Camarón y San Fernando, una ruta flamenca por ‘La leyenda del tiempo’

El genio isleño, nacido José Monje Cruz, es el protagonista absoluto de una ciudad enclavada en un punto tan histórico como lleno de duende

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El mausoleo de Camarón es la muestra más evidente de que la leyenda del isleño perdura casi 30 años después de su muerte | Fotos y vídeo: Javi Gea
Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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Cuentan que el Puente Zuazo es el último confín de la España Libre. Allí pereció el Mariscal Víctor, comandante en mando francés, cuando la Isla de León era el último territorio de la España peninsular que, todavía en 1812, Napoleón Bonaparte no había conquistado. Ese puente es la entrada a San Fernando. Y esta ciudad es la que da la bienvenida al visitante cuando cruza el Caño de Sancti Petri. Quizás sea esa épica conservada a lo largo de los años la que, con el tiempo, terminó implosionando en toneladas de duende. Quizás por eso, San Fernando se convirtió en el epicentro del flamenco durante décadas. Y, quién sabe, quizás por ese embrujo que la envuelve, quiso el azar que; entre aquellos cenáculos llenos de cantaores, bailaores y tocaores; echara los dientes el más grande entre los grandes de ese arte que hoy es una expresión del pueblo andaluz convertida en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Es tradición en el flamenco ‘bautizar’ a sus artistas por su lugar de procedencia. Por eso para los más profanos en la materia, el nombre de José Monje Cruz no es del todo conocido, aunque sí familiar. Otros muchos, podrían creer que La Isla (así, en mayúsculas) es una suerte de denominación autóctona de cualquier archipiélago. ¡Qué paradoja! El apelativo del virtuoso más grande que ha dado la música folclórica más internacional que se conoce habla de su ciudad de nacimiento en su ‘nombre’ y en su ‘apellido’, y sin embargo su tierra tiene un nombre propio -San Fernando- que no es el del mismo artista.

Pero con todas esas contradicciones, ni Camarón de La Isla se entiende sin San Fernando, ni San Fernando se entiende sin Camarón de La Isla. Por eso, cuando se cruzan el Caño de Sancti Petri -de incalculable valor natural y paisajístico, y en perfecto maridaje con un turismo de calidad que aúna sol, playa y respeto al medio ambiente, tan característico de Andalucía- Camarón no es una leyenda viva. Es mucho más que eso. Un icono, sonido del aire expelido desde los pulmones hasta el mismo corazón de la cultura pasando por la laringe. Un vibrato que recorre una ciudad en la que el genio habita en cada rincón. Como Mahoma en La Meca o Maradona en Nápoles.

Por eso, casi 30 años después de su muerte, Camarón representa en sí mismo la principal atracción turística de San Fernando, que ningún amante al flamenco debería perderse, ni tampoco los viajeros más curiosos. Situada en un nudo de comunicaciones envidiable, La Isla es accesible por tierra, mar y aire. A su orilla se llega por autovía desde la A-92, eje estructurante de las carreteras andaluzas, y desde la A-4. Desde el mar, dos puertos de referencia como el de Algeciras y la Bahía la flanquean. Por aire, el Aeropuerto Internacional de Jerez queda a menos de 20 minutos.

Y ya desde dentro, sólo queda disfrutar. Disfrutar de su gastronomía, con la tortillita de camarones o la mojarrita frita; de sus paisajes, con el Mediterráneo como guardián (y Como el agua), y por supuesto de su gente. Que es la gente de Camarón. El visitante puede, y debe, planificar la ruta para conocer al genio de ‘cerca’. Entre comillas, sí. Porque ni siquiera quienes tuvieron trato con él se atreven a pronunciar su nombre. Eso conlleva una carga emocional y una responsabilidad histórica. Pero merece la pena acercarse a la Venta de Vargas, donde deleitó a los comensales en su más tierna infancia. O al cementerio municipal, donde en pleno mes de agosto, y con un sol de justicia, es posible encontrar a un grupo de jóvenes ante su mausoleo -una verdadera obra de arte arquitectónica abierta al público-, que resumen con una frase décadas de legado flamenco: “Si llegas hasta aquí y no ves esto es como si vas a ‘Graná’ y no visitas la Alhambra“. La ciudad palatina y el sultán a tres horas y veinte minutos por autovía. Un ‘suspiro’ de varios siglos entrelazados por el arte. Volando voy, volando vengo, habría recitado la madre de Boabdil de haberlo sabido cuando vio el monumento en la lejanía.

