El álbum ‘Carlos Cano en clave de jazz’ ve la luz

Giulia Valle presenta su particular visión de la obra del cantautor granadino cuando se conmemoran los 75 años de su nacimiento

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Portada del álbum 'Carlos Cano en calve de jazz' | Foto: Archivo
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Cuando se cumplen 75 años del nacimiento de Carlos Cano, la obra del cantautor granadino sigue estando muy presente. El álbum ‘Carlos Cano en clave de jazz’ de la compositora, arreglista y contrabajista, Giulia Valle sale al mercado este viernes 5 de marzo. En el disco se podrán encontrar canciones como Poco a Poco, Romance a Ocaña, Un vaso de té o Baja de la Luna. El álbum ha sido grabado en directo el día 6 de Marzo de 2020 en el Teatre Joventut de L’Hospitalet del Llobregat dentro de la programación del festival Barnasants.

El jazz alimenta su llama improvisadora con la madera de la canción popular. Los improvisadores españoles se han ido dotando de un repertorio distinto al de los estándares de Broadway, afrolatino o propiamente ibero. Toda una generación de escuela independiente se acercó a la tradición flamenca, tras la senda abierta por el navarro Pedro Iturralde, con la guitarra del hijo de la Lucía como estela del mítico ‹‹cigarro›› de Camarón, que ‹‹alumbró el molino››. Morente atrajo a Max Roach hasta Sevilla. Chano y Martirio revisitaron la copla de anteguerra con aires de jazz y ha habido versiones de Serrat en un lenguaje musical parecido.

Pero nadie se había atrevido con el repertorio de un cantautor coetáneo al modo en que Giulia Valle aborda la obra de Carlos Cano. Era el cantor adecuado, y ella la intérprete –en un sentido oracular– que mejor podían encender nueva candela. Algunas de las coplas más populares de Carlos Cano vuelven a escena con aspecto sorprendente. La selección pone el acento en su delicado costumbrismo social. Así que digo ‹‹oracular››, y le pongo a Giulia Valle el manto de pitonisa, porque hace falta videncia para revelar el poder de esos versos, todavía tan cercanos, para convertirse en materia de tradición y seña del porvenir. Un oyente acostumbrado a navegar entre géneros hallará aquí paisajes hasta hoy ensoñados en lengua extraña, eco de aventuras experimentales legendarias que portan los nombres de Mingus, Shorter, Jarret y sus compinches. Ahora se hermanan como por ensalmo –la mar de bien– con el decir castizo de Carlos Cano. Más que simple sorpresa, el oyente sentirá acaso un efecto de sanación.

La eficiencia de Mark Aanderud en el piano, el nervio de Edu Pons en el saxo, la solvencia de Dani Domínguez en la síntesis de ritmos, el lirismo contemporáneo de Sandrine Robilliard en el cello, ponen la aguja de marear hacia esos rumbos. Rusó Sala revive con su dicción dulce y clara las expresiones íntimas del autor granadino, quien se hubiera sentido dichoso al escucharse con voz de mujer y traducido –en un par de canciones– al catalán. Rodeada de colaboradores que han entendido el alcance del reto, rotunda e inventiva en el contrabajo, Giulia Valle ha tenido la inteligencia de emplazar en el territorio de la vanguardia, a través de la dirección musical y de los arreglos, la cita con la música y la poesía de Carlos Cano. Es lo que la ocasión merecía. La alianza infrecuente de la mejor canción popular española y el jazz más innovador ha dado a luz un disco memorable.







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