Viernes, 26 Mayo, 2017

Tres gramos de sal al día, ¿bueno o malo para la salud?

El uso de la sal es imprescindible para la vida, aunque con los años la sociedad ha duplicado su consumo hasta alcanzar cantidades perniciosas para la salud

Foto: Archivo GD


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La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda tomar como máximo 5 gramos de sal al día (unos 2 gramos de sodio), un consumo que la mayor parte del mundo duplica. En España se podría superar los 9 gramos de media, mientras en Asia Central los 13 gramos, al este de Asia los 11 gramos o América Latina con 10 gramos. En otros países europeo el consumo es similar al de España con cifras como los 10 gramos y los 9 gramos para los países del este y del centro, respectivamente.

9 GRAMOS DE SAL AL DÍA

El uso de la sal es imprescindible para la vida, aunque con los años la sociedad ha duplicado su consumo hasta alcanzar cantidades perniciosas para la salud. El consumo exagerado aumenta el riesgo de enfermedad cerebrovascular y de embolia cerebral, así como de la mortalidad derivada. De igual forma, demasiada sal lleva a un mayor riesgo de enfermedad coronaria.

Para conocer mejor como afecta su consumo en la población adolescentes, investigadores norteamericanos han realizado un estudio que, entre sus conclusiones, muestra que tomar 3 gramos por día de sal o más no parece tener un efecto adverso sobre la presión arterial en las adolescentes, mientras que las jóvenes que consumieron 2,4 g al día o más de potasio presentaban una presión arterial más baja al final de la adolescencia.

Según concluye un artículo publicado en la edición digital de ‘Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine’, la comunidad científica ha creído históricamente la mayoría de las personas en Estados Unidos consumen demasiada sal en su dieta, por lo que las actuales directrices dietéticas recomiendan limitar la ingesta de sodio a menos de 2,3 g por día para personas sanas entre 2 y 50 años.

La relación entre el sodio en la dieta y la presión arterial en niños y adolescentes está en gran parte sin examinar en estudios prospectivos, según la información de fondo del estudio.

Lynn L. Moore, doctora en Ciencias de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, en Estados Unidos, y coautores examinaron los efectos a largo plazo del sodio y el potasio en la dieta sobre la presión arterial al final de la adolescencia. Los autores utilizaron datos del Estudio de Salud y Desarrollo del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre estadounidense, con 2.185 niñas blancas y negras de 9 y 10 años que fueron seguidas durante 10 años.

Los científicos no encontraron evidencia de que la ingesta más alta de sodio (3 a < 4 g por día y 4 g al día frente a < 2,5 g diarios) tenía un efecto adverso sobre la presión arterial de las adolescentes. Algunos análisis mostraron que esas chicas que consumen 3,5 g diarios o más de sal tenían la presión arterial diastólica generalmente más bajas que las que consumían menos de 2,5 g por día.

El consumo de alimentos se basó en informes independientes y se midió anualmente la presión arterial. En general, las niñas de la categoría más alta de consumo de potasio (2,4 g por día o más) presentaban una presión arterial sistólica y diastólica más baja en la adolescencia tardía que aquellas que ingerían en su alimentación menos potasio, tal y como muestran los resultados de la investigación.

Las niñas que consumían la mayor cantidad de sodio y potasio tomaban también más calorías, junto con una mayor cantidad de lácteos, frutas, verduras y fibra, de acuerdo con los resultados. “Este estudio prospectivo mostró que las adolescentes blancas y negras que consumían más potasio en la dieta tenían una presión sanguínea inferior en la adolescencia tardía”, destacan los autores.

“Por el contrario, los datos no indicaron un efecto general de la ingesta de sodio sola en la presión sanguínea y, por tanto, no son compatibles con instar a una reducción global en el consumo de sodio entre los niños y adolescentes. Este estudio pone de relieve la necesidad de desarrollar métodos de estimación de la sensibilidad a la sal para utilizar en los futuros estudios de poblaciones de alto riesgo y señalar los posibles riesgos para la salud asociados con las dietas bajas en potasio en los adolescentes y niños de Estados Unidos”, concluye el estudio.

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