gol rojiblanco número cien de división de honor sólo fueron necesarios 36 más, y esto ocurrió en una fecha que es doblemente histórica. Lo es por el hecho en sí de alcanzar la mágica cifra de 100 pero también por algo no precisamente digno de celebrar sino más bien todo lo contrario, porque el resultado del partido constituyó en ese momento un récord negativo al ser la más grande derrota de los nuestros en sus, por entonces, escasos once años de existencia: 8-3 frente al Celta, el escardón más gordo encajado hasta ese momento, cosechado por Floro; Millán, González; Maside, Sosa Sierra; Marín, Trompi, Conde, Aparicio y Mas, en el campo de Balaídos la tarde del domingo 7 de febrero de 1943, jornada 18 de la temporada 1942-43.

Sobre una superficie muy embarrada, el Granada jugó una primera parte bastante aceptable, dicen las crónicas, a cuyo final se llegó con el resultado de 2-1 (Trompi), el segundo celtista por un penalti dudoso señalado por el árbitro Celestino Rodríguez Mato. Pero nada más empezar la segunda mitad consiguieron los locales tres goles casi seguidos que desmoralizaron a los nuestros. Para colmo, en el que significaba el 5-1, Floro, que a pesar de todo estaba siendo uno de los destacados, se lesionó en una clavícula (tuvo que estar tres meses inactivo) y hubo de abandonar el terreno. Por entonces y hasta varios años después no se permitía en el fútbol español ninguna sustitución, ni siquiera de un portero lesionado, lo que obligó a jugar más de media hora con diez y con un meta improvisado: González; Conde bajó a la defensa y Marín pasó al centro de la delantera. Un gol de Aparicio redujo la desventaja, pero en seguida marcaron los celestes el sexto. Cuando el partido iba 6-2 llegó el gol número 100 del Granada, su autor fue «el siempre joven», Marín, convirtiendo de disparo desde la frontal del área un golpe franco. En los últimos cinco minutos consiguió el Celta dos goles más, total 8-3, aunque la propia prensa gallega reconoce que no merecieron los locales un tanteador tan abultado. Ese resultado fue la más amplia derrota granadinista en toda su historia hasta la 52-53: 9-0 a Candi en La Victoria de Jaén en un partido de segunda, marca negativa absoluta todavía en vigor. Años después, en la 60-61, se daría un 8-2 en el Camp Nou, y no hace tanto, en la 2014-15, vivimos la mayor paliza de primera, 9-1 en el Bernabéu. Como fue norma esta temporada, los más destacados del Granada fueron los dos que formaban su ala derecha, Marín (a sus 37 años) y Trompi, ambos en lo mejor de sus respectivas carreras profesionales; un periodista de Pueblo dijo de ellos a la temporada siguiente que formaban un “ala jamón”.

El “viejo” Marín, autor del gol 100 del Granada en primera

«El Granada está destinado a promocionar», titula Ricardo Zamora su habitual columna de los martes en Ideal, en la que repasa la jornada futbolera. Y así fue efectivamente, la temporada acabó con el Granada clasificado en el puesto 12º (de 14) o tercero por la cola y condenado a intentar salvar la categoría a una sola carta. Esa posición, decimosegundo, la ocupó sin interrupción desde la jornada 9 hasta la 26 y última, si bien una magnífica reacción final, con sendos triunfos ante Sevilla y Valencia y un empate ante el Madrid en Chamartín casi le hacen escapar de todo peligro, pero la derrota en la última jornada frente al Barcelona en Los Cármenes dictó sentencia en forma de la lotería de la promoción. Menos mal que en el neutral Les Corts consiguió finalmente salvar la categoría en partido único frente al Valladolid, 2-0, ambos de Nicola.

La temporada 42-43 empezó para el Granada con el show del “hombre adoquín”, Uría (el amnésico), en Los Cármenes y la derrota frente al Coruña. Nuestro equipo, que dirigía por segundo año Paco Bru, estuvo siempre amenazado, echando mucho de menos su extraordinaria ala izquierda de la temporada anterior, la que formaban Bachiller y Liz, pero sobre todo, añorando al gran César, que volvió al Barcelona después de su cesión. Los rojiblancos no cayeron ni una sola jornada a los puestos de descenso directo, que fueron toda la liga para el Betis y el Zaragoza, descolgados desde los primeros compases. Con todo, los registros goleadores rojiblancos fueron bastante buenos y su promedio es el segundo mejor de todas sus temporadas en primera: 56 goles en 26 jornadas, lo que da 2,15 por partido. Además, estableció en la 42-43 un récord todavía vigente porque es la única de todas las ligas disputadas -en cualquier categoría de las distintas en que nuestro equipo ha militado- en la que el Granada marcó al menos un gol en cada uno de los partidos del campeonato.

Se vivían unos tiempos muy azul mahón y de clara alineación del régimen franquista con las potencias del Eje, hasta ese momento vencedoras, y en las estepas rusas seguía dando tumbos con acento español la 250 división de la Wehrmacht (la División Azul). Pero sólo unos días antes, primeros de febrero de 1943, el 6º ejército alemán se había rendido en bloque en Stalingrado con su mariscal-jefe a la cabeza. A partir de entonces, la historia de la II GM para la Alemania nazi se reduce a ir de varapalo en varapalo, y conforme vayan soplando aires poco propicios para el nazismo, el apoyo de la España de Franco se irá manifestando cada vez más tibio.

