Jueves, 30 Marzo, 2017

Un estudio muestra que el consumo y los efectos del alcohol tienen un componente genético

Han participado 763 personas en este estudio, el cual considera que el gen de la Alcohol Deshidrogenasa 1B (ADH1B) modula el consumo de bebidas alcohólicas

Persona bebiendo | Copyleft
E.P.


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El consumo y los efectos del alcohol tienen un componente genético, tal y como ha mostrado un estudio realizado por investigadores del departamento de Medicina Legal y Forense de la Facultat de Medicina i Odontología de la Universitat de Valencia.

Para llevar a cabo este trabajo, publicado en la revista ‘Gaceta Internacional de Ciencias Forenses’, se determinaron diversas variables sociodemográficas en los individuos y, en el consumo de alcohol, estos indicadores se valoraron tanto de forma cuantitativa (gramos al día) como cualitativa (consumidores de alcohol o no consumidores, tipo de bebida y frecuencia de consumo).

En concreto, el estudio, en el que han participado 763 personas, considera que el gen de la Alcohol Deshidrogenasa 1B (ADH1B), el cual influye en la actividad de algunos enzimas, afecta a la tasa de metabolización del etanol y, por tanto, modula potencialmente el consumo de bebidas alcohólicas.

“El metabolismo del etanol se debe principalmente al grupo de enzimas denominado alcohol deshidrogenasas. Estos enzimas degradan el etanol a acetaldehído, el cual, si se eleva rápidamente en sangre debido a una tasa de metabolización alta del propio etanol, puede generar efectos adversos como el ‘flushing’ o enrojecimiento”, explican los autores.

ESPECIALMENTE LOS HOMBRES

Así, los portadores de la variante que codifica un enzima más activo generan, tras la ingesta de alcohol, una rápida acumulación de metabolitos tóxicos como el acetaldehído, responsables del ‘flushing’, que puede explicar el menor consumo de alcohol entre estas personas.

Por el contrario, la variante genética que codifica un enzima ‘perezoso’ permite una supervivencia durante más tiempo del alcohol en la sangre, prolongando así sus efectos euforizantes y, por ende, generando menos concentración de acetaldehído, lo que parece incentivar el consumo.

“Las principales conclusiones del trabajo son que este polimorfismo genético parece estar asociado con el consumo de alcohol, y esta asociación es más evidente en población masculina, debido posiblemente a la menor influencia de estereotipos sociales inhibidores en los hombres”, ha analizado uno de los autores del trabajo, Francesc Francés.

Las aplicaciones de esta investigación pueden darse en tratamientos de desintoxicación alcohólica, ya que permiten conocer si los pacientes tienen un perfil genético que predispone a un mayor consumo de alcohol y determinar el peso de este factor y los condicionantes ambientales en la ingesta de alcohol. A largo plazo, estos trabajos podrían aplicarse en Medicina Legal y Forense, dado que el consumo de alcohol se asocia con frecuencia a diversos tipos de delitos, y actúa en unas ocasiones como atenuante o eximente, y en otras incluso como una infracción penal.

No obstante, según ha aseverado Francés, se está en una fase embrionaria respecto al conocimiento de la influencia genética sobre determinadas conductas, como por ejemplo las adictivas, y estamos sentando las bases para conocerlas. “Así podremos abordar más adecuadamente tanto los esfuerzos de deshabituación como eventualmente matizar la responsabilidad legal sobre determinados actos, aunque esto, recordemos, no se contempla legalmente en la actualidad”, ha zanjado.

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