Sábado, 22 Julio, 2017

            

Vinos de Granada: un privilegio para el paladar con raíz histórica

Los vinos de toda la provincia cuentan con una Denominación de Origen Protegida a la espera en lo que resta de año o en 2016 del otorgamiento de la Denominación de Origen definitiva, a la que se han adscrito 17 bodegas de todo el territorio



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Los vinos de Granada no son un fenómeno de moda pasajera con intentos de quedarse entre nosotros por unos pocos años, o un producto moderno de elite con aspiraciones gourmet entre pseudo intelectuales, por mucho que pareciese que esta tierra no iba a ser menos y debía sumarse al carro de la tendencia de tener unas bodegas y unos vinos propios. La terca historia nos delata que Granada en toda su provincia ha sido una gran productora de vino, incluso exportando en diferentes épocas vino hacia el mediterráneo, y eso queda en el ADN del terruño, que cuando se le mima, se le trabaja con cuidado y con cariño esa tierra, esas cepas, y ese clima arrancan a funcionar en sintonía para ofrecer un producto de alta calidad y con tanta variedad como ofrece la misma orografía granadina.

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Un paseo por la historia del vino y las vides granadinas

En Granada el vino, la parafernalia que lo rodea, la filosofía en torno a la que gira, la tierra, la bodega, la vid, el campo y la uva, están presentes desde que el hombre se asentó por estas tierras, y era tal la calidad de los vinos de estos pagos que hacia Roma en el esplendor de su Imperio se facturaban ánforas con el vino granadino que se elaboraba en las antiguas poblaciones bastetanas, lo cual queda corroborado con hallazgos arqueológicos recientes en torno a la comarca de Guadix.

La tradición del vino granadino no solo se recoge en restos materiales depositados por la historia, uno de los vestigios inmateriales más presentes y que podrá sorprender a muchos es su aparición en el origen de palabras tan irrefutablemente granadinas como Carmen o los siguientes ejemplos.

En latín, Carmen significa “canto” o “poema”, pero el nombre del Carmen no viene del latín, sino del árabe karm. La palabra karm significa “viña”, pero tiene una extensión de significado que, por un lado le lleva hasta “vid”, “parra”, “cepa” y por otro hasta “viñedo”, “jardín”, “huerto”. Durante el reinado de los árabes en Al-Ándalus los huertos y jardines se llamaban “carmen”.

En la Contraviesa-Alpujarra encontraremos diferentes topónimos relacionados con el tema vitícola como los de Albuñol y las Albuñuelas que proceden del latín vineola, diminutivo de vinea (viña) y el de Pampaneira, que obviamente evoca el pámpano o sarmiento verde de la vid.

El vino tuvo una fuerte presencia en las distintas épocas históricas. Tal fue su importancia en la ciudad y en sus fortalezas como la Alhambra que la heredera de los Reyes Católicos la Reina Juana I de Castilla llamada “la loca” otorgo un privilegio a los habitantes de Granada donde solo los bodegueros granadinos podían comerciar con vino dentro y hasta en tres leguas a la redonda de la ciudad, privilegio real que hasta tres siglos después no fue derogado, con la única salvedad para los bodegueros de Alcalá la Real, que durante más de dos siglos y medio fueron los únicos foráneos que legalmente podían comerciar con vino en Granada.

Durante la Edad Media, se diseñó el mapa vitivinícola de Europa presidido por el prestigio de los vinos regionales y de las creencias religiosas. La referencia a los vinos granadinos queda registrada en la Puerta del Vino “Bid al-jamra”, en la Alhambra (quizás de las construcciones más antiguas de la fortaleza nazarí de la época de Mohamed 11).

Desde 1556, los vecinos de la Alhambra depositaban en esta puerta el vino que consumían y que estaba exento de impuestos al igual que en el resto de fortalezas granadinas por gracia y privilegio real, lo que explica de donde proviene el nombre de la puerta, aunque existe otra teoría que dice que su nombre proviene de una simple equivocación, una confusión entre las palabras «Bib al-hamra’» (Puerta Roja o Puerta de la Alhambra), que se supone el nombre original de la puerta, y «Bib al-jamra» (Puerta del Vino), lo cual también probaría que ésta era la puerta que permitía el acceso a la Alhambra alta.

La gran plaga y el cambio de mentalidad

A finales del siglo XIX, los viñedos españoles y granadinos sufrieron una invasión de la filoxera, solo sobrevivieron o fueron replantadas un cuarto de las hectáreas preexistentes, el resto se destinó al cultivo del olivo, almendro, o frutales más resistentes a plagas.

En Andalucía la filoxera fue especialmente violenta en el área de Málaga, en la vega de Granada y en la Alpujarra. También tuvo consecuencias importantes en Almería y en Jaén.

