Viernes, 22 Junio, 2018

            

‘Un viaje, un árbol’, la aventura concienciadora de una joven granadina y su pareja por Centroamérica

Nuria y Armando están recorriendo miles de kilómetros en bicicleta y ya han plantado más de 150 árboles para sensibilizar sobre la importancia de la forestación y la reforestación

Nuria y Armando, durante su viaje por Centroamérica | Fuente: 'One Trip, One Tree'
Ángela Gómez | @_Angela_GA


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Dos bicicletas, poco equipaje, tierra en los dedos y mucha ilusión. Así transcurre el particular viaje de la granadina Nuria, junto a su pareja Armando, por Centroamérica. Hace unos meses decidieron emprender un viaje muy especial, un trayecto que les ha hecho encontrarse con ellos mismos, conectar con la población y las comunidades que encuentran a su paso y contribuir a la mejora del medio ambiente con un sencillo gesto: plantar un árbol. Bajo el nombre de ‘One trip, one tree’, Nuria y Armando definen su proyecto como un apasionante viaje, para “mostrar que existen otras formas de conectarse con los lugares, mantener una conexión más pura con el lugar que se visita o habita”.

Armando y Nuria se conocieron trabajando en una empresa de cruceros y, desde entonces, han estado proyectando esta iniciativa. Ella es de Bubión, un pueblo de la Alpujarra, y tiene 29 años. Nuria es graduada en Turismo y Cooperación Internacional para el Desarrollo, aunque asegura que toda la experiencia que ha ganado ha sido gracias a los viajes. Ha vivido en Irlanda, Grecia, Francia y Brasil. Ama viajar. Por su parte, Armando, de 36 años, nació en Argentina, en el Departamento General Alvear, al sur de la provincia de Mendoza. Es fotógrafo profesional, aunque ha trabajado en otros campos: construcción, diseño interior, músico….

“Al principio pensamos en hacer un viaje solo personal, más de conocimiento de otras culturas, de conocernos a nosotros mismos, cansados de la rutina de saber predecir con exactitud qué personas te encuentras de camino al trabajo cada mañana; qué semáforo es el que más  hace que te retrases, cansados del ritmo monótono diario. Pero después de 2 años de convivencia en zonas urbanas y muy masificadas no pudimos obviar la falta que la sociedad tiene sobre el conocimiento de la tierra, la desconexión que hay entre lo social y lo ambiental. No es posible que los niños no conozcan la procedencia de los alimentos; tampoco es posible que un turista venga a Granada y termine comiendo en una cadena de comida rápida, en vez de probar y experimentar la comida local; o que en destinos de sol y playa usen el agua como un recurso inagotable”, aseguran a Granada Digital desde el otro lado del ‘charco’.

Nuria y Armando se despidieron el pasado 1 de diciembre del norte de Argentina para poner rumbo a Bolivia. Pasan días desconectados y con pocas opciones de conectarse a Internet y compartir su viaje en las redes sociales, pero han sacado un hueco para contarnos su apasionante viaje:

Si no puede visualizar el vídeo, haga clic aquí

 

¿Qué es ‘One trip, One tree’? ¿Por qué habéis emprendido este particular viaje?

Este proyecto personal se enmarca dentro del año que ha sido declarado por Naciones Unidas como el Año del Turismo Sostenible para el Desarrollo. Tiene como objetivo principal concienciar sobre la importancia de respetar el entorno que se visita e intentar que nuestro paso por una comunidad sea positivo. Es decir, que el turista/ visitante se convierta en una figura relevante para favorecer el desarrollo socio-económico y ambiental de la comunidad.

Además de que ambos somos personas que estamos concienciadas sobre la importancia de la forestación y reforestación como un paso más para mitigar el cambio climático, nosotros queremos contribuir e intentar sumar apoyos para que esta actividad se multiplique en pequeñas acciones de todos.

Lo hacemos a través de diversas actividades, aunque la principal que da nombre a nuestro proyecto es plantar un árbol en cada lugar que visitamos. Obtenemos un árbol (bien desde la municipalidad, un vivero o una familia que lo dona) y otra persona que apadrina el árbol y se encarga del cuidado del mismo, y priorizamos en los árboles autóctonos.

Paralelamente, realizamos actividades en colegios o espacios públicos explicando nuestro proyecto. Son actividades que nos ofrecen la oportunidad de despertar inquietudes.

En Cafayate, Salta (Argentina) | Fuente: ‘One trip, one tree’

¿Qué zonas habéis recorrido ya y cuántos árboles habéis plantado?

