Martes, 24 Octubre, 2017

            

Una investigación apunta a la existencia de fuerte actividad hidrotermal prehistórica en la Hoya de Baza



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Un artículo científico publicado en la revista ‘Quaternary Science Reviews’, publicación de élite sobre las investigaciones del Cuaternario, apunta a la existencia de una fuerte actividad hidrotermal en la Hoya de Baza (Granada) desde hace millones de años.

En él se analizan y documentan toda una serie de evidencias geoquímicas, mineralógicas y estratigráficas, como la presencia de celestina, depósitos de azufre nativo, arcillas magnésicas, estromatolitos y formaciones travertínicas, que señalan que hace 1,5 millones de años había en la zona un lago con una lámina de agua permanente que estaba alimentada parcialmente por aguas termales de en torno a 36 grados centígrados.

Se trata de un trabajo liderado por el investigador José Manuel García Aguilar, profesor de la Universidad de Málaga, junto a otros científicos de las áreas de Paleontología, Estratigrafía y Botánica del mismo centro, como los doctores Antonio Flores Moya, Antonio Guerra Merchán, Paul Palmqvist Barrena y Francisco Serrano Lozano, así como el doctor Bienvenido Martínez-Navarro, investigador en el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), que es a su vez el coordinador de las investigaciones paleontológicas del proyecto de excavaciones en los yacimientos de Orce.

Sobre aquel termalismo, que está ligado a la evolución del relleno de la cuenca producto de la erosión de las sierras circundantes y condicionada por la existencia de una altísima sismicidad que se manifiesta por la presencia de abundantes fallas activas, quedan hoy en día vestigios en los balnearios de Alicún de las Torres o de Zújar, o los manantiales de aguas menos cálidas de Fuencaliente en Orce y en Huéscar, entre otros, informa IPHES en una nota.

Es precisamente el hallazgo de tales anomalías ligadas a fenómenos hidrotermales lo que permite explicar toda una serie de aspectos insólitos de La Hoya de Baza en el Pleistoceno inferior, hace aproximadamente 1,5 millones de años, en el momento en que se formó el yacimiento de Venta Micena, como la existencia de un lago que mantenía una lámina de agua permanente durante todo el año.

Así, las precipitaciones que recibe hoy día la región representan tan solo 350 milímetros al año, por lo que serían “claramente insuficientes” para recargar este acuífero cuando la cuenca era endorreica. Esto significa que el lago se habría desecado estacionalmente, como ocurre hoy día en la Laguna de Fuente de Piedra, análogo actual a menor escala del lago de Baza.

Además, las bajas temperaturas invernales habrían supuesto que sus aguas se congelasen en superficie, lo que imposibilitaría la existencia de ciertos elementos de la fauna, como el hipopótamo gigante del Pleistoceno, especie bien documentada en los yacimientos paleontológicos de la región. “Ahora bien, este megaherbívoro, cuya masa corporal duplicaba la de la especie actual, tenía una mayor dependencia del medio líquido, al alimentarse de vegetación exclusivamente acuática”, señala Bienvenido Martínez-Navarro.

La clave radica en los valores isotópicos recuperados en el colágeno fósil de la fauna de Venta Micena, pues indican que hace un millón y medio de años las precipitaciones en la hoya de Baza, en torno a unos 800 mililitros, eran bastante superiores a las actuales. Este mayor aporte hídrico, sumado al de los manantiales de aguas termales, cuyas temperaturas de surgencia se sitúan en torno a 36 grados centígrados, se traduciría en la estabilidad hidrológica del lago, necesaria para la existencia en su entorno de una fauna de marcado carácter subtropical.

Dicho escenario configura lo que se conoce como un ‘hotspot’ de alta productividad biológica, similar al que se encuentra en lacadena de lagos del África oriental, cuna de la humanidad.

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