Martes, 17 enero, 2017

Un republicano entre dos reyes



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En la noche del pasado miércoles, en el Paraninfo de la Facultad de Derecho, se dio una de esas paradojas que solo Granada es capaz de generar. Un grupo de amigos organizó un homenaje al escritor y columnista Gregorio Morales, fallecido el pasado mes de junio a causa de un ataque al corazón. Fuimos muchos los que allí estuvimos para tratar de honrar su memoria y que parte de sus enseñanzas y de sus escritos no caigan en el olvido, al menos demasiado pronto. Y allí estaba la fotografía virtual de Gregorio Morales, acérrimo republicano, junto a los retratos de Felipe VI y Carlos V. No sé lo que él hubiera dicho, pero seguro que aquella circunstancia le hubiera servido para emular una de esas enigmáticas sonrisas que su rostro emitía cada vez que no entendía una situación: “¿Qué pollas hago yo aquí?”.

En el homenaje hablamos muchos de sus amigos. Cuando me tocó a mí dije que era controvertido, disidente, combativo, carismático, tajante en sus juicios y no rara vez cabreado por todo lo que pasa en Granada y que no se dice.Fue González Ruano el que comparó a las columnas periodísticas con las morcillas: se las sujeta bien al principio y al final y en medio se mete todo lo jugoso. Para que nos sirva la metáfora, Gregorio Morales hacía unas morcillas estupendas, a las que siempre le echaba mucho picante cuando sabía que el consumidor podía ser una institución o un personaje público que necesitaba de un buen rapapolvos. Este escritor, muchas veces incomprendido, al que sus detractores en algunas ocasiones lo acusaban de promover causas perdidas, fue ante todo un infatigable moscardón periodístico cuyo incómodo zumbido delataba las incontables injusticias en las orejas de políticos y ejecutivos de este planeta pequeñito que es Granada. Pero es que Gregorio Morales tan pronto te hablaba de lo bien que le sentaba a la humanidad el amor o la amistad, que descubría a un pintor relegado o revelaba algún chanchullo institucional, lo que le convertía en una referencia crítica e intelectual de Granada. De prosa grácil y untuosa, imprimía a sus escritos una fuerza narrativa que hacía de mí ese seguidor que todas las semanas buscaba desesperadamente su columna. De Gregorio Morales, siempre tenía que aprender. Amaba transgredir los límites y siempre iba en pos de encontrar los momentos en que se rompen las convenciones.

Ese era su lema. Tanto que hasta su muerte fue poco convencional. Republicano azañista convencido, fue el creador en Granada de la Unión Cívica Andaluza por la República y tenía en mente crear la Real Academia Republicana de las Artes, las Ciencias y Las letras. Por eso la noche de su homenaje algunos de los intervinientes en su homenaje resaltaron la paradoja de su foto junto a los representantes de una institución que él no aceptaba. Todo tiempo tiene sus injusticias y su silencio, como él mismo decía. Y sus paradojas, añado yo.

Comments

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  1. Estimado Andrés.

    Como prima hermana de Gregorio Morales, lo he leído y su prosa , ciertamente, es grácil y untuosa.
    Echo de menos sus columnas en el “Ideal”, en las que zumbaban las más que incontables injusticias granadinas y los chanchullos institucionales.

    Es cierto, era muy paradójico… Tuvimos mucho trato como primos que eramos y lo recuerdo con todo mi cariño y admiración… Granada ha perdido a un gran escritor.

    Mercedes Pérez Villena.