La sobreprotección y la permisividad provocan que aumenten las denuncias por violencia de hijos sobre padres

Hay más de 13 acusaciones diarias contra estas actitudes tiránicas hacia los progenitores. Los psicólogos recomiendan recurrir a profesionales para saber “qué hacer y cómo actuar” ante estas situaciones

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Este tipo de educación sin límites fomenta el egocentrismo y la falta de empatía | Foto: Gabinete
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En los últimos años, las denuncias por violencia filio-parental (VFP) han aumentado de forma alarmante en España. El número de casos se incrementa a diario y ya son más de 13 denuncias al día por hijos que agreden a sus padres y/o madres, según los datos de la Fiscalía General del Estado. Esta cifra no tiene en cuenta los casos ocultos, que no son denunciados por la inseguridad y la culpabilidad de las víctimas, que sienten que han fracasado en su labor como padres, así lo explica el ilustre Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (Copao).

La violencia filio-parental se define como un acto de abuso ejercido por los hijos hacia los padres y cuyo objetivo es ganar poder y control sobre ellos.

Estos adolescentes, habitualmente, son poco empáticos, con baja o nula tolerancia, muy impulsivos y con dificultades para controlar la ira. Su modo de actuar es egoísta y, a nivel emocional, su autoestima suele ser baja, lo que les provoca un malestar continuado.

Los factores desencadenantes de este grave problema son de tipología diversa, pero sí existe un acuerdo entre los profesionales que señalan las pautas educativas como un efecto directo.

Dentro del contexto familiar, con la premisa de “no frustrar a los hijos”, los padres son excesivamente permisivos y sobreprotectores. Dotan a sus hijos de un mayor número de beneficios que de obligaciones. Como consecuencia, las demandas van en aumento y puede desarrollarse un comportamiento tiránico (Garrido, 2007).

Este tipo de educación sin límites fomenta el egocentrismo, la falta de empatía y la baja tolerancia a la frustración cuando no consiguen lo que quieren de forma inmediata (Urra, 2006).

Valores violentos

Además, estos adolescentes han crecido en una sociedad con valores violentos, donde prima la búsqueda del éxito fácil y donde los comportamientos inaceptables se permiten con naturalidad; el estilo democrático ha sido mal entendido y la distancia jerárquica entre padres e hijos se ha reducido dentro y fuera del sistema familiar.

Dicho esto, cabe destacar que ser testigo de violencia en la familia aumenta la probabilidad de que los hijos ejerzan violencia, ya que la identifican como legítima, útil y eficaz para resolver conflictos.

Con todo ello, y en respuesta al qué hacer y cómo actuar, destacar que la violencia filio-parental es una problemática pluricausal que necesita medidas profesionales rigurosas y eficaces como las llevadas a cabo desde la Terapia Familiar Funcional y la Terapia Familiar Sistémica, cuyas filosofías se basan en que la conducta del adolescente ha de entenderse en el contexto en el que vive, y los objetivos de intervención van dirigidos a cambiar el patrón de interacción familiar y promover la colaboración entre los servicios implicados con el joven.

Además, son programas con un buen nivel de protocolización, sometidos a evaluación continua de los cambios y resultados por parte de profesionales de alta cualificación. La situación actual pone de manifiesto la importancia, no sólo de seguir ampliando el conocimiento sobre la violencia filio-parental en todos sus sentidos, sino también de poner en marcha campañas de sensibilización y prevención temprana, ya que las consecuencias tanto para los jóvenes como para sus familias conllevan elevados niveles de sufrimiento y un importante coste vital.



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