La estrella de la unidad en la diversidad

ESPECTACULO ESTRELLA MORENTE GENERALIFE - Dani B-4
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Llegando al Generalife me percato de la multitud que se dirige al mismo lugar que yo: el concierto de Estrella Morente atrae a un público diverso tanto en franja generacional como en nacionalidades. Para muchos, como yo, será el primer concierto (de sus vidas), o el primero en tiempos de pandemia. El mundo artístico se ha visto afectado estos últimos meses, pero la majestuosa Alhambra nos permitía disfrutar de una música enriquecedora y envolvente al aire libre, permitiendo así mantener las estrictas medidas de seguridad frente al Covid-19: mascarillas en todo momento, gel hidroalcóholico a nuestra disposición y distancia social prudente.

Falta apenas algunos minutos pasadas las 22 horas para que dé comienzo al espectáculo, y aunque mi asiento esté al final, esto hace que sea una de los afortunados en presenciar un panorama sin igual: Estrella Morente entonando su cante a la Alhambra de forma poderosa; la luna, pletórica y resplandeciente; el grillar de fondo dejando patente el sofocante calor mientras anochece; las fragancias y aromas florares del lugar, y un silencio sepulcral por parte de los espectadores, atentos a cada nota, a cada palabra, a cada “quejío. Era digno de admirar el respeto tan profundo de parte del público, avalando la trayectoria profesional de la cantaora granadina.

Y, para mi grata sorpresa, tanto la introducción como el final se vieron eclipsados por la fusión de voces e instrumentos, uniéndose Jalal Chekara (voz y violín) con su orquesta tetuaní y Dan Ben Lior (guitarra) dando como resultado una melodía embriagadora, maravillosa, sublime. La unidad en la diversidad reflejada en sus cantes entremezclados, como si fuesen una sola voz.

¡Viva Marruecos, viva Tetuán!”, exclamó la maestra a Chekara, con orgullo. Y para orgullo el mío, siendo de origen tetuaní por parte de madre y nacida en Granada. Dos culturas que se sienten como una sola, que fueron como tal en un pasado que nos ha dejado un legado precioso, envidiado y que hemos de proteger a toda costa.

También se hizo alusión a Israel y a Palestina, dejando claro que la paz universal y el entendimiento entre culturas priman por encima de todo, y que la música es un instrumento más para poder conseguir dichos objetivos.

Chekara junto a su orquesta entonaron una de las canciones típicas del norte de Marruecos ‘Kif neemel ma nbkishi’ (“Cómo hago para no llorar”), que supe reconocer desde el primer segundo, moviendo mis hombros y dando palmas tímidamente al compás de la misma manera, ante la quietud de los asistentes que observaban con curiosidad. De esta forma, la música marroquí, y en especial la norteña (o el tarab andalusí) se hizo un hueco en el recital, dándose a conocer y evidenciando la estrecha relación que alberga con el lugar en el que se entonaban los instrumentos típicos.

¿Qué destacaría del evento? Todo. La consideración y cariño del público, la entrega total de los artistas, el gran homenaje a Federico García Lorca, el reconocimiento de las distintas nacionalidades representadas y sus respectivas variedades musicales. Fue un gran espectáculo, merece la pena invertir en cultura, sobre todo ahora más que nunca. Y no me refiero a la industria musical, sino al mensaje que transmite el arte en todas sus variantes: somos uno, y “la Alhambra es de todos” tal y como decía Estrella Morente en la recta final del recital.

La Alhambra es el ejemplo perfecto de unidad en la diversidad, de una conjunción de culturas y de tradiciones que consiguieron ser una sola hace siglos atrás. Hagamos de este legado una realidad en nuestros días: la paz universal es inevitable, si nos unimos como una gran familia, tal y como Morente y los demás artistas demostraron en el escenario: admiración, cariño y orgullo recíprocos fueron su seña de identidad.

Nour Azuagh





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