Llega el cambio de hora: ¿nos afectará más por el confinamiento?

En la madrugada de este sábado al domingo entra en vigor el horario de verano y habrá que adelantar el reloj una hora: a las dos serán las tres

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La próxima madrugada, a las tres serán las dos | Foto: EP
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Esta madrugada del sábado al domingo se adelanta una hora el reloj: a las dos serán las tres. “Una hora menos de confinamiento”, señalan los más optimistas. Pero, en realidad, la entrada en vigor del horario de verano no llega en el mejor momento precisamente por este confinamiento al que está sometido la población a causa de la crisis del coronavirus.

El cambio de hora supone más horas de luz durante el día que, al menos de momento, serán para vivirlas encerrados en casa mientras dure el confinamiento. Eso plantea la cuestión de si, desde el punto de vista psicológico, puede afectar de alguna manera por la sensación de que, encerrados y con más luz, los días se nos pueden hacer más largos. Y es que, en realidad, supone que vamos a tener más horas de luz que no vamos a poder disfrutar. Eso hace pensar a los psicólogos que la hora de acostarse se alargue para la mayoría de las personas y eso provocará sensación de mayor enclaustramiento.

Más luz, en definitiva, supone más ganas de salir, lo que puede agravar la frustración. Aceptar la situación y apelar a la responsabilidad de cada uno es una buena manera de superarla, además de adaptar las rutinas habituales al nuevo horario.

A algunas personas, el cambio de hora le suponen algunas consecuencias, ya que les altera el ritmo interno y fomenta la aparición de problemas para conciliar el sueño durante esa noche y las siguientes. Ello dispara el estrés, la secreción de cortisol y también la sensación de apetito. Unos inconvenientes que podrían verse agravados en esta situación y que se suman a los sentimientos de ansiedad que algunas personas empiezan a experimentar. Y es que esta semana será, según los expertos, la más complicada.

La clave para atenuar las consecuencias, sin embargo, radica en mantener la calma, aceptar el cambio con naturalidad e intentar mantener los hábitos y las rutinas que hayamos puesto en marcha durante estos días. Esto pasa por alimentarnos correctamente, evitar el consumo de sustancias excitantes, respetar nuestros horarios, hacernos un planning, hacer algo de ejercicio en casa para mantener la forma y los kilos a raya, intentar realizar actividades por separado si vivimos en pareja, etcétera.

Normativa europea

Con el cambio de hora se cumple con la Directiva Europea 2000/84/CE que sigue afectando, sin excepción, a todos los estados miembros de la Unión Europea. Las primeras disposiciones del horario de verano se adoptaron en Europa en 1980 y con la aprobación en el año 2000 de esta directiva comunitaria se fijó el inicio del horario de verano el último domingo de marzo y su finalización en la madrugada del último domingo de octubre.

Si bien, en el conjunto de la UE en el año 2018 se planteó la propuesta de eliminar el cambio de hora y se inició un proceso que si bien consideraba suprimir este cambio en 2019, los entonces Veintiocho consideraron que la iniciativa era prematura y se aplazó la decisión hasta el año 2021.

En la actualidad el cambio de hora está sujeto a un estudio en los distintos países después de que la Comisión Europea realizara en 2018 una consulta pública en la que más del 80 por ciento de los 4,6 millones de ciudadanos que participaron se mostraron a favor de acabar con los cambios de hora.

En España, hace un año el Consejo de Ministros del 22 de marzo, la entonces portavoz del Gobierno y ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, adelantó que España mantendría su huso horario y el cambio de hora estacional mientras reflexionaba hasta el año 2021.

El cambio horario forma parte de la Directiva Europea 2000/84CE que afecta a todos los Estados miembro de la Unión Europea con el objetivo de aprovechar mejor la luz solar por la tarde. Por tanto, el cambio es obligatorio y siempre se produce en las mismas fechas y horas en el conjunto de la UE, de modo que no existe la posibilidad de que un Estado miembro no aplique este cambio de hora.

La Comisión Europea considera que el consumo de energía no es el único aspecto positivo sino también subraya otros impactos sobre sectores como el transporte, las comunicaciones, la seguridad vial, las condiciones de trabajo, los modos de vida, la salud, el turismo o el ocio.





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