Canal Sur: la sobrevalorada influencia de una televisión

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Eran los días del verano de 1994. En las elecciones autonómicas celebradas en junio de aquel año el PSOE, que encabezaba entonces Manuel Chaves, había visto esfumarse la mayoría absoluta con la que desde 1982 gobernaba Andalucía merced a los triunfos electorales de las dos sucesivas citas anteriores, en 1986 y 1990.

La nueva situación cristalizó en lo que ha pasado a la historia como la ‘legislatura de la pinza’, alianza auspiciada por Javier Arenas (PP), por la derecha, y Luis Carlos Rejón (IU), por la izquierda, una tenaza que dio tantos quebraderos de cabeza a Chaves que finalmente se vio obligado a interrumpir bruscamente y convocar elecciones anticipadas dos años antes de su conclusión, ante la imposibilidad de aflojar aquella presión que tenía su máxima expresión en el rechazo parlamentario y sucesivo de los presupuestos generales de la región, diseñados para 1995 y 1996 .

Pero antes de llegar a marzo de 1996 en que se adelantaron las elecciones, Andalucía vivió un curioso episodio que da idea del nivel de nuestros políticos y sus obsesiones. Lo he recordado estos día a propósito de la intención expresada en voz alta por Vox: la liquidación de Canal Sur. Y la evoco como muestra de la sobrevaloración que los políticos dan al ‘juguete’ que tanto dinero nos cuesta a los andaluces y su presunta influencia en los resultados electorales. Sobrevaloración que se dio entonces y se da ahora.

En el verano de 1994, fruto de la insuficiente mayoría socialista en el Parlamento andaluz, el PSOE no podía imponer por primera vez los nombres de la dirección de Canal Sur en su entonces corta historia. Los envalentonados partidos de la oposición, envalentonados por la nueva situación y en la errónea teoría de que la televisión autonómica jugaba un papel casi decisivo en los resultados electorales, se lanzaron a romper aquella a su juicio nefasta influencia.

Y se sucedieron las reuniones al más alto nivel, una ronda de negociaciones entre los tres primeros espadas de la política andaluza que se desarrolló durante más de un mes, con una intensidad y número nunca antes ni después registrada en la reciente historia de Andalucía ante muchos otros casos y episodios de mucho mayor calado y trascendencia para la vida de los andaluces.

Sí, señores: esas reuniones al más alto nivel no se convocaron ni por la crisis del olivar ni por la desindustrialización de Andalucía y la huida o desmantelamiento de empresas señeras ni por las sucesivas crisis derivadas de la caducidad de los tratados de Pesca con Marruecos ni por el aumento dislocado del paro a raíz de la crisis del 92 ni por una sequía de cinco años ni por cuestiones estructurales que azotan al entramado económico de la región ni por la aparición de problemas coyunturales ni…. No. En toda la historia de la autonomía los señores Chaves, Arenas y Rejón ni los líderes que les antecedieron o sucedieron al frente de sus partidos -el PA también tenía grupo parlamentario en ese 1994 pero numéricamente ni pinchaban ni cortaban, una minoría sin capacidad para decantar o influir en los resultados de una votación- se reunían para tratar de consensuar un reparto de influencias en la gestión de Canal Sur, según una peculiar manera de ver las cosas que sonroja enumerar las reuniones que se sucedieron para tan nimia cuestión.

Anotemos, eso sí, que aquella negociación puso al frente de la RTVA a Joaquín Marín. Que bajo su mandato se registraron los dos mejores años de Canal Sur en cuanto a la profesionalidad y neutralidad que se supone a una televisión y una radio públicas. Y que cuando dos años después se convocaron elecciones autonómicas anticipadas, coincidiendo en la fecha con los comicios que dieron la primera victoria en las generales al PP de Aznar, a los populares de Arenas y -sobre todo- a los izquierdaunidistas de Rejón el electorado les pasó factura por su política de obstrucción, lógica en la derecha y extraña por el entusiasmo que la izquierda puso en el empeño, no ajustado a la frustración de los resultados.

Entonces y ahora pienso que los políticos sobrevaloran la medida de la influencia de una televisión. Admitiendo la manipulación de los gobiernos regionales en todas las televisiones autonómicas -en todas-, la influencia de sus informativos en el escrutinio electoral es escasa, a mi modo de ver. Pensemos en Canal Sur y su escasa audiencia. Aunque sea criticable e inadmisible la propaganda política, ¿qué influencia tienen si nadie los ve? Más he visto en los programas de mayores y de niños y su público envejecido y añejo esa Andalucía rural que ha sido el electorado que ha venido haciendo posible los sucesivos gobiernos socialistas en la región.

Por eso, cuando oigo al PP criticar a Canal Sur, me pregunto si es posible colocar en la parrilla de ‘la nuestra’ más Semana Santa, más toros, más niños, más viejos… Y en cuanto a Juan Imedio y su omnipresencia en pantalla: en esos años de la ‘pinza’, Javier Arenas reunió una mañana a personalidades de la sociedad civil andaluza en una foto de apoyo a su candidatura. Entre ellos estaba Juan Imedio…



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