Martes, 25 Julio, 2017

            

Una dieta para reducir la presión arterial también reduce el riesgo de enfermedad renal

La alimentación debe ser rica en nueces y legumbres, productos lácteos bajos en grasa, frutas y verduras

Foto: E.P./Pixabay
E.P.


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Una dieta rica en nueces y legumbres, productos lácteos bajos en grasa, granos enteros, frutas y verduras y baja en carne roja o procesada, bebidas endulzadas con azúcar y sodio, ideada para combatir la hipertensión, ayuda también a reducir el riesgo de enfermedad renal ya que protege los riñones.

Según sugiere una nueva investigación de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de Universidad Johns Hopkins en Baltimore (Estados Unidos), la dieta conocida como DASH por sus siglas en inglés, diseñada para ayudar a reducir la presión arterial y que ha demostrado ser también eficaz en la prevención de otras enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, a las que ahora también puede sumarse la enfermedad renal.

Los resultados de esta investigación, para la que se han consultado datos registrados durante veinte años, se publican en la edición online de la revista “American Journal of Kidney Diseases”.

“Además de ofrecer otros beneficios para la salud, el consumo de una dieta de estilo DASH podría ayudar a reducir el riesgo de desarrollar enfermedad renal –explica la directora del estudio Casey M. Rebholz, profesor asistente en el Departamento de Epidemiología de la Escuela Bloomberg–. Lo bueno de este hallazgo es que no estamos hablando de una dieta de moda sino de algo que muchos médicos ya recomiendan para ayudar a prevenir las enfermedades crónicas”.

Los investigadores estiman que la enfermedad renal afecta al 10 por ciento de la población de Estados Unidos, lo que supone más de 20 millones de personas, si bien menos de uno de cada cinco lo sabe.

Para su estudio, los investigadores han examinado los registros de la Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC), que en 1987 comenzó a partir de un grupo de 15.792 adultos de mediana edad de las comunidades en Maryland, Carolina del Norte, Minnesota y Mississippi y cuyos datos se han recopilado durante más de 20 años.

Los participantes no fueron instruidos sobre qué comer, sino que se les clasificó por puntuaciones en función del tipo de alimentos que tomaban relacionados con la dieta DASH.

Mientras tanto, durante ese tiempo los investigadores determinaron si un participante desarrollaba enfermedad renal mediante la determinación de la función renal mediante análisis de sangre o si eran hospitalizados o fallecían por una patología renal.

Los investigadores encontraron que los participantes con las puntuaciones más bajas de la dieta DASH (aquellos que comían pocos alimentos tales como frutas, verduras y frutos secos, y consumían más carne roja y sodio) tenían un 16 por ciento más probabilidades de desarrollar enfermedad renal que aquellos con las puntuaciones más altas, es decir, los que comieron más de los alimentos más saludables y menos de los elementos no saludables.

Los que consumían más carnes rojas y procesadas tenían un riesgo 22 por ciento mayor de desarrollar enfermedad renal crónica que aquellos con menor ingesta de esos alimentos. Y aquellos con mayor ingesta de frutos secos y legumbres tenían en un 9 por ciento menos de riesgo de desarrollar enfermedad renal que los que los comían menos.

Rebholz explica que la razón por la que las dietas de estilo DASH parecen evitar la enfermedad renal puede ser que reduce la hipertensión, que se ha relacionado con enfermedades del riñón. A su juicio, otra posibilidad podría estar relacionada con la acidez total de los alimentos en una dieta.

Así, los alimentos muy ácidos incluyen carnes y quesos; los alimentos de baja acidez son las frutas y verduras. Varios investigadores independientes han demostrado que el alto contenido de ácido en la dieta puede estar relacionado con la enfermedad renal.

Los investigadores también encontraron que los participantes con peso normal que siguieron una dieta DASH fueron menos propensos a desarrollar enfermedad renal que los participantes con sobrepeso u obesidad.

“Lo que esto nos dice es que tenemos que prestar atención a la dieta antes de desarrollar enfermedades. Ese es el momento adecuado para intervenir –dice Rebholz–. Después se desarrolla la enfermedad y es posible que no seamos capaces de prevenir el desarrollo de otras enfermedades crónicas. Puede que sea demasiado tarde”, advierte.

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