Nunca confundas mi silencio con la ignorancia, mi calma con la aceptación o mi amabilidad con la debilidad

Busquemos los significados y las ambivalencias de silencios e ignorancias, de calma y aceptación, y de amabilidad y debilidad

Joan Carles March
La compasión y la tolerancia no son un signo de debilidad, sino un signo de fortaleza | Foto: J. C. M.
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La compasión y la tolerancia no son un signo de debilidad, sino un signo de fortaleza. Estos son frases del Dalai Lama, que valen la pena para la reflexión.

Pero busquemos los significados y las ambivalencias de silencios e ignorancias, de calma y aceptación, y de amabilidad y debilidad.

Silencio: Una de las formas de integrar el silencio es la meditación. La meditación provoca cambios atencionales y emocionales. A nivel emocional, sabemos que se destruyen circuitos de rabia y miedo. Se desconfiguran y se crean otros de bondad y compasión en otra estructura, contribuyendo a disminuir los pensamientos repetitivos, aumentar la sensación de equilibrio y mejorar la capacidad de concentración e incluso ser mucho más hábil en atender estímulos rápidos que se presenten.

Para el filósofo y teólogo Francesc Torralba, existe un silencio culpable, el de la buena gente que calla cuando se comete una injusticia, ya sea por miedo o por pudor. Dice en ‘eldiario.es’ que este es el silencio que Martin Luther King criticó duramente. Añade que luego está el silencio de la discreción, que consiste en callar y no comunicar la información confidencial que nos ha sido revelada. Explica que el silencio de la discreción nos hace más nobles, pero el primer silencio, el del miedo, nos hace cómplices, por omisión, de la barbarie.

En ocasiones, dice la gente de la mente es maravillosa, quien guarda silencio ante la crítica, la envidia o la provocación no es por falta de argumentos ni valentía. Lo que ocurre es que cuando la ignorancia habla, la inteligencia calla, ríe y se aleja. Sabemos que conservar la calma y la templanza ante una crítica o un reproche no es precisamente fácil. Pero todos deberíamos asumir que hay discusiones que no valen la pena. Cuando hay oídos que no escuchan y mentes pequeñas donde no caben las explicaciones, es mejor callar, reír y dejar ir.

Calma: Cualquiera de nosotros puede mantener la calma, incluso si los demás pierden los nervios a nuestro alrededor. Que importante es que ante un estimulo estresante, violento o que no nos gusta o incluso nos irrita, respondamos y no reaccionemos.

Nosotros podemos ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo. Saber entender a los demás es tan importante como saber entendernos a nosotros mismos.

La mayoría de nosotros experimentamos algún nivel de estrés a lo largo de nuestra vida. La manera como reaccionamos ante él, positiva o negativamente, puede hacer la diferencia entre ser asertivo o reactivo.

Cuando estamos bajo presión y sentimos que estamos a punto de explotar, lo primero en lo que debemos concentrarnos es en mantener la calma.

La aceptación dicen en la mente es maravillosa, no debe ser confundida con la resignación. Hay circunstancias en las que es posible el cambio y, también, otras en las que intentar un cambio es contraproducente. Y la aceptación no es la admisión de un fracaso personal; más bien, se trata de reconocer que una determinada estrategia no ha funcionado o no puede dar resultado.

Amabilidad: Para algunos, la amabilidad es la elegancia del alma, aunque haya gente que la confunda con debilidad. Y dicen que decir gracias no significa que ser generoso, pero una persona actúa como si lo fuera. Al decir disculpe, actúa como alguien considerado, al decir muy amable actúa como alguien que reconoce las cualidades del otro.

Ser amable dicen que reduce la depresión, la ansiedad, el estrés y rejuvenece.

La amabilidad modifica el cerebro. Y eso pasa al inverso del estrés. El estrés genera adrenalina y cortisol; pero cuando somos amables con alguien eso nos hace sentir bien y producimos “la hormona de la amabilidad”, la serotonina, que actúa en el cerebro incrementando la felicidad.

La amabilidad es cardioprotectora, dilata las arterias y reduce la presión sanguínea, y también es antídoto contra la depresión. Si una persona es amable de forma regular el riesgo de depresión disminuye porque la serotonina actúa en la amígdala reduciendo la depresión, la ansiedad y el estrés. Y entrena al cerebro para que sea más resiliente. Junto a ello, cuando nos sentimos deprimidos, no queremos conectar con los demás, sin embargo conectar con personas siendo amables nos hace sentirnos mejor. También retrasa el envejecimiento de nuestras células de forma notable.

La gente cree que lo opuesto al estrés es la calma, pero fisiológicamente es la amabilidad. Las hormonas del estrés aceleran el envejecimiento y la serotonina lo retrasa. Cuando hicieron lo mismo con la serotonina, comprobaron que frena el envejecimiento de las células. Pero la amabilidad también afecta a la piel, los músculos y los huesos. El estrés oxidativo tiene un papel en la degeneración muscular y la oxitocina tiene un papel antioxidante.

En un estudio donde pidieron a unos voluntarios que hicieran una práctica de meditación durante varios días basada en pensar cosas amables. Su resultado: una reducción de la inflamación dentro del cuerpo, el 57% en las células de los vasos sanguíneos y el 48% en las cé­lulas inmunitarias.

La amabilidad mejora las relaciones, al ser el pegamento que mantiene unidas las relaciones y las comunidades. La amabilidad, la bondad, es lo más contagioso que cuenta haber descubierto. Cuanto más alta es la R, la reproducción, más contagio hay. Si alguien es amable con una persona, esta se sentirá bien y será amable con 4 o 5 personas que a su vez lo serán con 4 o 5 más, hasta alcanzar los tres pasos sociales. Este es el índice R. Por tanto, la amabilidad es un acto de valentía.

Ser amable con todo el mundo, incluso con los que te atacan, es muy importante. No perder las formas. Los modales son imagen. Si uno se vuelve agresivo/a porque le agreden, al final terminan ganando los tiburones…porque terminan transformándonos en uno de ellos. Y lo pagamos con la vida.

Pero que nadie confunda amabilidad con debilidad. Si creemos que vale la pena luchar por algo, no dejemos de hacerlo. Con buena cara, eso sí, pero con toda la artillería disponible. Porque que seamos amables no significa que no seamos personas que sabemos lo que queremos.







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