Miércoles, 21 de Noviembre de 2018

            

Una tortura familiar: los deberes de mi hijo

Imagen ilustrativa de niños leyendo | Archivo GD
Eva Tarancón


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En torno a los 5-6 años nuestros hijos se empiezan a enfrentar a la lectura y a la escritura. La dislexia no es lo que vemos en las películas. La dislexia se define como un trastorno del aprendizaje  de la lectura y escritura que no tiene nada que ver con su inteligencia o con otro tipo de déficit cognitivo, es por eso que la mayoría de papás notan una disonancia entre lo “inteligentes” que son su niños y lo que les cuesta hacer los deberes, tanto en tiempo como en la comprensión y en los resultados de las notas.

Muchos padres nos cuentan cómo su hijo estudia, se lo sabe en casa y sin embargo luego sacan malas notas en los exámenes. Otros papás refieren que el niño evita a toda costa hacer los deberes, no les gusta nada y por ende, se convierten en malos estudiantes.”Mi hijo es vago” dicen los papas…y aunque no lo creáis, hay muy pocos niños vagos…Si percibes que a tu hijo/a le cuesta demasiado hacer los deberes es mejor que consultes a un especialista porque la dislexia no es escribir letras al revés solamente…y como en cualquier trastorno hay grados de severidad y por lo tanto no es condición sine qua non el que escriba los números y las letras al revés para tener dislexia.

La gran mayoría sigue el ritmo de la clase, pero en ocasiones, los niños pueden presentar serias dificultades en la lectura y escritura: leen muy lento, cometen muchos errores en la lectura cambiando letras, no terminan de aprender cómo suenan las letras o las sílabas, no saben jugar con las sílabas de las palabras o hacer rimas, no comprenden lo que leen, cometen muchas faltas de ortografía, etc. es decir, hacer los deberes se convierte en una tortura para los niños y para los padres.

En el momento en el que se percibe una dificultad así, debemos acudir a un logopeda  puesto que la gran mayoría de niños con algún trastorno en la adquisición de la lectura y la escritura, como ya hemos dicho, no es que sean vagos y no quieran hacer los deberes, es que no pueden hacerlo mejor. Cuando existe un trastorno de dislexia, realizar un diagnóstico e intervención temprana ayudará a los papás a entender las dificultades de los hijos y los profesores pueden tener en cuenta sus dificultades e incluso adaptar su currículum.

Entender sus dificultades es esencial para que el tormento que se es hacer los deberes en casa tanto para los hijos como para los padres se minimice y podréis ofrecerle todo vuestro esfuerzo, comprensión y cariño para su evolución. Toda la vida escolar es lectura, es escritura, es cálculo… es un reto extremo para un niño diagnosticado con dislexia. Diagnosticarlo y ayudarle lo antes posible mejora su entorno escolar, social, personal y familiar.

¿Cómo puedo detectar si mi hijo tiene dificultades en la lectura y escritura?

Si sobre los 5-6 años…

  • Sigue sin pronunciar bien todos los sonidos
  • No se explica correctamente
  • Confunde palabras como antes/después, hoy/mañana
  • El trazo es poco uniforme
  • Le es difícil identificar letras
  • Le cuesta adquirir el sonido de las letras
  • Confunde p/q/b/d
  • Le cuesta hacer rimas, jugar con las sílabas, encadenar palabras, aprender golpes silábicos…
  • Dificultad para seguir instrucciones y aprender rutinas

Si de los 7 a los 11 años…

  • No le gusta hacer los deberes. Tarda mucho tiempo y lo evita
  • Le cuesta contar
  • Le falta atención y concentración
  • Al leer confunde letras, cambia sílabas y sustituye palabras
  • No usa signos de puntuación
  • Dificultad para trasladar el pensamiento oral al escrito
  • Mala ortografía
  • No comprende lo que lee
  • Los problemas de matemáticas se le dan muy mal
  • Confunde izquierda/derecha
  • Omite, añade y/o cambia letras al escribir
  • Al escribir la letra es muy desordenada y fea
  • Invierte letras, números o palabras
  • Mezcla letras mayúsculas con las minúsculas

A partir de los 12 años….

  • Falta de concentración para la lectura y escritura
  • Problemas de comprensión lectora
  • Tarda mucho tiempo en hacer los deberes
  • Notamos una disonancia entre la inteligencia que tiene y las malas notas que saca
  • Interpreta mal la información
  • Dificultades de organización en el espacio
  • Trabaja con lentitud
  • Excesivo número de faltas de ortografía
  • Se siente mal porque no va igual que sus compañeros

¿Cómo se aprende a leer y escribir?

¿Sabías que hay dos formas de aprender a leer y escribir? Nosotros los profesionales les llamamos “Ruta semántica o directa” y “Ruta fonológica o léxica”.

La primera es la que utilizamos para palabras que tenemos tan vistas y aprendidas que con sólo un golpe de vista las leemos (por ejemplo “vaca”), de esta manera hemos “aprendido a través de la memoria visual” la ortografía de cada palabra, es decir, leemos la palabras como imágenes. Cuando hay una alteración o trastorno en esta ruta, los niños no son capaces de aprender la ortografía de las palabras a pesar de haberlas visto y escrito infinidad de veces. Un niño pequeño, por ejemplo, es capaz de ver el logotipo de “Coca-Cola” y saber que pone eso sin saber leer. Lo han almacenado en su léxico visual. Esto sería la ruta directa de lectura.

Una segunda ruta para el aprendizaje de la lectura es convertir cada letra (grafía) de una palabra en su sonido (fonema). De hecho, cuando leemos, no decimos el nombre de la letra sino su sonido, de esta manera, vamos pronunciando cada letra en su sonido cada vez más rápido.

Cuando leemos palabras que no existen (pseudopalabras) o palabras que, aunque existan no conocemos mucho, utilizamos esta ruta puesto que no podemos hacer uso de la ruta semántica al no estar en “nuestro almacén”.

Una alteración o trastorno en esta ruta implica una lectura muy lenta, no conocer el sonido de las letras, gastar tantos recursos en ir “traduciendo” cada letra en su sonido que no llegan a entender de manera global el texto y por lo tanto los deberes son un sufrimiento..

Tras todo lo explicado anteriormente y, siento si he podido ser muy técnica, espero poder haber dado algo de “luz” a esos padres que cada tarde “agonizan” porque han de hacer los deberes con sus hijos. Cuando se establece un diagnóstico y una intervención el niño se relaja, se comprende.

He visto niños desde los 6 a los 15 años llorar porque por fin entienden lo que les pasa, entienden que no es culpa suya, que es una dificultad que tienen y que tendrán que lidiar con ella  durante toda su vida pero eso les hace querer esforzarse más, ser benevolentes con ellos mismos si no les sale un examen del todo bien, les hace comprender que la lectura y escritura es una habilidad como cualquier otra y que deberán esforzarse un poco más que el resto pero sin los niveles tan altos de exigencia que tiene con ellos mismos. Daros cuenta que ellos se exigen, no cumplen con las expectativas de sus padres ni de los profesores y, cuando deciden esforzarse mucho el resultado tampoco es bueno…son frustraciones repetidas cada día, cada examen,  cada curso escolar…para los chicos es un sinvivir.

¿Necesitarán más tiempo para hacer las tareas y comprender lo que leen? Sí, sin duda, pero lo pueden conseguir si saben a qué se enfrentan.

¡Feliz Semana!


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