Interior de la Peña Camarón de la Isla, con la estatua de Camarón en el escenario.

Bucear en la figura de Camarón es hacerlo en la de ‘su’ peña. La Peña Camarón de La Isla. “Empezamos en 1988. Los amigos de José hablamos con él para hacer una peña. Él aceptó”, recuerda Antonio León, su presidente, en pleno corazón de San Fernando. Allí puso el mismo José Monje Cruz la primera piedra un primero de diciembre de 1991. Camarón falleció en 1992 y no pudo ver la inauguración de la peña en 1995. “Cuando vienen personas de fuera disfrutan más, porque esto que tenemos aquí no lo ven todos los días. Para el gitano, Camarón es el Dios. Conozco vivencias de gente que traía a los niños para que los curara”, relata León, quien invita a todos los andaluces a asistir a un espacio “abierto para todo aquel que quiera visitarlo”. “Vienes, te tomas un refresco, compras algo y eso nos llena para poder seguir haciendo cosas” y manteniendo viva la memoria del genio isleño.

“A Camarón lo he alabado y lo sigo alabando como una persona cariñosa, nada prepotente, dócil, bueno y noble. Tengo un cuadro suyo en mi habitación, junto a los santos, y cuando me acuesto le doy un beso y cuando canta algo de su madre me harto de llorar”, apostilla Francisco Ruiz, un heredero en memoria y vivencias del flamenco más puro y sobrino de la mítica Paquera de Jerez. Y es que la figura de José Monje Cruz traspasa cualquier ‘Frontera’ imaginable. Por supuesto la de su propia provincia. La de Andalucía y la de España. Su talla y su leyenda tiene una dimensión internacional.

La ruta de Camarón prosigue por San Fernando. Junto a la Venta de Vargas ya se intuye el museo de su historia. Aún no abierto, pero que con una arquitectura llamativa, recoge pedacitos de la vida del genio. Trozos materiales y sentimentales que nunca serán suficientes para llegar a comprender la dimensión del mito, pero que compendian acertadamente todo lo que, de alguna forma, dejó por el camino. En la entrada, su estatua, cuya réplica exacta también corona el escenario de la peña que lleva su nombre. La casa natal de Camarón, en la calle del Carmen número 29; la fragua, en la que trabajó junto a sus padres para sacar adelante la familia, o la Iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo completan un recorrido espectacular.

Dijo Miquel Barceló, quien dibujó la portada de su último disco Potro de rabia y miel (1992)-, que “no conocer a Camarón es como no conocer a Picasso”. Y añadió: “Era capaz de cantar la lotería y ser sublime”. Conmovió al pintor y rindió tributo al poeta con La leyenda del tiempo. Lorca, que siempre honró al pueblo gitano, no lo habría creído ni aún viajando al futuro. San Fernando, Madrid, Barcelona… Camarón falleció en Badalona, pero su memoria y su legado siempre quedaron en La Isla. En una ruta que se puede realizar en apenas un día, sin importar la época del año, en familia y con el añadido de una costa y una oferta gastronómica y turística sin igual. Camarón es San Fernando y San Fernando Camarón. Pero ambos son hijos de la historia y de quienes se atrevan a descubrirla.

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Más información en www.andalucia.org y www.turismoandaluz.com





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