Muchos de esos viñedos pudieron escapar de la devastación debido a factores como la altitud y el contraste térmico que se da en Granada en relación al resto de la Península. La viticultura granadina se planteó la necesidad de una modificación en la selección de las variedades viníferas idóneas para la producción de calidad, la identificación y elección de los mejores viñedos, la mejora de los métodos de elaboración y de crianza e, incluso, la apertura de mercados frente a una competencia implacable.

Los vinos granadinos tienen características especiales que los hacen interesantes y fascinantes. Una de ellas es el clima. La temperatura y las corrientes frescas del aire de Sierra Nevada que producen un efecto beneficioso en el proceso de maduración de la uva. Otra es la altitud, entre los 1.000 y 1.400 metros sobre el nivel del mar. En Granada existe un microclima garantizado, estable y riguroso, como se merece la vid.

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Zonas de producción

En la actualidad existen tres subzonas vitícolas con el marchamo Denominación de Origen Protegida Vinos de calidad de Granada.

Una de las más conocidas por su tradición vitivinícola y, sobre todo, por su proyección turística incluso en el ámbito internacional, es la denominada Contraviesa-Alpujarra. Esta zona, situada al sur de Sierra Nevada que la protege de los vientos del norte, comprende entre otros los términos municipales de Albondón, Albuñol, Cádiar y Cástaras. En algunos viñedos de esta comarca situados en la Sierra de la Contraviesa existe un microclima especial, porque a pesar de estar situados en torno a los 1.200 metros de altura tienen una influencia directa del Mar Mediterráneo, ya que éste se encuentra a unos 10 kilómetros en línea recta, y la brisa marina ejerce su influencia a través de los barrancos, que desembocan en el mar. Las variedades de uva que están autorizadas son garnacha tinta, jaén blanca, mantúa o montúa, pedro ximénez, tempranillo, vigiriega o vijiriego y perruno, y generalmente se cultivan en suelos pizarrosos con unas pendientes que en algún caso dan vértigo.

El vino más extendido y popular de esta zona es el denominado vino costa, que se elabora de forma artesanal y en el que se emplean a la vez diferentes variedades tintas y blancas, con un color más próximo a un rosado que a un clarete. Actualmente se producen vinos blancos, rosados, tintos e incluso, espumosos. En esta demarcación se ubica un gran número de bodegas adscritas a la Denominación de Origen Protegida, y otras tantas que por múltiples razones no se adhieren o no les interesa hacerlo.

La segunda subzona vinícola denominada Norte de Granada quedó definitivamente aprobada en el año 1999 y abarca un amplio territorio septentrional dentro de la provincia. Incluye un total de 43 municipios, entre los que destacan Cogollos de Guadix, Baza, Guadix, Huéscar, Purullena, Deifontes… Un amplio plantel de castas se puede emplear para la elaboración de los blancos, rosados y tintos: chardonnay, baladí, verdejo, airén, torrontés, palomino, pedro ximénez y macabeo en blancas; tempranillo, monastrell, garnacha tinta, cabernet sauvignon y merlot, en tintas.

En la zona de Huéscar todavía se sigue elaborando el denominado vino picoso que debe su nombre a su singular acidez.

La tercera de las subzonas vitivinícolas de la provincia, Granada Suroeste, es la de más reciente creación. Esta zona comprende un total de 53 municipios, entre ellos Albolote, Almuñécar, Granada, Jete, Lecrín, Motril o Salobreña. Hasta un total de 15 castas de uva son aptas para elaborar los vinos, destacando tempranillo, cabernet sauvignon, syrah, merlot y pinot noir en tintas, y vijiriego, moscatel de Alejandría, chardonnay y sauvignon blanc en blancas. Los viñedos, muchos de ellos asentados sobre suelos pizarrosos, están situados a buena altitud, además de influenciados por la brisa marina del Mediterráneo que suaviza algo las temperaturas, aunque imperan los contrastes térmicos entre el día y la noche, pudiéndose alcanzar diferencias de más 20º C.

Vinos de Calidad dentro de la variedad

Muchos de los vinos granadinos lucen con orgullo medallas de plata y oro en numerosos certámenes internacionales, otros consiguen marcas por encima de los 90 puntos sobre 100 en las más prestigiosas guías de vinos mundiales, lo que certifica una gran calidad y unos grandes resultados de las bodegas granadinas que con una producción no muy elevada (suelen rondar la media de entre 35.000 y 70.000 botellas) basan su valor diferencial en la calidad de esas pocas miles de botellas.

Tintos, blancos, rosados, cavas, y dulces complejos, completan una gama de caldos donde destaca la calidad en cada variedad que otorga el clima, el terreno, y la orografía de una provincia de contrastes como la de Granada.

GRANADA SABORES, una plataforma multitienda de productos alimenticios granadinos que impulsa la Diputación de Granada de manos del proyecto para la sostenibilidad en los entornos urbanos de la provincia de Granada (MAS SUR) aprobado por el Ministerio de Administraciones Públicas (MAP) y cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

 

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