Lunes, 10 de Diciembre de 2018

            

Un Granada que no tiene arreglo

Ante Osasuna, el conjunto rojiblanco volvió a decepcionar. No llegan refuerzos y, atendiendo a la situación del equipo en la tabla, la opción de ser optimista es casi un imposible

Momento en el que Uche Agbo recibe la tarjeta roja | Foto: Antonio L. Juárez
Daniel Sánchez-Garrido @Danisgr


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Cuando a temperaturas casi bajo cero vas a un campo de fútbol para ver jugar a tu equipo, esperas que, cuanto menos, tus jugadores vayan por la victoria con algún argumento. Más aún si cabe, si lo que hay en juego es un partido vital para seguir luchando por la permanencia y ante un rival que es colista en la tabla, es decir, que va aún peor en términos clasificatorios que tú,

Sin embargo, en la tarde del pasado domingo, los aficionados que se congregaron en Los Cármenes volvieron a ver una tarde esperpéntica de fútbol de su equipo. Sobre los primeros cuarenta y cinco minutos es mejor ni hablar, ya que el Granada no estuvo. El conjunto rojiblanco no supo hilar tres pases seguidos, y a la primera que el Osasuna pudo golpear, lo hizo.

Si algo había conseguido Alcaraz era dotar al equipo de gran seriedad defensiva, difícil de penetrar y muy limpio en sus acciones. Lo que no se esperaba nadie era que Saunier es clave en este entramado. Vezo no se adapta, y no parece tener interés en hacerlo. Gastón Silva entró en la segunda parte y mejoró sobradamente la actuación del portugués. Lucas habrá tomado nota.

Como nota del rival, parecía dar síntomas de muerte el conjunto pamplonica, pero desde que Vasiljević se hizo cargo de las riendas del banquillo, va a mejor. Ayer, sin ir más lejos, el Osasuna fue un equipo aguerrido, no tenía dudas, y era capaz de hacerle llegar balones a dos bendiciones que tiene arriba. Sergio León y Oriol Riera volvieron loca a la defensa nazarí, que se mareaba en cuanto alguno de los dos mencionados miraban a portería. Tanto León como Riera tuvieron ocasiones y pudieron hacer un estropicio mucho mayor en el césped granadino.

En la segunda mitad, el Granada mejoró. Mejor dicho, Boga, Samper y Ezequiel Ponce mejoraron en mínimas píldoras lo visto en la primera parte.

Por orden de mención, el francés lo intenta mil y una veces, pero es muy complicado cuando vas tú solo contra todos, y ni siquiera cuentas con apoyos. Samper, por su parte, va mejorando a marchas forzadas para no quedarse de por vida en el infierno. El centrocampista catalán recuperó, luchó, incluso se atrevió a subir el balón a tres cuartos. No está siendo una grata experiencia la primera temporada que pasa fuera de La Masía, pero parece que va progresando. En cuanto a Ponce, el argentino revolucionó el partido desde su entrada, y suyo fue el primer disparo -estrellado en el palo- de la embarullada jugada que terminó en el gol de Kravets.

Tras el tanto del ucraniano, se vieron signos de remontada. El Granada funciona bien cuando no tiene que pensar y se tiene que ir hacia arriba casi por obligación. Mientras tanto, es un mar de dudas, como si fuera un adolescente lleno de miedos. Esa posible remontada de la que hablábamos quedó enterrada por una “niñería” -como definió Alcaraz- de Uche Agbo, que aunque se haya vestido en ocasiones de jefe, sigue siendo un siendo un becario en prácticas. El nigeriano fue expulsado por roja directa por dar una patada a León, y se perderá unos cuantos partidos. No se anda con tonterías en La Liga con este tipo de acciones.

El conjunto nazarí tenía ante sí una oportunidad de oro para engancharse a la Primera División. Una ocasión de verdadera conexión con una categoría que parece estar muy lejos del cuadro andaluz. Pero, por enésima vez, no pudo ser.

El Granada tiene pinta de no tener arreglo a estas alturas. Los diez puntos que figuran en su casillero obligan a una proeza casi imposible para terminar logrando la permanencia por sexto año consecutivo. Y para rematar, la mala situación deportiva puede alejar a posibles refuerzos en este mercado invernal. El primero en decir adiós ha sido el carrilero derecho Junior Caiçara, que ha firmado por el Basaksehir, de la liga turca.

Quedan 20 partidos y se tendría que sumar un mínimo de 25 puntos para, al menos, estar en la lucha. Para que se hagan una idea, habría que completar una segunda vuelta con los números firmados ahora por el Celta, Eibar o Las Palmas. Una odisea. Aunque vistas las salvaciones conseguidas por el Granada en capítulos anteriores, en el fútbol nunca se sabe. O casi nunca.


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