Un año “devastador” para los guías de turismo de Granada

Estos trabajadores, que han sufrido de lleno las consecuencias de la pandemia del Covid-19, tienen la esperanza de que el verano les dé “un respiro económico”, aunque prevén que el sector no se recuperará hasta la primavera de 2022

Guias turísticos en la Alhambra
Los guías de turismo de Granada en el punto de recepción de grupos en la Alhambra | Foto: Antonio L. Juárez
María José RamírezMaría José Ramírez
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Miles de turistas recorrían las calles de Granada cada día para conocer los rincones de la ciudad y visitaban su monumento más emblemático, la Alhambra, acompañados por los guías de turismo hasta hace casi justo un año. Pero, de repente, todo se paralizó. La pandemia del Covid-19 provocó el cierre del tráfico aéreo y la Alhambra y todos los otros monumentos de la ciudad se vieron obligados a cerrar sus puertas el 14 de marzo, cuando el Gobierno decretó el estado de alarma, en principio, para 15 días, que después se prorrogó hasta el 21 junio. La vida cambió para todos con la pandemia del Covid-19, que ha afectado “de lleno” a los guías de turismo. “Este año de pandemia lo hemos vivido como una tragedia que no conocen ni lo más antiguos de la profesión. Ni la crisis del petróleo, ni lo de las Torre Gemelas, ni la Guerra del Golfo, ni otras cosas terribles que pasaron y afectaron al turismo han sido como esta. Ha habido una bajada total del turismo, a cero desde el 14 de marzo de 2020”, asegura Miguel Campos, el presidente de la Asociación de Guías Intérpretes del Patrimonio de Granada (AGIP), que cuenta a GranadaDigital que la bajada del porcentaje de trabajo de los guías has sido de “un 98%”.

“Teníamos cifras de récord de turismo extranjero en Granada y, de repente, nos encontramos con una situación de ciencia ficción. Nunca habría imaginado una situación así”, comenta Lucía Vilar, guía de turismo y vicepresidenta de AGIP, asociación que cuenta con 200 guías asociados. “Ha sido un año muy malo. Desde mediados de marzo sin turismo extranjero. El turismo nacional ha sido poco y en periodos intermitentes, porque la Alhambra ha estado cerrada o ha habido cierre perimetral”, añade.

Precisamente esas imágenes de la Alhambra vacía han sido unas de las que más han impactado a los ciudadanos y, como no, a los guías de turismo, pues el monumento siempre presentaba un gran bullicio de turistas, pues recibía la visita de más de 6.000 cada día. “Es algo tremendo. No lo habría imaginado nunca. Parecía ciencia ficción. Si me lo hubieran dicho hace un mes, hubiera dicho: no puede ser. Pensé que jamás sucedería aquí. Veía por la tele lo que pasaba en China, pero pensaba que no iba a llegar aquí. Ver la Alhambra vacía es desolador. Impresiona el silencio en los patios. Los mismos trabajadores comentan que es muy triste el monumento. El turismo da vida al patrimonio también”, indica. Lo mismo opina Miguel Campos: “Nos llamaba mucho la atención el silencio, era terrible. Casi nunca hemos oído el ruido de la fuente, por el bullicio de la gente. Muchos compañeros me decían que se tenían que ir de la Alhambra porque se iban mucho más desanimados de lo que venían. Ahora solamente están los vigilantes, los taquilleros, los de seguridad, los guías y la gente que va a hacer deporte por allí, pero por la tarde nada, es desolador”, añade Miguel Campos.

Imagen del Patio de los Arrayanes sin turistas | Foto: Antonio L. Juárez

Para un guía de turismo, acostumbrado a estar cada día en la calle, el confinamiento supuso un giro de 180 grados. “Supone un reseteo en tu vida diaria. Al principio lo vives con preocupación porque las medidas se prorrogaron. El golpe de quedarse en casa, algo que nunca hubiéramos imaginado, provocó que reorganizaras tu vida. Yo me he dedicado un poco más a mi faceta de mamá: estar más encima de los niños, de los deberes, etc. Tratar de normalizar la situación”, asegura Lucía Vilar. Para Miguel Campos, presidente de AGIP, “desde el punto de vista psicológico y físico, el confinamiento fue muy malo”. “Cuando uno está dedicado a una actividad como la nuestra, bastante frenética cuando llega la temporada, porque tienes que estar a tiempo en tu sitio y casi siempre se hacían dos servicios al día, comías en la calle también, madrugabas, que de pronto te levantes y digas: ¿qué hago? Y, además, sin ingresos. Es duro”, asegura.

“Los primeros meses de confinamiento hemos estado estudiando, te lo tomas con calma. Hemos compartido apuntes unos compañeros con otros y conocimientos de sitios que tienes menos trillados. Pero con el desánimo no te dan ganas de hacer nada. Hay que tener el espíritu alto. Cuando ves que pasan los días y la cuenta bancaria va hacia abajo, no te dan ganas de hacer actividades formativas. Se desgasta uno mucho. Estábamos acostumbrados a andar. En una visita a la Alhambra se hacen casi 4 kilómetros y, de pronto, no hacer nada, el cuerpo se resiente también. Desde el punto de vista físico y psicológico ha sido devastador”, asegura.

