El año que se va en Granada (1)

Luis Salvador se convirtió en alcalde de la capital tras las elecciones del 26 de mayo gracias a un acuerdo global entre Ciudadanos y PP no exento de polémica

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Luis Salvador, en el pleno de constitución del nuevo Ayuntamiento de Granada | Foto: Dani Bayona
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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A lo largo de este año 2019 que se va, los granadinos han tenido tres citas con las urnas. La primera, el 28 de abril, fue para elegir la composición del Congreso de Diputados y el Senado. La segunda, el 26 de mayo, para constituir los ayuntamientos de los 174 municipios de la provincia. Y la tercera, el 10 de noviembre, para volver a elegir a diputados y senadores por la circunscripción granadina, ya que las de abril no sirvieron para formar gobierno. Es decir, que por votar no quedó la cosa.

En las municipales, lo más significativo fue que el acuerdo al que llegaron Ciudadanos y Partido Popular en el conjunto de Andalucía a raíz de las elecciones autonómicas de diciembre de 2018 y que les está permitiendo gobernar conjuntamente en la comunidad, se trasladó a un buen número de ciudades de la provincia. Eso ocurrió en Motril, Ogíjares, Las Gabias o La Zubia, por citar sólo cuatro ejemplos. En otros sitios no hizo falta, como en Loja, porque allí los populares arrasaron. El PSOE mantuvo feudos como Baza o Salobreña, pero acusó ese pacto generalizado entre las dos citadas formaciones, a veces apuntalado con la ayuda de Vox, cuyo crecimiento a lo largo del año puede admitir polémica, pero no discusión.

Con esos resultados en el conjunto de la provincia, además, se formó el nuevo gobierno de la Diputación, que encabeza el PSOE y tiene como presidente al que también es su secretario general, José Entrena.

En la capital, el PSOE consiguió una victoria clara, con más de 35.000 votos y diez concejales, pero eso no le permitió a Paco Cuenca continuar en la alcaldía. La coalición entre Partido Popular (25.000 votos y siete ediles) y Ciudadanos (16.000 y cuatro), más la ayuda de los tres concejales de Vox en la sesión de investidura, llevaron a una cifra de catorce votos, uno más que los que alcanzaron los diez socialistas y los tres representantes de Podemos-Izquierda Unida.

Pero, para sorpresa de muchos, la alcaldía no recayó en el candidato de la segunda fuerza más votada, Sebastián Pérez, sino en el de la tercera, Luis Salvador. Como consecuencia de un acuerdo global entre Ciudadanos y PP en el conjunto del país, una especie de intercambio de cromos que incluyó alcaldías, diputaciones y comunidades autónomas, se decidió que Ciudadanos estuviera al frente de la ciudad.

El ruido de fondo

Desde entonces, el gobierno local ha jugado por un lado con el viento a favor, porque ser del mismo color político que el gobierno de la Junta de Andalucía le favorece, y ha sabido ser práctico y poner en evidencia una innegable capacidad para gestionar y maniobrar en diversas cuestiones. Pero desde entonces, también, hay en la ciudad un ruido de fondo.

Se resume en una simple fórmula matemática: 2+2. Que se explica así: supuestamente, según fuentes del PP de Granada, aquí se acordó justo antes de la investidura que Luis Salvador sería alcalde dos años, hasta junio de 2021, y después, en la segunda mitad del mandato, pasaría el testigo a algún concejal del PP, presumiblemente Sebastián Pérez.

Sin embargo, Ciudadanos no reconoce validez a ese supuesto pacto. La dirección nacional lo negó y dijo que lo único que le valía era lo acordado para el conjunto del país. El PP se enfadó y ha amagado en varias ocasiones con dinamitar el pacto local si no hay un compromiso claro por parte de Ciudadanos en marcharse en la fecha por ellos prevista.

El debate sigue abierto. Por un lado, PP y Ciudadanos mantienen (al menos de cara a la galería) una actitud de cooperación y una magnífica sintonía. Por otro, no se descarta que el batacazo electoral de los segundos en las generales de noviembre de 2019 tenga algún efecto. Ciudadanos, eso nadie lo duda, ya no es lo que era. En esas generales sólo obtuvo en la capital 11.000 votos, lo que debilita aún más la posición del alcalde. A quien además se le ha abierto una brecha interna: es un secreto a voces que su relación con el portavoz del grupo municipal, Manuel Olivares, no pasa por su mejor momento. Próximos movimientos, en breve. O no.

Nuevos cargos, distinta gestión

La llegada de nuevos gobernantes a la Junta, por volver al ámbito autonómico, también ha acarreado cambios que afectan a Granada. La gestión de baluartes importantísimos para su economía como la Alhambra o Sierra Nevada está ahora en manos de Rocío Díaz y Jesús Ibáñez, respectivamente, ambos del PP. El año se cierra con otra discusión: ¿habrá o no cambios en el día a día del Parque de las Ciencias, otro referente? ¿Y si los hay, en qué consisten?

Las elecciones generales (las dos) se tradujeron en Granada en un triunfo del PSOE, que obtuvo en ambos casos tres diputados en la provincia. El PP, que en abril obtuvo su peor resultado en cuatro décadas y sólo logró un representante, se recuperó ligeramente y alcanzó dos en los comicios de noviembre, pero sigue lejos de su mejor momento. Unidas Podemos, que bajó en España, mantuvo el tipo y su escaño en Granada. Vox lo alcanzó en abril y lo revalidó en noviembre, con más fuerza y votos, y Ciudadanos no se libró del descalabro y perdió el 10-N el parlamentario que ganó el 28-A.

Así las cosas, al frente de los gobiernos de Granada hay personas de tres partidos diferentes: Ciudadanos en la capital, PSOE en la Diputación y (en funciones) en la Subdelegación del Gobierno central y Partido Popular en el autonómico. Es una combinación inédita.





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