El Centro Cultural CajaGranada acoge la exposición ‘El cuerpo en la mirada’, dedicada a Ángeles Agrela

La muestra, realizada en colaboración con la Fundación Cajasol, incluye las obras más recientes de la artista jiennense, que corresponden a un ciclo de cuatro años de trabajo

Exposición ‘El cuerpo en la mirada’ de Ángeles Agrela
Inauguración de la exposición 'El cuerpo en la mirada', de la artista jienense afincada en Granada Ángeles Agrela | Foto: Gabinete
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Este martes ha quedado presentada la gran exposición para el invierno y la primavera en el Centro Cultural CajaGranada, en colaboración con la Fundación Cajasol: ‘El cuerpo en la mirada’, dedicada a la obra más reciente de Ángeles Agrela, artista jiennense afincada en Granada.

La muestra, que estará abierta hasta el 19 de abril, fue presentada a los medios de comunicación por la propia artista, Ángeles Agrela, quien estuvo acompañada por la presidenta de CajaGranada Fundación, María Elena Martín-Vivaldi, la subdirectora de cultura y acción social de la Fundación Cajasol, Gloria Ruiz, y el comisario de la exposición, Juan Ramón Rodríguez-Mateo.

Durante la presentación, María Elena Martín-Vivaldi, presidenta de CajaGranada Fundación, destacó la importancia de la colaboración con la Fundación Cajasol en la difusión de la cultura por toda Andalucía y el papel de la Facultad de Bellas Artes de la UGR, con artistas surgidos de sus aulas triunfando por todo el mundo. Sobre la obra de Ángeles Agrela, señaló que “es una maravilla”. “La sigo desde hace muchos años y es increíble cómo se supera cada día. En concreto, esta exposición representa un momento muy importante en el imaginario femenino, con muchas obras en las que el cuerpo no se ve, pero se adivina. Es muy emocionante, por lo que le quiero dar mi más sincera enhorabuena a la artista”, aseguró.

Ángeles Agrela comenzó su intervención agradeciendo a CajaGranada Fundación y a la Fundación Cajasol “por esta exposición en un espacio tan espectacular”. “Granada es la ciudad donde vivo desde desde hace muchos años y es muy satisfactorio exponer en ella. Me gustaría ver este momento por un agujero en el tiempo, hace 20 años, tanto por la sala como por las instituciones que lo hace posible y, también, por la propia evolución de mi trabajo. El trabajo evoluciona. Eres lo que has vivido y lo que has recogido. Y las personas e instituciones que te han apoyado y confiado en ti”, indicó.

La artista explicó que la exposición hace un “recorrido temporal de 4 años, enlazando con ‘El favor de las bellas’, que data de 2016”. “Es una investigación sobre el papel de la mujer en la historia del arte y cómo ha sido representada por los hombres. Una obra subversiva con una mirada de género hacia la pintura, pero también hacia la imagen de la mujer transmitida por la publicidad y las redes sociales. Una muestra repleta de ambigüedad que reflexiona sobre cómo generar una imagen de la mujer diferente a la heredada desde los citados museos, pero también desde la publicidad y las propias redes sociales”, insistió la artista.

“En este caso, no he podido usar mi cuerpo como modelo, tal y como he hecho en otras ocasiones. Era necesario un salto generacional para mostrar el momento de tensión de la mujer tras la adolescencia, cuando todo está por pasar. Además, en estos cuatro años he practicado un proceso de depuración de la imagen: de referencias claras a la historia del arte se pasa a una máxima depuración de las figuras en mis últimas creaciones”, señaló Ángeles Agrela.

Gloria Ruiz, en representación de la Fundación Cajasol, mostró su satisfacción por producir esta nueva exposición en colaboración con CajaGranada Fundación, en una de las salas más espectaculares de Andalucía y en la que, en concreto, la obra de Ángeles Agrela luce en todo su esplendor. Una artista cuya obra forma parte de la Colección Cajasol, por lo que es como de la familia.

El comisario de la exposición, Juan Ramón Rodríguez-Mateo, señaló que su labor no es muy necesaria en casos como éste “porque la obra de Ángeles Agrela se explica sola”. “El arte, además de emocionar inteligentemente, debe tener las claves para su entendimiento e interpretación. No hay cartelas ni textos en la pared. Invita a ser vista y disfrutada, pero también plantea interrogantes. Abre puertas y plantea preguntas al espectador. Abre partes de nuestra mente que muchas veces no sabemos que están ahí. Detrás de esas miradas y esos cuerpos, hay aspectos que nos hablan a cada uno de nosotros”, apuntó.

El comisario de la muestra señaló que Ángeles Agrela “tiene una trayectoria muy consolidada, perteneciendo a una generación de artistas muy vinculados a Granada, de la generación de los 90, y en la que Ángeles tiene uno de los papeles más destacados”. Terminó su intervención recomendando al espectador “mirar la exposición con inteligencia para llegar al fondo de lo que Ángeles quiere contar”.

El cuerpo en la mirada

Juan Ramón Rodríguez-Mateo, comisario de la muestra, explica que esta exposición no es una apuesta, ni una propuesta, sino una invitación. Con cincuenta años hay -en la mayoría de los casos- un largo camino lleno de cuerpos en las cunetas: cuerpos dormidos, bellos cuerpos, cuerpos sin rostro, cuerpos de revista, cuerpos destrozados, cuerpos sin piel, cuerpos extremos, vidas sin cuerpo, cuerpos descoyuntados, el propio cuerpo, cuerpos heroicos, cuerpos desaparecidos, cuerpos camuflados, cuerpos como excusas… Media vida como un cuerpo, que siempre es el de Ángeles Agrela.