Tras el confinamiento, algunos guías de turismo de Granada regresaron a las puertas de la Alhambra para volver a trabajar, pero todo fue muy distinto. “Cuando abrió la Alhambra de nuevo, pusimos en marcha un sistema de colaboración entre los guías, hicimos un sorteo de guías y el ganador se llevó los primeros clientes. Es un método de subsistencia prácticamente, porque grupos organizados de agencias de viaje no hay y es prácticamente de lo que vivimos. Una parte muy importante es el turista extranjero, pero no asoma. En verano sí que hubo algunos franceses, por cercanía, pero el turismo asiático o norteamericano es cero”, asegura Lucía.

Momento del sorteo que realizan los guías de turismo en la Alhambra | Foto: Antonio L. Juárez

Durante el verano hubo algo más de turismo nacional en la capital granadina ya que las medidas no fueron tan estrictas. Principalmente hubo turismo familiar, según cuenta Miguel Campos. “Hubo días buenos en los que 20 ó 30 guías estuvieron trabajando. Hicimos algo para mantener el espíritu alto, pero no mucho. Hacíamos sorteo entre 60 ó 70 guías y tenías que tener suerte para sacar un buen número y quedarte para coger grupos. Hemos trabajado una media de cuatro o cinco días al mes por lo menos. Sirvió para ver que el turismo está ahí y volverá”, asegura.

La situación ha empeorado desde entonces, ya que la tercera ola de la pandemia ha provocado más restricciones en Granada, que hasta hace unas semanas ha tenido cierre perimetral, por lo que no ha podido recibir ni siquiera visitantes de otras poblaciones de la provincia. La capital pudo abrir sus fronteras el pasado 19 de febrero, pero la movilidad entre provincias aún no está permitida, aunque parece que podrá estarlo de cara a Semana Santa si los datos no empeoran, como comentó el presidente de la Junta, Juanma Moreno. Aún así, las previsiones no son buenas. “Semana Santa va a ser complicada porque no se puede entrar a Andalucía, hay cierre de la comunidad autónoma. Y el turismo extranjero es cero”, comenta Lucía Vilar. “No hay reservas, pero preferimos fastidiarnos en Semana Santa si eso va a asegurar un verano más tranquilo. Con un poco de suerte, tendremos turismo nacional. Tenemos muchísimas esperanzas en que el verano nos dé un respiro económico”, añade Miguel Campos.

Para aliviar su situación, los guías de turismo han percibido ayudas por parte del Gobierno, “una subvención por cese de actividad”, pero “no han sido iguales para todos”. Lucía Vilar cuenta que desde marzo a junio no tuvieron que pagar la cuota de autónomos, pero sí ya a partir de junio, cuando acabó el Estado de Alarma. Además, quienes se dieron de baja por no poder pagar la cuota, no han tenido derecho a percibir ninguna ayuda, y son en torno a un 20% en Granada. Esta guía de turismo echa en falta que en España no hayan dado ayudas directamente hasta otoño de 2021, cuando se prevé que el turismo se pueda volver a reactivar, como ha sucedido en Alemania. Esto ha provocado “una situación de estrés importante y desgaste psicológico”. “Dentro de los asociados hay muchas situaciones: parejas que ambos son guías y han dejado de percibir dos sueldos y ahora solo tienen la ayuda; también hay familias monoparentales que han tenido que pedir ayuda a familiares o personas más mayores, con menos capacidad ya para reciclarse”, explica.

Miguel Campos, presidente de AGIP | Foto: Antonio L. Juárez

Los guías de turismo piden que esas ayudas les sigan “sosteniendo mientras dure la situación”. “Que continúen las ayudas y los ERTE, pero un poco más allá del verano”, indica Lucía Vilar. “Ahora están empezando a vacunar a la gente, pero el turismo no se va a recuperar ya. Esto es un proceso que va a ir poco a poco, hasta que se genere confianza y la gente quiera volver a viajar. Durante ese periodo de recuperación, que va a ser paulatino, deben continuar sosteniéndonos y ayudándonos”, asegura. También Miguel Campos considera que las ayudas a los guías de turismo no deberían concederse solamente “de tres en tres meses” y tendría que suceder como en Alemania, donde el Gobierno ya ha garantizado las ayudas “hasta la vuelta a niveles de trabajo como anteriormente”. “A nivel autonómico también se podría hacer algo. En Asturias, por ejemplo, han dado ayudas directas al sector del turismo”, agrega.

Las previsiones más optimistas para la recuperación del turismo apuntan al otoño. “Me han hablado de que puede haber un poco más de movimiento en octubre y ya hacia 2022, poder volver más o menos a algo normal”, comenta Lucía Vilar. “Este año, desde el punto de vista turístico va a estar igual. Tienen que ir muy bien las vacunas y el pasaporte sanitario, que sería una garantía de seguridad y psicológicamente da tranquilidad. Eso va a ayudar. Las agencias nos dicen que la gente está deseando volver a viajar, pero hay mucho miedo, evidentemente, y España tiene que volver a posicionarse como un país seguro, con garantías”, añade el presidente de AGIP, que considera que el Gobierno debería “cambiar su mentalidad con respecto a este sector” porque “son muchas las personas que viven del turismo”.







Comentarios

Un comentario en “Un año “devastador” para los guías de turismo de Granada

  1. Cuando hacían dos servicios al día a 125€ cada servicio, propinas aparte, y ganaban muuuucho dinero (y si es una pareja en la que los dos son guías ganaban el doble de muuuucho dinero) no sé quejaban. Ni pedían ayudas. Más bien eran soberbios.

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