En ese contexto, casi recién llegado de Berchtesgaden, en los Alpes Bávaros, de entrevistarse con el mismísimo Hitler para tratar los términos de la aportación española a la causa, un gerifalte del Régimen y germanófilo de pro vino a Granada el día antes de que nuestro equipo fuera ampliamente apalizado en Balaídos: el camarada José Luis de Arrese, capitoste máximo de la cosa nacionalsindicalista, en teoría, el segundo de a bordo después del Generalísimo. Con el comercio, las “industrias” y los colegios cerrados para la ocasión, y con fachadas y balcones engalanados, era recibido por una multitud delirante -dice la prensa- en la Virgen de las Angustias, donde lo esperaban las autoridades provinciales con la banda municipal. De hedillista confeso y (por eso mismo) haber pisado las cárceles franquistas, a la jefatura del partido único –a eso se llama evolucionar-, y de opuesto a la unificación, a Secretario General de FET y de la JONS (a la que dejó como una patena eliminando a todo aquel que no acatara sin rechistar el mando único). En calidad de tal era recibido Arrese con todo aparato en nuestra tierra, primer destino de unos bolos por Andalucía y Extremadura. En Granada inauguró viviendas para ex combatientes en el Barranco del Abogado y un comedor de Auxilio Social en La Parrilla, o sea en lo que ahora conocemos como paseo de Las Palmas, y por la tarde salió camino de Málaga. Todo quedó filmado para el recién instaurado Nodo.

Verja de la Capilla Real que en breve será retirada de su emplazamiento

Otro mandamás del falangismo había estado por aquí unos días antes, el camarada José Antonio Elola-Olaso, delegado nacional del Frente de Juventudes, que hizo una visita a sus alevines en su cuartel de la calle Oficios.

Pocos días después quien llegaba a Granada era el camarada Alejandro Mendizábal, ingeniero director de Explotación de Ferrocarriles del Estado, que venía a supervisar las recientes mejoras llevadas a cabo en el llorado tranvía de la sierra, en cuyo trazado de 17,3 km se acababan de renovar todas las vías y traviesas y se habían remozado los vetustos y desvencijados vagones, en servicio desde 1925. También se estaba en esos momentos llevando a cabo la mejora de la estación de Pinos-Genil y se construía el apeadero de Canales.  Mendizábal confiaba en empezar dentro del año en curso los trabajos de prolongación, llevando el tranvía desde el Maitena, última parada, hasta el Guarnón, y dar así salida ferroviaria al mineral extraído de las minas de la Estrella. Más adelante se estudiaría la conveniencia de la construcción de un funicular que desde el Barranco de San Juan ascendiera a los Peñones de San Francisco. Como sabemos, la prolongación del ferrocarril sí llegó a hacerse pero sólo hasta el Barranco de San Juan, entre 1947 y 1950, con el impulso de aquel gobernador muy activo que se llamó José María Fontana. Y el muy interesante funicular, que llegó a contar con todas las bendiciones legales para haber sido una realidad, no pasó sin embargo de proyecto incomprensiblemente. Tranvía y funicular, de haber sobrevivido serían ahora un atractivo turístico sin igual.

Otro camarada, Joaquín Aguilera Alonso, jefe nacional de Educación y Descanso, vino a Granada en esa semana, éste para inaugurar en el collado de las Sabinas de Sierra Nevada, a 2.300 metros de altitud, el albergue José María Collantes, más conocido como de Educación y Descanso, a partir de esos momentos y por varios años el único utilizable en nuestra sierra ya que los otros que existían de antes (San Francisco, Elorrieta, Universitario, Militar) estaban destrozados desde la guerra y las numerosas escaramuzas que en la zona hubo. Con su bóveda esquifada semejante a la quilla invertida de un barco, se le puede ver en muchísimas postales serranas y ahí sigue, aunque ahora sólo dedicado a funciones militares.

Otro camarada más, éste autóctono, el alcalde Gallego Burín, seguía mientras tanto su labor de mejora y embellecimiento de la ciudad emprendida desde hacía tres años. En febrero de 1943 le toca a la Capilla Real, de cuyo atrio desaparecería en breve la verja en estilo gótico que cerraba la entrada principal y entorpecía la buena visión de la fachada, una reja de hierro de fundición sin ningún valor artístico colocada en ese lugar en 1915, que será retirada y después troceada y reutilizada para cerrar las entradas a la calle Oficios.

Por otro lado, la corporación municipal acababa de aprobar el modelo de los nuevos rótulos que pronto serían fijados en todas las calles y plazas de Granada. Son esas cartelas de barro vidriado con letras y adornos azules sobre fondo blanco que asemejan la muy granadina cerámica de Fajalauza, pero saldrán de alfares de Talavera de la Reina. Y es que en estos años de todo tipo de escaseces, a las industrias ceramistas de Granada les falta la materia prima necesaria para poder cubrir el pedido.

Cerámica de Talavera para los rótulos de las calles granadinas





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