El viaje comenzó en el sur de Mendoza (Argentina) hasta la Patagonia (Argentina), y existe una segunda etapa desde Mendoza hasta Centroamérica. Llevamos más de 4.000 kms recorridos entre diferentes municipios de Chile y Argentina. Hemos plantado más de 150 árboles. Siempre priorizamos que los árboles sean autóctonos, la mayoría de ellos son Molles y Algarrobos, árboles que las poblaciones aborígenes usaban con diferentes fines alimenticios y para sus rituales.

Queremos aprender cómo viven las poblaciones locales en este lugar tan inhóspito, para continuar por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica y terminaremos en Nicaragua. Nos gustaría extender nuestro proyecto hacia otros continentes, y así poder ir despertando más conciencia, pero es un proyecto autofinanciado y los recursos son limitados. No contamos con el apoyo de ninguna institución o empresa, por ello continuaremos hasta que podamos financiarnos.

Nos gustaría regresar a Granada y saber que se están implementando nuevos planes de forestación y reforestación. La ciudad necesita más arbolado público. Los efectos del cambio climático se están haciendo cada vez más notables. La temperatura es cada más elevada y la plantación de árboles puede ayudar a mitigar esos efectos.

Fuente: ‘One trip, one tree’

 

La bici, vuestra aliada en este camino. ¿Cómo está siendo de esta experiencia que no para de pedalear?

La bicicleta es nuestro transporte. Viajar de esta forma nos hace que nosotros seamos los que decidamos dónde ir, dónde parar y hasta donde llegar. Te genera más independencia. La tienda de campaña es nuestra casa, y cada día tenemos un jardín diferente. El gasto económico es mínimo, aunque el esfuerzo físico es muy grande. En ocasiones, tienes que pedalear en lugares con carreteras muy abruptas y de bastante dificultad, pero al superarlo hay alto grado de satisfacción personal.

América Latina es humilde y acogedora, y está llena de conocimiento sobre el cuidado de la tierra, aunque también es víctima del expolio de sus recursos por los intereses ajenos.

Nosotros recorremos las comunidades más pequeñas para conocer la realidad más de cerca. Las comunicadas rurales son las más afectadas por el cambio climático y realizar una plantación implica involucrar a todo el municipio. También viajamos a las zonas más turísticas para así intentar transmitir la idea de turismo responsable. Aunque evitamos las grandes ciudades porque hay bastante inseguridad. Hay mucha violencia y queremos evitar cualquier imprevisto.

 

Anécdotas imagino que tendréis unas cuantas, ¿podéis compartir alguna con nosotros?

Durante nuestro viaje interactuamos mucho con la gente. Casi siempre nos facilitan su ayuda. Ha habido familias que nos han hecho dormir en casas separadas por no estar casados; otras que nos han cargado de comida y regalos, que después no podemos transportar en la bici. Si debemos destacar alguna es el agradecimiento a una familia de Chile. Un señor, Patricio, de profesión camionero, nos vio pedaleando en Navidad y nos preguntó dónde pasaríamos la noche. Le contestamos muy alegremente que en el próximo pueblo a 20 km. No le gustó nuestra respuesta. “La Navidad es para estar acompañado”, nos dijo, y nos subió en su camión y cargó las bicicletas. Esa noche la celebramos con su familia, como si fuera la nuestra.

¿Qué es lo que más os está gustando de este viaje?

Las historias de nuestro camino. Andando nos damos cuenta de que todas las personas, aun siendo de diferentes continentes, países, culturas, tienen en común los mismos anhelos, las mismas necesidades, las mismas inquietudes. No estamos tan lejos unos de otros porque estamos hechos de la misma materia, pero de diferentes historias. Llegar a entender eso es el mayor aprendizaje que estamos teniendo. Nos conmueve ver cómo la gente se implica con nuestro proyecto, como cada persona quiere aportar su granito con diferentes acciones.

Fuente: ‘One trip, one tree’

¿Tenéis otros proyectos de este tipo pensados?

Nos gustaría que todos los agentes involucrados en la actividad turística ofrecieran la posibilidad de que las personas que se desplazan a un lugar diferente de su entorno habitual pudieran realizar una actividad comprometida con el medio, con la población local. Desde el ámbito público y privado se deberían facilitar espacios y herramientas para que esto sea posible. Ya hay algunas municipalidades en Argentina que, a través de nuestra iniciativa, están trabajando para crear espacios verdes donde cada visitante pueda plantar un árbol. Queremos convertir este proyecto en un proyecto formal. Las propuestas pueden ser diversas, no tiene por qué ser un árbol, puede ser cualquier actividad que permita mejorar la economía local del lugar visitado.

Comments

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  1. Conmovedor, alegría y ganas de llorar por ello! Enhorabuena y magia para este viaje y maravilloso proyecto! Solo siendo conscientes podemos propagar sabiduría

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