En esta exposición, Ángeles ha querido camuflarse, saltar a un vacío que era ella misma, desapareciendo en un desigual combate contra nada. Pero la mirada de las bellas marca un camino incierto a quien lo quiera seguir: el de las preguntas: ¿qué vida te queda?, ¿quién verá tu belleza?, ¿de quién se dirá que eres?

Ángeles quiso arrancarse la piel de una carne extrema para mostrarnos que, debajo, no todos somos iguales.

Para el experto Iván de la Torre, en esta serie de Ángeles Agrela el cuerpo ha ido perdiendo importancia con el paso del tiempo. Sería un apéndice de El favor de las bellas (2016-2018) que es ‘Las bellas durmientes’ (2019). Un spin-off evolucionado en el que ha desembocado de manera natural, nada forzado. El cuerpo ha sufrido una progresiva desaparición en favor de la cabeza y el rostro, elementos que ahora soportan toda la dramaturgia de la imagen.

Ese cuerpo elidido, que ha perdido presencia formal, sigue, sin embargo, proyectándose en cada una de las obras, como un sí de un acusado evadido de cuya presencia omnisciente el (sucinto) resto del cuerpo fuera delator y recordatorio al mismo tiempo. ¿Cómo es posible que habiendo quedado relegado a una presencia fantasmagórica aún queden rastros en estas cabezas visibles de la postura de un cuerpo que conscientemente se omite?

Agrela consigue que, con sólo mirar las cabezas, el cuerpo o el arranque de los hombros de estas bellas, instintivamente el observador se remita a las posturas forzadas que parecen insinuarse.

¿Cómo lo consigue? Mediante un sutil proceso de traslación. Agrela hace recaer en el forzado giro del cuello, en la abrupta inflexión del pelo, en el escorzo antinatural de los hombros o en los giros de los brazos toda la tensión que en series anteriores se acumulaba en un torso o espalda arqueados, en un cuerpo en pleno salto o en acrobática postura. Incluso cuando es posible visualizar un cuerpo completo, este se encuentra replegado sobre sí mismo, sometido a una postura antinatural y subordinado al protagonismo de un contenedor artificial y de los pensamientos ensoñados que se vislumbran en las miradas. Sucede así en Daniela con vestido rojo (2019), cuya joven corporeidad femenina se constriñe en un espacio incómodo, imposible de adaptar a las mínimas necesidades de confort, al igual que en ‘Laura como bella durmiente en el sofá amarillo’ (2018).

Si ya se venía vislumbrando como la agresividad postural se venía atemperando en favor del gesto, como el dinamismo se apaciguaba para ganar en resortes interpretativos, ahora, además de eso, no cabe sino constatar que lo que realmente ha ocurrido es una inversión semántica de los signos visibles. Ya la cabeza es el cuerpo, ocupa su lugar y significación expresiva; ya las cabezas de las bellas son el todo del mensaje, pues lo contienen y lo trasladan.

La confluencia entre el forzamiento postural (que, o bien se manifiesta directamente o bien advertimos en diferido sutilmente) con una mirada ajena a la tensión del cuerpo supone un choque frontal. Como si el pensamiento y la carne, lo contingente e inmanente, caminasen en paralelo afrontando sus propias problemáticas.

Es en la mirada donde recae la capacidad sugestiva de la obra (una sugestión generada tanto por sus cualidades plásticas cuanto por la capacidad que posee para sugerir una narración que se escapa más allá de los marcos de la propia imagen). Una mirada perdida, abismada hacia (y en) un horizonte que no se logra discernir. Una mirada petrificada ante lo que advierte al mirar más allá de lo que ve.

Ángeles Agrela

Nacida en 1966, en la ciudad jienense de Úbeda, Ángeles Agrela ha residido en Nápoles, La Habana, Berlín y Granada, en cuya Facultad de Bellas Artes cursó estudios y se licenció. Es una artista multidisciplinar que trabaja con el tejido, el vídeo, la fotografía, la pintura, el dibujo y la obra gráfica. Su proceso creativo normalmente sigue una línea argumental y un grupo de obras va dando paso a otras como partes de una misma historia. Su trabajo siempre ha estado muy relacionado con el cuerpo y trabaja siempre con referencias al propio arte, o al hecho de ser artista, o qué tipo de artista.

Desde 1994, Ángeles Agrela ha celebrado más de treinta y cinco muestras individuales tanto en galerías privadas de España y Holanda como en Instituciones públicas de Italia, Francia, Alemania y España. También ha colaborado en exposiciones colectivas en Suiza, México, Berlín, Miami o Brasil, Nueva York.

Ha recibido diversos galardones a lo largo de su carrera: Premio BMW de pintura 2015. Premio de Artes Plásticas del Gobierno de Cantabria 2010. Premio Emilio Ollero de Jaén en 2017. Premio Internacional de Pintura Focus 2017 por la obra ‘Afrodita en procesión’.

Su obra se encuentra presente en colecciones como la del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla), Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (A Coruña), Colección L´Oreal España, Colección Caja San Fernando (Sevilla), Fundación El Monte (Sevilla), Colección Cajastur (Gijón), Caja Vital Kutxa (Vitoria), Gobierno de Cantabria. Colección de Arte Contemporáneo de la UNED, Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí (Córdoba), así como en las colecciones de las Diputaciones Provinciales de Granada, Jaén, Cádiz, Málaga y Huelva.







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